Empezó por un crayón rojo y ¿cómo terminará?
A veces no expresamos lo que sentimos con palabras, tal vez por duda, por vergüenza, por miedo al rechazo... pero sí lo hacemos con actos.
Una historia de amor a través de los años.
Logros obtenidos:
-His...
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"Yo no me voy a perdonar,
si por nunca admitirlo tú desapareces".
Causa perdida - Morat.
El mes de enero había decidido que quería ser el más caluroso y agobiante de los últimos cincuenta años, pero desgraciadamente eran las personas quienes pagaban los caprichos del mes.
—¡Esto es insoportable! —exclamó Aaron mientras se tiraba en la cama de Agustín y dejaba que el ventilador golpeara el sudor de su cuerpo.
—Deja de quejarte y ayuda —intervino Celeste quien estaba en la repisa de los libros. —¿Vas a llevarte este? —le preguntó al dueño de casa mientras le mostraba un ejemplar. Agustín asintió.
—Lo haces a propósito, me quieres torturar —comenzó Aaron mientras se ponía de pie y seguía juntando los apuntes. —¿Quién decide mudarse en pleno enero? Y lo peor de todo, el día más caluroso del año —dijo refunfuñando.
—Nadie te está obligando —contestó Agustín tratando de ocultar su risa.
—¡Claro que no! Pero necesito asegurarme de que te vas, así pasaré a ser el hijo adoptivo favorito de tu madre en tu ausencia y la deliciosa tarta de manzana que hace, ¡será solamente para mí! —exclama intentando que su voz suene como un villano de Disney.
Celeste no puede contener las carcajadas al escuchar las tonterías del chico.
—Das vergüenza ajena —murmura la rubia y sigue seleccionando los libros que Agustín necesitará.
—Solo quieres robarte a mi madre y su tarta de manzana —niega con la cabeza, pero no hay odio en su voz, solo alegría.
Después de perderse la graduación, muchas cosas cambiaron, sus amigos se comunicaron con él para saber por qué había estado ausente, casi temiendo que algo grave haya pasado. Pero en cambio, se enteraron sobre el parto de Moira.
Celeste rompió con ese distanciamiento que existía entre ellos y Agustín encontró a una amiga única y de fierro. Sabía que la chica seguía enamorada de él, notaba como en su mirada por momentos seguía estando ese cariño que siempre tuvo, pero también había aceptación hacia el hecho de que no volvería hacia atrás.
La admiraba por eso, y la quería tanto que trataba de no lastimarla y de dejar los límites de amistad bien claros, aunque sabía que Celeste ya lo tenía bien presente.
Y con Celeste regresó Aaron, su amigo era una caja andante de hacer estupideces y los alegraba en cada momento.
Guardó la última remera, hoy había llegado el día de empacar, ya que mañana se iría a Santa Fe para instalarse y comenzar en unas semanas el propedéutico para poder ingresar a la universidad. Se iría a vivir con su padre, quien luego del divorcio, se mudó a la provincia vecina y volvería los fines de semana para estar con su madre. Así que técnicamente tampoco estaba abandonado la ciudad ni muchos menos se iba para siempre.