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El Reencuentro

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El Reencuentro

​—Esto es increíble —suspiré en cuanto mis pies tocaron el suelo de Tokio—. Vacaciones, allá voy.

​Recogí mis maletas y salí del enorme aeropuerto con paso decidido. Debido a mis estudios, me había visto obligado a marcharme del país; tras cuatro años lejos, por fin tenía la oportunidad de visitar a mi familia, quienes se habían mudado a esta imponente metrópolis.

​Estaba radiante. Mi sonrisa me delataba: extrañaba el sonido del japonés fluyendo a mi alrededor. No es que me molestara hablar inglés, pero nada se compara con la calidez de sentirse en casa. Tomé un taxi de inmediato; la ansiedad por llegar a mi destino me hacía sentir como un niño pequeño en vísperas de Navidad.

​En cuanto el vehículo se detuvo, pagué rápidamente, saqué mi equipaje y corrí hacia la entrada de aquella gran casa. Toqué el timbre como un desquiciado. Tras unos segundos de silencio que me parecieron eternos, escuché el clic de la cerradura.

​Solté las maletas de golpe. La puerta se abrió para revelar a un rubio de expresión amargada que me miró confundido. Mis ojos se empañaron al instante; sin pensarlo, salté sobre él, rodeando su cuello con mis brazos y su cintura con mis piernas.

​—¿Pero qué mier...? —Su queja quedó a medias en cuanto sus ojos se enfocaron en mí—. Ei... ¿Eijiro? —susurró, envolviéndome en un abrazo posesivo.

​—Katsuki, bebé, te extrañé tanto —dije, tomando su rostro entre mis manos para unir nuestros labios en un beso desesperado, como nunca antes lo había hecho.

​Después de tantos años, por fin podía sentirlo de nuevo. El único sabor amargo era saber que solo estaría aquí por vacaciones. Sin romper el contacto y aún cargándome, Katsuki pateó las maletas hacia adentro y cerró la puerta tras de nosotros.

​Me separé apenas unos milímetros para mirarlo con los ojos cristalizados por la felicidad.

​—¿Alguien más sabe que estás aquí? —preguntó él con voz ronca. Negué con la cabeza. —Entonces eres todo mío.

​Entre besos y caricias urgentes, nos abrimos paso hacia su habitación. Definitivamente, este viaje había sido la mejor decisión de mi vida. Quizás, si jugaba bien mis cartas, podría convencer a este rubio de que volviera conmigo... o tal vez, de que nos casáramos de una vez por todas.




Fin

¡Día 1 osi, osi, baby!

Espero les guste n.n cortos y hermosos

KiriBaku MonthDonde viven las historias. Descúbrelo ahora