«No importa lo rápido que viaje la luz, siempre se encuentra con que la oscuridad ha llegado antes y la está esperando.» -Terry Pratchett.
• Histora ganadora de los premios WATTY 2019 en la categoría de misterio & suspenso.
• Primer libro de la trio...
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Enora
—Enora —llama Zenás—. Enora, despierta.
Siento algo frío contra mi mejilla. Al abrir los ojos noto que he caído rendida contra la ventanilla. Me relamo los labios sintiéndolos secos y agrietados antes de girar hacia el chico con ambas manos al volante, aún somnolienta.
—Lo siento mucho —me apresuro a decir—, no quería quedarme...
—Está bien, lo necesitabas. —Me mira por un momento y noto que una pequeña sonrisa le curva los labios—. Ya casi llegamos.
Enderezándome en al asiento miro a través del parabrisas. Está atardeciendo e involuntariamente sonrío. Puede que solo haya estado sin ver un atardecer unas semanas, pero lo extrañé. No ser capaz de escoger si ver el cielo un día parece una insignificancia, pero no lo es. Cuando te privan de los derechos más grandes se nota, pero el peso está en cuando te privan de los pequeños, porque son esos los que más se echan de menos y valoran después.
Al menos, así lo veía Mercy.
Dios, la extraño tanto.
—No he visto a mi padre en siete años —recuerdo, abrumada por lo que está por suceder.
A veces incluso me cuesta recordar su rostro. Está presente en mi memoria, pero de forma borrosa.
—Sigue amándote como lo hacía en ese entonces —asegura el chico.
Sus ojos ámbar son incluso más brillantes y suaves con los últimos rayos de sol iluminándolos. Parecen hechos de oro líquido.
—Nunca ha parado de hablar sobre el día en que sus hijas regresasen, Enora —cuenta—. Sueña y lucha por eso, y estoy seguro de que intentará no llorar cuando te vea. —Se ríe—. Maldición, daría todas mis raciones de comida por ver a Katriel Orlov lagrimeando.
De pronto mi corazón parece no tener suficiente lugar en mi pecho. La emoción me estremece y la anticipación me transforma en un manojo de nervios. Sonrío sin ocultarlo y miro a través del cristal, esperando con ansiedad el momento donde haya más que una ruta quebradiza y desierto a nuestro alrededor.
No sé qué voy a decirle después de tanto tiempo, y llevando inconscientemente una mano a mi estómago me pregunto cómo reaccionará al enterarse que no solo acaba de recuperar su rol de padre, sino que tiene uno nuevo.
En otros tiempos le hubiera comprado una camiseta que dijera «Abuelo», ¿pero ahora? Un cuchillo que tenga grabada la palabra es lo más adecuado para regalarle a alguien que vive en El Globo. Tengo miedo de su reacción.
Me pregunto dónde estará Clay, qué estará pensando. Estoy segura que le restaría importancia al hecho de conocer a mi padre, pero en el fondo estaría terriblemente asustado de dar un paso en falso con su suegro y líder de la revolución.