Un mes completo de esta hermosa pareja y shipp favorito...
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➡Entre otras cosas
Inicio: 30/07/2019
Finalizado: 10/11/2019
Actualización: 25/01/2026
🎆Las imágen...
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Entre Sueños y Realidades
Tras el incidente en la habitación, las cosas entre Eijiro y Katsuki habían tomado un rumbo prometedor. Sin embargo, Kirishima no podía dejar de darle vueltas a la extraña actitud de Kaminari. Necesitaba respuestas.
Al terminar las clases, le avisó a Katsuki que iría a pedir una explicación. Aunque el rubio gruñó y se mostró molesto, terminó soltando un: "Confío en ti, no tardes". Verlo sonrojarse de esa manera casi hace que Eijiro se desmaye de la impresión.
La espera fue breve. Pronto vio a Kaminari y Sero caminando de la mano; al cruzar miradas, Denki se puso rojo como un tomate y desvió la vista.
—Cla... claro —balbuceó Denki, mordiéndose el labio con nerviosismo.
Sero le dio un beso tierno en la mejilla al rubio y se retiró para darles privacidad.
—¿Por qué lo hiciste? —soltó Eijiro en cuanto estuvieron solos.
—Quería ayudarte —confesó Kaminari rascándose la nuca—. Sero y yo planeamos todo. Aunque, bueno, él se enojó un poco por lo que hice... fue un plan arriesgado.
—¡De todas las formas posibles, se te ocurre precisamente esa! —lo acusó el pelirrojo, medio divertido y medio indignado.
—Lo siento, bro. Es que verte con esa cara de tristeza era insoportable. Solo necesitábamos darle a Bakugo el empujón final para que fuera por ti. Fue difícil, ¡pero funcionó!
Eijirou suspiró, negando con la cabeza.
—Eres un caso perdido.
Chocaron los puños con complicidad y cada uno fue en busca de su respectiva pareja. A pesar de la reconciliación, Kirishima tenía una duda punzante: ¿qué eran exactamente? Se habían confesado, sí, y habían pasado el día actuando como una pareja de recién casados, pero nadie había formalizado nada. El miedo a que Bakugo se molestara si preguntaba le cerraba la boca.
—¿Entonces, vamos? —preguntó Katsuki de pronto, caminando a su lado sin mirarlo. —¿A dónde? —Kirishima se sonrojó, perdido en sus pensamientos.
—¡Por el amor de Dios, Kirishima! Llevo diez minutos diciéndolo. ¿En qué demonios piensas que me ignoras tanto, idiota? —Bakugo frunció el ceño y aceleró el paso, indignado.
—¡No te enojes! Solo dime qué dijiste.
—Vete a la mierda.
—Me iré, pero solo si me repites el plan.
Katsuki soltó un suspiro pesado, rindiéndose.
—Iremos al teatro. Hay un espectáculo de magia.
—¡Sí! ¡Me encanta la idea!
—Ahora sí, vete a la mierda —sentenció el rubio con una media sonrisa oculta.
Eijiro volvió a su casa flotando en una nube. Al llegar, se desplomó en la cama y leyó el mensaje de Katsuki con la hora y el lugar de la cita. Con el corazón acelerado, cerró los ojos y se quedó profundamente dormido.
De pronto, sintió una caricia suave que bajaba desde su cabello hasta su cuello. Al abrir los ojos, se encontró con una visión que lo dejó sin aliento. Bakugo estaba sobre él, luciendo la faceta más provocadora que jamás hubiera imaginado: bóxers ajustados, una camisa traslúcida que dejaba ver sus pezones rosados, y unas orejas de conejo negras sobre su desordenado cabello rubio.
—Juguemos —susurró Katsuki con una sonrisa felina.
El sueño era tan vívido que Eijiro podía sentir el calor de su cuerpo y el roce de su lengua. Pero, justo cuando la temperatura subía al máximo, sintió un golpe seco en la cabeza.
Abrió los ojos de golpe. Frente a él no había un conejo sexy, sino un Bakugo real, muy sonrojado y notablemente molesto. Eijiro bajó la mirada y sintió que moría de vergüenza: su ropa estaba por cualquier lado y su anatomía delataba perfectamente lo que acababa de soñar.
—Si estabas tan necesitado, pudiste decírme, asqueroso —gruñó Katsuki, desviando la mirada para no ver el desastre.
—Yo... ¡lo siento! —Kirishima se cubrió rápidamente con las sábanas—. ¿Qué haces aquí?
—Te mandé un mensaje diciendo que pasaría por ti, pero no esperaba encontrarte... así.
Eijiro corrió al baño para darse una ducha de agua fría (y encargarse de su "problema" personal). Veinte minutos después, ya peinado y listo, salió junto a su rubio hacia el teatro.
El show era asombroso. Sin embargo, cuando el mago anunció que sacaría algo de su sombrero, el corazón de Eijiro se detuvo. Del sombrero emergió un conejo blanco con un pequeño traje negro. Los recuerdos del sueño regresaron como un huracán de vergüenza.
—¿Ahora qué te pasa? —preguntó Katsuki, notando el color carmesí de su cara.
—Nada, es solo que...
En ese momento, el mago le sonrió directamente a Kirishima y lanzó una paloma blanca. El ave voló por el teatro y aterrizó suavemente en el brazo de Eijiro, entregándole un sobre pequeño.
Con las manos temblorosas, lo abrió. Al leer el contenido, sus ojos se llenaron de lágrimas de felicidad. Miró a Katsuki, quien intentaba mantener su fachada de desinterés aunque sus orejas lo delataban. Eijiro sollozó y asintió frenéticamente antes de lanzarse a sus brazos para besarlo frente a todo el público.
—¡Obvio que sí! —exclamó entre besos—. Te amo.
—Yo también te amo... novio mío —respondió Katsuki con esa ternura ruda que solo él poseía.
Al salir del teatro, la noche se sentía mágica. Pasearon de la mano, disfrutando de la brisa.
—Katsuki... ¿te vestirías de conejo para mí? —soltó Eijiro, señalando con una sonrisa pícara una tienda que habían pasado antes.
Bakugo se encogió de hombros, rojo hasta la raíz del pelo.
—Mientras solo sea para tus ojos... ponme el traje estúpido que quieras. Eijiro rió, sabiendo que, bajo toda esa explosividad, tenía al rubio más romántico del mundo solo para él.