D O S (T2)

914 86 7
                                        

2.2 Volver

Laura se despertó gritando, la manta sobre ella estaba rota, casi hecha jirones, por sus garras. No estaba llorando, pero la garganta le dolía horrores, ya que seguramente llevaba gritando más de media hora.

Cuando sus ojos estuvieron abiertos, miró su habitación, aquella que una vez había sido de su padre, las paredes estaban cubiertas por un horrendo tapiz, pero ella se fijó en la sombra que la luz de la luna hacía entrar por la ventana.

Se hubiera asustado, claro que sí, pero lo que más le atemorizaba eran sus propios pensamientos, las ideas que su desgastada conciencia le colaba en la mente.

Se estiró y encendió las luces, las sombras se borraron pero no los pensamientos de la adolescente, tomó una manta y la envolvió sobre sus hombros, antes de hacerse un ovillo desesperado en una esquina de su habitación.

La respiración comenzó a faltarle, y tuvo que quitarse la acolchada manta de los hombros, tomó rápidas respiraciones tratando de calmarse. El pecho comenzó a dolerle, y se obligó a ponerse de pie, las piernas le temblaban como gelatina mientras las manos le sudaban.

Abrió la boca, tomando aire a bocanadas, sus pulmones agradecieron volver a tener aire, la puerta se abrió, las garras en sus manos saltaron de sus nudillos, hasta que vio a su novia, acercándose a ella.

- Aléjate. - farfulló, voz lenta y dolorosa, escondiendo las garras. La pelinegra dio otro paso hacia ella, testaruda, la menor levantó la mirada. Amelia casi no pudo reconocerla entonces, ojos fríos y fieros, se detuvo entonces.

- Lau... - susurra, la susodicha continúa temblando en el piso de madera, sus manos rasguñan la piel de sus brazos, tratando de relajarse. - Laura. - otro paso.

- ¡No te acerques! - chilla, su voz ha cambiado, ya no tiene el toque de diversión o simpatía que le derretía el corazón. - Quédate lejos.

- Necesitas qu~ - comienza con voz trémula, estirando los temblorosos dedos hacia ella, como si quisiera alcanzarla.

- No necesito una mierda. - murmura, sus palabras envenenadas por la rabia. - Sólo necesito a mi papá aquí, que me diga que hacer y cómo superar este maldito ataque de ansiedad.

Cuando esas palabras salen de su boca, Amelia la entiende, es solo una niña que necesita a sus padres, Laura se arrastra hacia la mesita junto a la cama y abre el cajón. Toma la pequeña grabadora con manos temblorosas y la observa, "Peter Maximoff" se lee a un costado, y la mutante lo aprieta con fuerza entre sus dedos.

- Vete, Amelia. - susurra, aún sin levantar la vista. - Voy a estar bien.

La mayor la observa, su largo cabello castaño ya no está, y solamente tiene una corta melena que no alcanza sus hombros, sus vibrantes ojos miel son opacos, ¿qué le han hecho a su niña?

(***)

Laura no había dejado que nadie entrara a su mente, ni Charles, ni Wanda, ni su tía Jean. Había puesto escudo tras escudo para que nadie fuera capaz de siquiera ver el más mínimo pensamiento que cruzaba por su mente.

Se la pasaba en el bosque, ya fuera entrenando, o tratando de dormir un poco entre las ramas de los gigantescos árboles; se había distanciado de todos, y los había dejado de lado, más por el bien de ellos que el suyo propio.

Again You (Wolvesilver)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora