Diana pasó todo el día con su madre.
Estaba completamente feliz de haberla conocido al fin y no se separó de ella ni un segundo durante esa tarde.
Cenaron juntas en el comedor de palacio y hablaron de mil cosas.
Esa noche, pasearon juntas por los jardines de palacio, cuajados de rosas, y no se fueron a dormir hasta casi medianoche. Querían recuperar esos 16 años perdidos.
Por la mañana, Diana se despertó en su habitación de palacio.
Era preciosa.
Estaba hecha de cristal lógicamente, y tenía unos enormes ventanales que daban a la plaza del pueblo.
En uno de los laterales tenía un vestidor enorme, lleno de ropa preciosa que, para su sorpresa, venía de la Tierra, de marcas que ella conocía.
Que buen gusto para la ropa tenía su madre...
En el otro lado, tenía un baño muy luminoso y, al lado de la puerta, una mesa para trabajar llena de papel de cartas para sus amigos de la tierra.
La cama estaba pegada a la pared, de cara a la puerta.
Su colchón era muy mullido y Diana había dormido genial allí.
La estructura era de cristal, como casi todos los muebles que adornaban su cuarto.
La cama tenía a los lados los dos enormes ventanales que tenían debajo, un pequeño colchón para poder sentarse allí a leer o a dormir, pues era lo suficientemente grande como para que Diana cupiera perfectamente.
Si abrías las ventanas, entrabas a un balcón enorme que dominaba toda la planta de arriba y desde el que se podía ver todo Ariwëy.
A Diana le encantaba esa habitación.
Al poco rato de haberse levantado, cuando Diana todavía estaba con su camisón de seda recién estrenado, llegaron Ärysel y Tellywëis con una bandeja en las mano que contenía el desayuno de Diana.
El desayuno constaba de tortitas con sirope, zumo de fruta natural y una tostada con mantequilla y mermelada.
Diana comió con avidez mientras hablaba con sus amigas que le dijeron:
- Te tienes que vestir rápido para tu presentación al pueblo
- ¿Qué presentación?- preguntó Diana perpleja.
- Es cuando te muestras al pueblo para que te conozcan tontita- dijo Ärysel- y para esta ocasión, no vale que te pongas vaqueros y una camiseta.
- ¿Y qué me pongo?- preguntó Diana que no tenía ni idea.
Ärysel la agarró del brazo y la condujo a su vestidor, repleto de vestido preciosos y dijo:
- Ojalá tuviera yo un armario así- y soltó un suspiro dramático.
Todas rieron y ayudaron a Diana a elegir vestido.
Al final, eligieron uno corto, de color rojo con decoraciones en dorado.
Era de tirante ancho y con escote de uve no muy marcado. La falda era de tul rojo, muy ligero y llevaba a juego unos tacones rojos de aguja.
Los pendientes eran de oro con rubíes al final y las pulseras eran cadenas de oro con un collar de igual material con una estrella.
Ärysel la miró y le dijo:
- Jo guapa, con esos tacones y ese vestido, vas a conquistar a todos los chicos de Ariwëy.
Diana rio, entonces, entró Ewynor con otra chica.
Ewynor se la quedó mirando con asombro mientras ella daba vueltas para mostrarle su conjunto.
La otra chica sonrió y miró a Ewynor, luego se acercó a Diana y le dijo:
- Saludos princesa- e hizo una profunda reverencia.
- En pie por favor, no hacen falta las reverencias.- dijo Diana.
- Como desee princesa- dijo la chica
- Y puedes tutearme...
- Arwin, me llamo Arwin- la ayudó ella.
- Sabes Arwin me recuerdas a alguien- dijo Diana que desde que había visto a la chica, se le había parecido a alguien, peo no sabía muy bien a quién
Arwin rio y dijo:
- ¿Tanto me parezco a mi hermano?
- ¿Tu hermano?- dijo Diana confusa.
Ella señaló a Ewynor y dijo:
- Este de aquí, creo que os conocéis.- dijo Arwin con una sonrisa.
- ¿Ewynor? No me dijiste que tuvieras una hermana- dijo Diana
- Tu madre me dijo que no te hablase de nada sobre Ariwëy hasta que llegases- dijo Ewynor con calma.
- Ah, vale ya entiendo y... ¿Arwin es mi dama de compañía?
Ella sonrió con esa sonrisa perfecta que también tenía su hermano y dijo:
- Aquí lo llamamos Elfa Ayudante pero casi.
En ese momento, sonaron unos golpes en la puerta de la habitación y Diana dijo:
- ¡Adelante!
Acto seguido, entró un mensajero de la reina que dijo:
- Princesa, el pueblo os espera.
Diana miró a sus amigos y dijo:
- Vamos
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El bosque de Ariwëy
FantasyLa voz había vuelto, Diana ya la había olvidado pero ahí estaba. Esa voz susurrante que provocaba en Diana una sensación de familiaridad estaba otra vez allí, después de 5 años había vuelto para traer de nuevo a su memoria recuerdos que no eran suyo...