Antes de que se diera cuenta, Diana ya estaba ante la roja puerta del despacho de su madre.
La puerta era muy bonita, de color rojo carmesí con el emblema de Ariwëy grabado en plata. Éste consistía de unas alas de ninfa y una hoja de roble de los elfos sobre la silueta del castillo de Crisantyl.
Llamó a la puerta y pudo escuchar la suave voz de su madre que decía: ''Adelante''
Diana entró en el despacho de su madre admirada por la cantidad de libros, papeles y notas que se amontonaban sobre el escritorio, y los enormes montones de cartas sobre los estantes.
Por lo demás el despacho estaba muy ordenado. Casi todos los muebles eran de roble de color blanco nacarado y las estanterías llegaban hasta el techo, cargadas de libros y volúmenes de gigantesco tamaño.
Su madre se encontraba sentada tras una mesa de roble blanco con el emblema de Ariwëy grabado en ella. Tras la mesa había una silla de aspecto cómodo pero regio y en frente de esta, al otro lado de la mesa, una silla de cristal para invitados o clientes que la reina Twüley pudiera recibir.
Cuando la reina levantó la vista del importante documento que estaba revisando, sonrió al darse cuenta de que su hija la miraba desde el fondo de la habitación.
- Ven cielo, ¿Qué quieres?- preguntó la reina
- Nada es solo que quiero ver al capitán de la guardia para decirle una cosa y no sé donde está.
- Pues supongo que estará en el patio de armas pero, ¿Para qué quieres verle?- dijo su madre
- Para preguntarle sobre los turnos de Arwin, es que quiero montar una fiesta de pijamas con Ärysel, Tellywëis y ella y tengo que saber cuando tiene día libre- se inventó Diana rápidamente
Su madre sonrió y dijo:
- Que gran idea, es genial que os hayáis hecho tan amigas en tan poco tiempo
Diana se agobió un poco al pensar en lo equivocada que estaba su madre y al parecer ésta lo notó porque le preguntó:
- Diana cariño, ¿ocurre algo?
Diana estuvo a punto de contarle a su madre toda la verdad, su dudas sobre Ewynor, las preocupaciones que acarreaba ser princesa, lo difícil que era la empresa que iba a comenzar para buscar a sus amigos, todo, pero se recompuso rápidamente y dijo:
- No, no pasa nada es solo que tengo muchas ganas de celebrar la fiesta.
Su madre sonrió aliviada y contestó:
- Me imagino, bueno pues hasta luego
- Adiós mamá, nos vemos en la cena- dijo Diana después de darle a su madre un beso en la mejilla y abrir la puerta para marcharse- Pero quizá no después de eso...- repuso en un susurro para que no la oyera su madre refiriéndose a la aventura que iba a comenzar al día siguiente.
Nada más cerrar la puerta del despacho, Diana corría otra vez por los pasillos de Crisantyl hacia el patio de armas en busca del jefe de la guardia.
Cuando llegó a su destino, se encontró con que los soldados se estaban entrenando en el patio ante la atenta mirada de su jefe que nada más ver a la princesa gritó:
- ¡Aaaaalto!- mientras se dirigía al lugar donde Diana esperaba.
Cuando llegó ante ella, el capitán se arrodilló ante ella diciendo:
- Aquí el capitán Rëfils, a vuestro servicio majestad
- Por favor sin reverencias capitán, solo vengo a pedirle un pequeño favor.
- Mande lo que desee- dijo el capitán ya de pie
- No es nada- repuso Diana- tan solo necesito saber si podría cambiar el turno de dos de sus soldados
- ¿Los soldados a los que se refiere son humanos o elfos?- preguntó el capitán Rëfils
- Son elfos- dijo Diana
- Entonces tiene que hablar con el capitán de los elfos guardianes, que se encuentra en la torre de vigilancia de palacio.- le aclaró el capitán.
Diana pensó que la torre de vigilancia estaba demasiado lejos, exactamente en la otra punta de palacio, por lo que dijo:
- Si no es molestia, me gustaría que mandase a uno de sus soldados a buscarlo
- ¡Sí señora!- gritó el capitán antes de añadir- ¡Soldado Tewöliun, vaya a buscar al capitán elfo ahora mismo!
Un soldado de aspecto fuerte salió corriendo de entre las filas de soldados en dirección a la persona que iba a solucionar uno de los muchos problemas que se amontonaban en la mente de Diana.
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El bosque de Ariwëy
FantasíaLa voz había vuelto, Diana ya la había olvidado pero ahí estaba. Esa voz susurrante que provocaba en Diana una sensación de familiaridad estaba otra vez allí, después de 5 años había vuelto para traer de nuevo a su memoria recuerdos que no eran suyo...