Al día siguiente, seguimos en busca de nuestro nuevo hogar. Por mí me hubiese quedado más tiempo en la posada de Gina, pero estaba demasiado cerca de palacio. Ninguna posada fue tan agradable.
Vimos amaneceres y anocheceres preciosos, hasta que llegamos a un cúmulo de pueblos escondidos entre las montañas. Compramos nuestra casa cerca del más habitado de ellos. Era una cabaña de madera de dos pisos y bastante apartada del pueblo, en lo alto de la montaña. En los días de bruma, que eran muchos, ni siquiera se vislumbraba desde el pueblo. Roni se sintió tan aliviado el día que entramos a vivir en ella, tan feliz vislumbrando el pueblo desde las alturas, que me miró, soltó su bolsa y me besó allí mismo.
- ¿Éste era el momento que estabas esperando en secreto?- reí.
- Pues... No exactamente - reímos juntos.
Finalmente, decidí sembrar mis propias flores y venderlas en el mercado de los pueblos. Me encantaba y fue nuestro sustento principal por mucho tiempo. Roni me ayudaba y hacía figuritas pequeñas de madera, que algunas madres le compraban para que sus hijos jugasen. Lo primero que Roni me regaló fue un gato de madera, que puse en nuestra mesita de noche.
No sabíamos cómo comunicarnos con Violet y el resto de nuestros familiares. Y lo peor era que tampoco sabíamos qué había pasado por allí. Por suerte, con las monedas del robo del baile teníamos lo justo para comprar la casa y empezar con nuestro negocio (ya que al ser una casa tan apartada del pueblo era más barata), así que no hizo falta vender nada.
Cuando nos dimos cuenta, ya conocíamos a todo el pueblo y parte de los demás gracias a nuestro trabajo. Hasta empezábamos a hacer amigos y crear nuevos lazos afectivos. "Marcus, el del queso" nos acompañaba al mercado de nuestro pueblo con su carro, dado a que vivía cerca nuestra. Como vivía sólo siempre nos preguntaba por nuestra familia y si tendríamos hijos.
- Todavía no podemos, Marcus, aún no hemos contraído nupcias- le dije un día.
- ¡Pero bueno! ¿A qué estás esperando, ceporro?- decía, golpeando a Roni.
- ¡Ay!
- ¿Ay? Con lo guapa que es la chica.
- ¡Lo sé!
- Un día serás tan viejo como yo, Tiziano- y más o menos así eran todos los caminos con Marcus.
Un día, Marcus no hizo ningún comentario sobre boda ni hijos a lo largo de la bajada de la montaña. Tenía una cara muy rara, de hecho.
- Al llegar a la plaza del pueblo, todos me miraban mientras sacaba los ramos de flores de mi carro y los colocaba en el puesto. Roni siempre ayudaba a Marcus con los quesos aunque él rechistase, pero hoy tampoco rechistaba. No tenía ni idea de qué les pasaba a todos ese día.
Al sacar el último ramo de flores del carro, vi una cajita de madera con flores talladas.
- ¡Dios mío!- estaba claro quién la había hecho. La abrí y encontré dos alianzas. Entonces, todo el mundo dijo en coro:
- Princesa ¿Quieres casarte con Tiziano?- luego, Roni se acercó a mí.
- ¿Quieres casarte conmigo?
- ¡Ya sabes que sí!
Esa no era la única ni la mejor sorpresa de todas.
Nuestra boda, en realidad, no iba a ser una boda lícita porque ni mi padre ni ningún familiar iba a conceder mi mano. Aún así, el cura del pueblo accedió a casarnos, lo que hizo que un gran revuelo se apoderase del pueblo. Unos estaban de acuerdo y otros no. Los que sí estaban de acuerdo se sentían ofendidos por los que no y al contrario. El señor cura estaba muy cansado de lidiar con los dos bandos.
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Princesa Nora
RomanceNora es una princesa del Renacimiento con una vida aburrida hasta que un ladrón irrumpe en su palacio y roba su tiara. Entretanto, su padre no tiene más remedio que prometerla con Peter, un distinguido duque guapo y educado que hace que los abanicos...
