Capítulo 22 - 5 noches y 4 días

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Después de la excursión y la charla con Violet he tenido un día de lo más ajetreado y aburrido. Todo el mundo cuando he llegado me ha dado la tabarra con el temita de la noche de bodas, en el que no quiero ni pensar hasta que llegue Peter, y tan sólo para posponerla a años luz. Con todo el mundo me refiero a Dóroti, mi padre y la institutriz, que me ha repetido una clase de anatomía, por si no me acordase. Tiene tela el asuntito, uff.

Ceno e inmediatamente voy a mi cuarto, me pongo el camisón y me acuesto. Otra noche sin Roni. Me acuerdo de que antes de que aparezca tengo que pensar muy bien lo que haría si llegase con el no por delante.

Pues... a ver... Si llega y me dice lo que me va a decir, seguramente: "Nora, no te quiero. Bueno, sí, como amiga" pues yo me casaré con Peter, intentaré olvidar a Roni llevándome un poco mejor con Peter. Quizá al principio no pueda ver mucho a Roni hasta que me olvide de él y luego lo tendré de amigo. Ya está.

No sé por qué pero me suena a subrealista y a qué no iría tan bien mi plan. Creo que lo que realmente pasaría sería que lloraría durante más de un mes en el cuarto y me casaría llorando, con Dóroti arrastrándome hacia el altar y Peter me cogería una tirria que no veas hasta que se echase una amante. Pero entonces pensaré: Por lo menos intenté que mi perfecto plan funcionase.

¿Y si me dijese...?: "Nora, yo también te quiero, princesa. Vente conmigo al país de nunca jamás, donde nunca jamás tendrás que casarte con Peter y nunca jamás tendrás que ser una princesa rica". Que eso no va a pasar, pero bueno, Violet me obligó a pensar cosas absurdas.

Antes de pensar si me iría a nunca jamás, descarto la opción de tener a Roni como amante, por supuesto. Nunca arriesgaría así la vida de Roni y esa no es la vida que quiero llevar. Creo que preferiría ir a nunca jamás. Aunque mi padre, por otro lado... y la comodidad de la corte... Bueno, qué más da la comodidad de la corte. Sobreviviría a todo si Roni me correspondiese. O sea, sólo me retendría aquí mi padre. Ya está. Porque Claus vendría a verme donde estuviese.

Mi padre. Mi padre y nada más, que seguro que me perdonaría algún día. Hasta podría dejarle cartas con la ayuda de Claus. Entonces... creo que me arriesgaría a irme con Roni al país de nunca jamás ¡Y no casarme con Peter! ¡Sería una pasada!

Despierta, Nora. Eso no va a pasar. Roni no va a decir: "Me gustas mucho. Eres tan... graciosa, tan... pequeña". NO.

Al poco tiempo me quedo dormida hasta el día siguiente.

Cuando bajo a desayunar tras Dóroti, que me ha despertado, me encuentro con la mirada de Peter. No una mirada muy afable que digamos.

Después del desayuno me pide dar un paseo con él.

- Así que él estaba en tu cuarto. Me has engañado, Nora- empieza a decirme cabreado.

- ¿Eh? ¿Quién?

- Cuando le gritaste y dijiste a tu padre la excusa de que era un gato.

- Ah. Pues... algo así.

- ¿Es del servicio? ¿Quién es?- me pregunta inquisitivamente.

- No es del servicio. No le conoces.

- ¿Entonces un guardia? ¿Cómo ha entrado en palacio?

- La cuestión es que no vive en palacio. Pero ¿qué más da? ¿a tí qué te importa?

- ¡Eres mi prometida! ¡Nos vamos a casar! ¡Y tú mientras estás retozando con un plebeyo!

- ¿Qué? ¡No! Sólo es mi amigo. No hemos hecho nada. Ni siquiera sé qué siente por mí.

- No entiendo nada. Dijiste que había otra persona.

