Recuerdos, amigas y sombras espía

5 1 3
                                    

Hacía mucho tiempo que no se despertaba así.

Exactamente desde hacía 1 año que fue cuando la dichosa voz le habló por última vez.

Había estado volviendo, desde que tenía 9 años, apareciendo en sus sueños para decirle lo mismo de siempre.

Que no estaba sola, que vengara a su pueblo y todo eso, sólo había un problema, no entendía a qué se refería aquel sueño que una vez al año se colaba en su mente.

Eso era lo único bueno, que la voz solo le recordaba esas cosas una vez al año por lo que los 364 días restantes los pasaba en paz.

Ese pensamiento la tranquilizó lo suficiente como para que se levantara de la cama y fuera hacia el baño.

Al llegar se miró en el espejo y pudo ver el rostro al que tan acostumbrada estaba, el suyo propio.

Era una chica mediana de estatura con una larga melena castaña ondulada que le llegaba un poco por debajo del pecho.

Tenía 15 años, aunque dentro de muy poco cumpliría 16, por lo que su cuerpo ya había cambiado realzando su atractiva silueta.

Su tez era clara y estaba dominada por unos preciosos ojos verdes y, lo único que le había dejado su madre.

Porque Diana había crecido sin madre, pero con un padre maravilloso y comprensivo que había sido amigo, padre, madre, compañero y confidente, es decir, todo para Diana.

Sobre su madre no sabía nada, sólo que era un tema sobre el que ella no debía preguntar ya que la respuesta de su padre, Rodrigo, era siempre la misma: ''Ella te quería con locura pero la vida nos obliga ha hacer sacrificios y ella tuvo que marcharse''.

No era una respuesta convincente pero era lo único que tenía.

No recordaba haber vivido nunca en ningún otro sitio que no fuera su querida Valencia por lo que supuso que su madre había tenido que marcharse a otro país después de tenerla a ella''.

Esos pensamientos la entristecieron porque no era fácil tener 15 años y que tu madre no esté ahí para apoyarte y aconsejarte.

Aún así la vida de Diana había sido una vida feliz y había aprendido a vivir con su padre echando en falta a su madre sólo en ocasiones especiales.

Aquella no solía ser su forma de empezar la mañana, con pensamientos tristes y cara larga sobre todo teniendo en cuenta que era el sexto día de las vacaciones de verano, lo que debería haber supuesto gran felicidad en Diana por lo que cogió su móvil, conectó la música con los altavoces del salón y le dio al play de su canción favorita mientras escribía a sus mejores amigas, Marta y Valeria para quedar esa tarde.

Quedó con ellas en el paseo marítimo a las 11 de la mañana y comenzó a prepararse muy contenta de ver a sus amigas, porque a pesar de que sólo habían pasado seis días separadas, ya las echaba mucho en falta.

Marta llegó la primera deseosa de encontrarse con sus amigas por primera vez desde que habían terminado el curso unos días antes.

Ésta vivía en una casa blanca preciosa con sus cinco hermanos y sus padres.

Marta era la pequeña de los hermanos, todos chicos y siempre decía que quien quisiera un hermano estaba loco de atar y que, si por ella fuera, se marcharía a vivir con Diana.

Valeria llegó después, con su preciosa melena rojiza al viento y sonriente como siempre.

Ella no tenía hermanos pero vivía con sus padres en un precioso apartamento a primera línea de playa.

Marta y Valeria eran polos opuestos, Marta tenía una preciosa melena rubia larguísima de la que estaba muy orgullosa, iba siempre a la última y adoraba ir de compras. Por el contrario, Valeria tenía una bonita melena de un suave tono de rojo y la cara llena de pecas. Era una chica sencilla y vestía siempre de colores vivos que conjuntaban a la perfección con su permanente sonrisa.

Lo que más las diferenciaba era sin duda su carácter, Valeria era activa y determinada mientras que Marta era más tranquila aunque muy divertida

Cuando se encontraron se dieron todas un fuerte abrazo y se preguntaron por sus notas.

Como siempre Diana era la que mejores notas había sacado aunque esa vez Valeria casi la ganaba.

Fue una tarde como tantas otras, merendaron en su cafetería favorita dónde conocían a todos los camareros, pasearon durante horas por la playa y se contaron todo lo que había pasado en esos días, aunque Diana no les había contado nunca nada de la voz ni sus sueños por lo que, para no preocuparlas, no les dijo nada

Estuvieron juntas casi 4 horas pero se les pasó volando, tan rápido, que perdieron la noción del tiempo y cuando se quisieron dar cuenta, ya había oscurecido.

Las tres se despidieron entre besos y mientras cada una corría hacia su casa, acordaron quedar al día siguiente.

Y por supuesto, como cada vez que volvía a casa, la sombra estaba en el jardín, encapuchada y sin mostrar para nada su rostro, esperaba a que Diana entrara en casa y después se marchaba.

Siempre se mantenía lejos de la casa, Diana suponía que la sombra creía que ella no la veía pero Diana la llevaba viendo 3 meses, un día había aparecido así sin más y había esperado todas las tardes que Diana salía con sus amigos apoyada en el árbol del jardín en constante vigilancia.

Diana no sabía quién era aquella extraña sombra, los primeros días se había asustado un poco creyendo que la sombra quería hacerle algo pero tras esos 3 meses había comprendido que la sombra era pacífica.

Durante un tiempo creyó que eran alucinaciones suyas pero un día se quedó mirando cómo se marchaba con la puerta entreabierta y pudo ver que la sombra tenía pies por lo que, en teoría, era una persona.

Diana debería haber estado aterrorizada pero había algo en aquel extraño personaje que le transmitía seguridad.

Aún así, estaba decidida a descubrir más sobre ella.

El bosque de AriwëyDonde viven las historias. Descúbrelo ahora