DECIOCHO: Desde otro punto de vista

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La primera vez que lo vio, ambos tenían cinco años e iban al Jardín de Infantes. Los dos eran unos niños, pero él llamó su atención al instante. No puede decir que se enamoró en ese momento, pero ese niño de cabello castaño y alborotado debido a sus rulos, tenía algo especial.

Los primeros días era alguien tranquilo y no hablaba mucho con el resto de los niños. Pero todo eso cambió de un segundo al otro, comenzó a reír y hablar mucho más. Y una sola persona era responsable de eso: Moira. Ella también era su compañera y tenía una personalidad avasallante, no paraba de hablar y tenía una energía interminable. Tampoco tenía problemas para entablar amistad con cualquiera, pero era más que obvio que prefería pasar la mayor parte del tiempo con Agustín. La amistad de esos dos fue creciendo con el tiempo y se volvieron inseparables.

Los años le fueron demostrando que Agustín seguía siendo especial para ella, pero ya no era solo una curiosidad infantil sino que estaba segura que se había enamorado del chico. Pero era demasiado tímida para hablarle y mucho menos para declararse. Eso estaba fuera de cualquier opción o plan más remotamente estúpido que se le ocurriera.

Agustín era leal y no dudaba ni un segundo en ayudar a alguien que lo necesite, tal vez por eso todos los años era elegido como mejor compañero en las votaciones que realizaba el colegio.

También era alegre y tenía una risa particular, comenzaba con un sonido suave y bastante bajo que solo escuchaban los que estaban con él, pero si lo que le habían contado era realmente gracioso, terminaba estallando con una carcajada que era imposible no escuchar, tampoco podías no notar como tiraba la cabeza hacia atrás y reía más fuerte, sin olvidar como su garganta se movía junto a todo su cuerpo.

Así fueron pasando los años, y ella era muy consciente de la invisibilidad que poseía frente al resto, pero prefería eso a que se le burlen. Era la típica chica que solo le importan los estudios y pasar desapercibida porque es demasiado tímida para entablar una conversación por iniciativa propia, y sin contar que a esta edad es como si los "roles" ya están definidos. Nadie le hablaría porque era la "nerd callada" y por eso, no se animaban a acercarse y conocerla de verdad.

Aún recuerda la primera vez que él le habló, pero también recuerda lo vergonzoso que fue. Él le había preguntado si tenía una birome para prestarle, ella se puso muy nerviosa y colorada, no pudo decir nada. Solo buscó entre sus cosas, un poco torpe vale aclarar, y se la tendió. Él soltó un "gracias" junto a una sonrisa y se fue. No volvieron a hablar.

Pensó que su vida escolar iba a ser siempre así, pero de un día para el otro dio un giro de 180°. La profesora de Psicología había decidido que jugar al Amigo Invisible sería bueno para que entablen contacto con el resto de sus compañeros y de esa forma reducir las peleas constantes. Nunca se imaginó que a ella le tocaría Agustín, se alegró tanto que le puso mucho empeño a cada regalo (mucho más que cuando estudia para un examen y eso que ella era una chica diez).

Pudo poner en práctica todo lo que sabía sobre él, los primeros días le regalo una Tita, ya que sabía que era su dulce preferido; y el último día le había escrito una nota con todo su ingenio: "El cielo es azul, el césped verde y los ojos de Leonardo DiCaprio...". La respuesta era celeste, pero parecía que Agustín no lo había entendido, bueno sabía que el chico no era de los más listos o tal vez ella lo había complicado mucho.

Pero supo que había valido la pena jugar a ese juego cuando Agustín le sonrió al finalizar el horario escolar, su corazón se aceleró y su cara se puso más roja que un tomate, pero le devolvió la sonrisa.

Tuvo otro golpe de suerte cuando por sorteo les tocó hacer un trabajo en grupo. Desde ahí su vida comenzó a cambiar, de a poco comenzaron a acercarse más y todos los trabajos los hicieron entre los dos. Solo bastaba una mirada para decir sí y poner manos a la obra. Ella no era tonta, sabía que Moira y Agustín se estaban alejando, ya no eran los amigos inseparables, todo lo contrario, ya casi ni pasaban tiempo juntos. Pero ella prefirió ignorar eso, no era problema suyo, aunque podía notar que el chico no estaba nada bien y moría por consolarlo, pero apenas eran compañeros de estudio. Tal vez en un futuro, quería creer que eso fuera posible.

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