2.1 Casa
Laura continuaba corriendo, los pulmones le ardían mientras trataba de tomar aire, la nieve bajo sus pies crujía con cada desesperado paso que daba. Ya no sentía las puntas de los dedos, y la nieve le cortaba las palmas de las manos, mientras se agarraba a las ramas de los árboles para no tropezar.
Los restos de las lágrimas se habían congelado sobre sus sonrojadas mejillas y los rasguños en la piel de sus brazos y abdomen se habían cerrado, dejando nada más que un rastro de líquido seco que la hacía lucir incluso más peligrosa.
Las garras de adamantium salieron como un resorte al escuchar otro sonido sobre la nieve a su izquierda, le lastimaron los nudillos, como siempre lo hacían, pero no se quejó, ni siquiera podía hablar con claridad después de lo mucho que había gritado durante aquellas semanas, aquellas tortuosas y despiadadas semanas en las que la habían tratado como si no fuese un ser humano, como si no sintiera las agujas en los huesos, corroerla.
Se dejó caer en medio de la nieve cuando sus piernas se doblaron, cuando sus huesos ya no resistieron el frío y sus cansados pies dejaron de seguir las órdenes de su cerebro, se dejó caer bajo la rama de un árbol, con la espalda entumecida contra el tronco.
Mira sus manos, mientras las heridas en estas se cierran, apoya la frente contra sus rodillas, que no están menos magulladas que el resto de su cuerpo, aparta las imágenes de la sangre saliendo y entrado de su cuerpo a borbotones, las agujas que la hacían sentir mareada, y las personas... no, los monstruos. Su padre solía contarle acerca de ellos, monstruos que tomaban todo de él y lo volvían nada, monstruos que tomaron su invaluable bondad de color fuego para volverla en polvo de color ceniza.
Su padre... aquel hombre invencible, aquel hombre que había destruido a todos los monstruos, aquel hombre... al que habían asesinado frente a sus ojos. Los sollozos estremecieron el cuerpo de la joven, al recordar dichos acontecimientos, sus manos heladas temblaban sin que la mutante fuese capaz de detenerlas.
Sintió arcadas que le cerraron la garganta, pero se obligó a calmarse, a controlar la respiración y a recordar las últimas palabras que su padre había susurrado: "Nunca tengas miedo."
Se aferró a esas palabras, tomando toda la fuerza que a su cuerpo le quedaba, y volvió a emprender la carrera a través de la nieve, chocando con árboles teñidos de blanquecina y cegadora nieve, y rocas que le impedían volver a casa.
(***)
Se derrumbó en el jardín trasero de la mansión, cuando sus pies comenzaron a sangrar y las piernas dejaron de responderle, casi no recuerda nada de lo que sucedió después, solo fragmentos.
Unas suaves manos tomándole el rostro, con desesperación, la voz de su padre y de su hermana combinados en un grito desgarrador, manos que separaron su cuerpo del pasto, y poco más, las voces de sus abuelos tratando de calmar a Luna, y el llanto de su padre suplicando por la llegada de Logan sano y salvo.
Despertó horas más tarde, con los músculos tan adoloridos que pensó en arrancárselos por un momento, quizás su cuerpo iba a demorar más en poder recuperarse del todo, así que lo tomó con calma; se sentó con la espalda contra la cabecera de la cama, miró alrededor sin poder reconocer la habitación en donde la habían dejado, su hermana, quien estaba admirando un librero, se sobresaltó y corrió a abrazarla. La estrechó entre sus brazos como no lo hacía desde la vez que se había marchado a la universidad, dejó caer todas las lágrimas que le fueron posibles sobre la recién despierta Laura.
Ninguna dijo nada, hasta que compartieron una mirada, y las manos de Luna llegaron a las sienes de la menor, pero ellas las apartó.
- No, - su voz volvía a sonar normal, pero cargaba con todo el sufrimiento que había experimentado. – no quieres verlo. – su rostro ya no mostraba su usual expectación, y sus ojos brillantes, ya no lo eran. – Apártate.
- Voy a buscar a papá, - avisó, poniéndose de pie. – y a Amelia. – Laura asintió, con la mandíbula apretada, tratando de contener las palabras envenenadas que su mente dejaba escapar.