- Sí, pero no "retozamos" ¡Ni siquiera sé si le gusto! Y aunque yo le gustase, no arriesgaría su vida así.

- Pues nos has metido en una buena. Todo el mundo cree que...

- Ya, ya... ¿Y qué? A mí me da igual. Como si no se rumorera nada sobre ellos- suspira.

- Bueno, pues cuando te cases conmigo, se te van a acabar todas las tonterías.

- ¿Qué tonterías? ¿Hablar con otros chicos?

- ¡Te gusta!

- ¿Y qué quieres que haga? ¡No es mi culpa! Y menos suya.

- ¡Me da igual! ¿Sabes qué? Te voy a tener que gustar yo a la fuerza. Cuanto antes lo consigas mejor para tí- pongo los ojos en blanco. Lo peor es que es verdad.

- ¡No eres mi tipo! Eres guapo y joven. Sería genial que en vez de él fueses tú ¡Pero no! ¡No me gustas ni un poquito! ¿Te enteras?

- Pues tú sabrás. Ya te lo he dicho. Sigue soñando con alguien que ni siquiera te quiere ¡Tú misma! ¡Peor para tí!

- ¡Estúpido!

- ¡Niña tonta!

- ¡Adiós! ¡Espero que hasta nunca!

- ¡Hasta que tu razón funcione!- y así acaba la gran bienvenida de Peter. Mierda, en realidad tiene casi toda la razón. Pero no se la voy a dar y menos mientras Roni no haya llegado.

Espera un momento ¡No le he dicho a Peter lo de la noche de bodas! Oh, oh ¿Y quién le dice ahora nada? No, no, ni hablar. Ya me estoy imaginando lo que me diría.

Mientras como enfrente de Peter repaso toda la conversación del jardín enfadada, lo que hace que coma a toda velocidad ¿Por qué no se echa una amante por ahí y me deja en paz? Esa parte no la entiendo, de verdad. Ya le he dicho por activa y por pasiva que no es mi tipo y sigue al pié del cañón. Es que es pesado.

Por la tarde tengo que dar clases con mi institutriz, que sigue inmiscuyéndose en el tema de noche de bodas, embarazo e hijos con Peter. Hasta que le digo.

- Señora.

- ¿Sí?

- ¿Sabe de alguna hierba o algo para asesinar hombres como Peter?

- N-n-no su alteza.

- ¿Y de alguna que elimine la lívido en su totalidad para toda la vida?

- T-tampoco.

- Pues no me interesa nada más del resto de la clase de hoy. Adiós- y me voy dejándola pasmada. Al salir de la clase me encuentro con Claus, por fín. Le debería preguntar por qué algunos hombres son tan pesados.

- Oye... vayamos a dar un paseo para ver a los caballos y... dime una cosa.

- ¿Qué?

- ¿Por qué Peter no se va una amante y me deja en paz? ¿Conoces a hombres así de pesados? Es que me parece muy raro.

- ¿Conozco mejor a tu prometido que tú misma? Si te esforzases por conocerle sabrías por qué. Él no quiere esa vida. Quiere una vida felíz con su esposa. Quiere enamorarse de tí, Nora. Y que tú también te enamores de él. Además, es tan terco como tú. No parará hasta conseguirlo.

- ¿Ah, sí? Vaya, pues se va a hacer viejo esperando.

- ¡Jajaja! Lo sé. Muy muy viejito. Vas a vencerle, Nora, ya lo verás.

- ¡Jajajaja!- y así nos llevamos toda la tarde hablando de Peter y riéndonos, lo que acaba con mi enfado. Aunque cuando llego a mi cuarto y no veo a Roni, el mundo me parece tan vacío como antes de hablar con Claus. Cada noche echo un poco más de menos a Roni. Su voz, su tono protector, su "princesa", su consuelo cuando estaba triste, su tacto cálido, sus besitos de buenas noches, sus ojos verdes... y podría seguir enumerando hasta que amaneciese...

Princesa NoraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora