Anna, la mejor amiga de Thor, nacida en Asgard vive con la familia de Thor desde que sus padres murieron. Pasado un tiempo se enamora de la persona menos esperada y eso le cambia la vida por completo.
Al día siguiente Loki y yo nos desperpronto, y como sabíamos que Frigga nos echaría un sermón, nos escabullimos a la playa, era lo mejor para pasar el día siguiente de nuestra boda. Nada más sentarnos en la arena, un guardia apareció y Loki se acercó a él, se alejaron un poco, pero no lo demasiado para que yo los escuchara.
-¿qué es lo que pasa?- preguntó Loki.
-Señor, al final solo hemos conseguido que celebre su luna de miel en Midgard- le respondió el soldado.
-¿qué? te dije que no quería ir ahí- siguió Loki.
-Pero señor, tendrá una isla.solo para usted y la princesa y...- siguió hablando pero Loki lo cortó.
-¿sabes que? aveces pareces imbecil, fuera de mi vista, vete a hacer tu trabajo al palacio- dijo Loki para terminar la conversación.
Se fue acercando a mi y ya sabía lo que le iba decir, no tenía porque tratar así a la gente.
-Loki te has pasado- le dije seria.
-Lo sé, pero es que aveces parecen idiotas, les digo que no hagan algo y lo hacen...
-Ten en cuenta que yo seré feliz en cualquier sitio si estoy contigo- le dije para que se le bajara el mal humor.
En cuanto dije eso, en su cara de enfado apareció una sonrisa, se sentó a mi lado, me cogió la mano y me miró con esos ojos verdes, esos ojos que con una mirada te enamoraba, esos ojos que me volvían loca. Era irresistible, lo besé con todas mis ganas y entrelace mis dedos con su pelo mientras él colocaba sus manos en mi cintura.
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en esos momentos me daba cuenta de la suerte que tenía de tenerlo a él. Lo amaba demasiado como para haberme casado más tarde con él. Era la pieza que le faltaba a mi vida, no me importaba si íbamos a Midgard o a otro planeta, cualquier momento que compartirse con Loki sería genial, y no pensaba desaprobecharlo.
Volvimos al palacio y cuando Frigga nos vio por el pasillo corrió hacia nosotros.
-Teneis que volver a vuestros aposentos, es tradición llevar el desayuno a la cama a los recién casados- su tono era enfadado y al parecer yenia mucha prisa.
Corrimos a nuestro cuarto, nos metimos en la cama y al cabo de un rato las sirvientas aparecieron con un gran desayuno en dos bandejas y les dimos las gracias.