Todo aquello no era culpa de nadie más sino de ella... todo había sido su culpa, desde su captura, hasta cuando Logan había llegado a rescatarla, y cuando su padre había muerto.
Trató de llorar, presionó a su cerebro para que dejara escapar las lágrimas que sus ojos habían acumulado todo ese tiempo, pero no lo hizo, no fue capaz de hacerlo, y eso le dolió aún más. Sus ojos se habían secado, al igual que su esperanza y su joven corazón.
La puerta se abrió, y Laura fue lo suficientemente rápida para ponerse de pie y sacar las garras de sus manos, como si hubiera olvidado en el lugar en el que estaba y la seguridad que las personas ahí le brindaban.
Su padre la observó desde la puerta, con ojos compasivos, hinchados y enrojecidos por el llanto, pero la adolescente escondió sus garras y corrió a esconderse en los brazos de su padre que la recibieron gustosos.
- Mi niña, - lloriqueo, sujetándola firmemente contra su pecho, las lágrimas caían de sus ojos mientras sentía a su hija temblar entre sus brazos. - mi pobre, pobre niña.
Laura no podía llorar, sin importar lo segura que se sentía entre los brazos de su padre, o la calidez que los mismos le transmitían.
Peter quiso decir más, quiso decir lo agradecido que se sentía al tenerla entre sus brazos al fin, o lo mucho que la amaba por volver a verla, sana y salva, al menos físicamente, pero no pudo, porque la garganta se le cerraba con sollozos.
- Papá, - suspiro la menor, frente contra el pecho de Peter, ojos firmemente cerrados y escasas palabras. - él... - no quería decirlo en voz alta, mientras no lo dijera, no iba a ser cierto. - él... murió.
Las palabras le dolieron más de lo que pensó, se había preparado mentalmente para oírlo, pero aquellas palabras le atravesaron el dolor como una flecha, dolorosa y directa, le partió el corazón, se separó de Laura con delicadeza, y se apoyó contra la pared.
Sus ojos llorosos derramaron aún más lágrimas, la respiración en sus pulmones era escasa, trató de aferrarse a la idea de permanecer fuerte, trató de no derrumbarse al pensar en su pequeña hija, y pareció que eso le devolvía algo de fortaleza.
- Lo sé, cariño. - farfulla, llevándose una mano al pecho. - Lo sentí.
Laura quiso preguntar cómo, pero en el fondo lo sabía, su padre siempre lo sabía todo con respecto a su familia. Se miraron por largos minutos, las lágrimas de Peter habían cesado, y la adolescente agradeció internamente por aquello.
De pronto una joven pelinegra entró, tenía grandes ojeras y no llevaba maquillaje, sus ojos buscaron a Laura hasta que la encontró y de dos zancadas la sostuvo entre brazos. Su llanto fue profundo, no igual que el de su padre, pero similar. Laura se aferró a la espalda de su novia con fuerza, oliendo quedamente el perfume a su alrededor.
- Te amo. - susurró la mayor, la separó quedamente, uniendo sus frentes. - Te amo. Te amo. Te amo. - repitió, como un mantra. Laura la sujetó por las mejillas y se puso de puntillas para besarla.
- También te amo. - susurró de vuelta, escondiendo su rostro en el hueco entre su cuello y su hombro, aún sintiendo las lágrimas de Amelia caer en su cabello.
><><><><
Esta es una sorpresa que se me ocurrió justo hoy, mientras hacia un centenar de cosas al mismo tiempo.
Y no quería que fuera un extra, pero tampoco quería crear otro libro, así que aquí está:
¡TEMPORADA 2!
Los hamo, y lamento si estos capítulos son muy sentimentales, pero es algo que necesito sacar de mi depresiva existencia :c
ESTÁS LEYENDO
Again You (Wolvesilver)
FanficY estaba ahí, con aquella expresión que le decía que quería asesinar a alguien, Peter sonrió y corrió a su lado, Logan contuvo un suspiro y le siguió el juego. Era un adolescente, ¿cuántos problemas podía traerle? #6 en mutantes de 1.25k historias (...
