Mejores Amigos

10.9K 820 1K
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


​De Amistad y Otras cuestiones

​Eijiro se recriminaba una y otra vez por lo que sentía. El nudo en su garganta era insoportable, tanto que terminó mordiendo su labio inferior con sus dientes puntiagudos hasta sentir el sabor metálico de la sangre.

​Reprimió un gruñido de impotencia al ver la escena: su mejor amigo —el chico que le quitaba el sueño— le sonreía con una suavidad inusual a una chica pelirroja de curvas llamativas. Cuando ella se inclinó para susurrarle algo al oído y Katsuki le devolvió el gesto con una mirada cómplice, el mundo de Eijiro se desmoronó.

​No entendía cuándo Bakugo había empezado a actuar así. Lo peor era el vacío en el que se encontraba: ya se le había confesado, pero el rubio lo había tomado como una broma pesada, asegurando que "todo seguiría igual" entre ellos. Pero nada estaba bien.

Kirishima sufría en un silencio que lo carcomía. Sin poder soportarlo más, se puso de pie y se marchó, ignorando los gritos de Katsuki que le exigían volver.

​—Se acabó —se juró a sí mismo, limpiándose las lágrimas con rabia.

​Llegó a su casa exhausto y se encerró en su habitación. Los días siguientes se convirtieron en un refugio de sombras; faltó a clases y se negó a recibir a Bakugo, quien no dejaba de buscarlo. No quería más dolor.

​Una tarde, mientras miraba fijamente la pantalla del televisor donde un "Game Over" parpadeaba con crueldad, la puerta de su cuarto se abrió. Denki Kaminari entró en silencio y se sentó frente a él, envolviéndolo en un abrazo cálido. Eijiro hundió el rostro en su pecho, rindiéndose al consuelo.

​—Todo va a estar bien, Eiji —susurró Denki, tomándolo por las mejillas mientras le dedicaba una sonrisa melancólica.

​—Es que yo lo quiero a él... —Kirishima desvió la mirada, incapaz de borrar la imagen del rubio de su mente.

​Kaminari unió sus frentes con cariño.

—Sero se va a enojar —comentó Eiji con una risita débil.

—Él sabe que vine a consolarte, está al tanto de todo —respondió Denki antes de empujarlo suavemente contra la cama.

​El ambiente cambió drásticamente cuando Kaminari atrapó las muñecas de su amigo contra el colchón.

—¿Qué haces? —preguntó Eijiro, confundido por el repentino sonrojo del otro.

—Solo... déjate llevar —murmuró Denki, dejando un beso fugaz en su mejilla.

​Eijiro sintió cómo las manos de su amigo comenzaban a desabrochar su camisa. Intentó apartarlo, pero Kaminari se posicionó sobre él, recorriendo su pecho con las palmas antes de bajar al cuello para dejar pequeñas mordidas.

​—Kami, para... tienes pareja —logró jadear, pero un mordisco más fuerte le arrebató un gemido.

Estaba tan absorto emocionalmente que apenas tenía fuerzas para resistirse. Cerró los ojos con fuerza cuando sintió que Denki lo besaba con urgencia, pero entonces, la puerta voló.

​—¡¿QUÉ MIERDA ESTÁ PASANDO AQUÍ?! —El rugido de Bakugo hizo que la cama temblara.

​De un segundo a otro, el peso de Kaminari desapareció. Al abrir los ojos, Eijiro vio a Denki en el suelo con un golpe en la mejilla y a un Bakugo fuera de sí por la furia. En el marco de la puerta, Sero observaba la escena con una decepción gélida antes de darse la vuelta y marcharse.

Kaminari, al darse cuenta, se puso de pie de un salto, empujó a Katsuki y corrió tras su novio. ​El silencio que quedó era denso y peligroso. Eijiro intentó cubrir su pecho desnudo, pero Bakugo ya estaba sobre él, acorralándolo contra el colchón.

​—Así que, como te rechacé, ¿decidiste meterte con cualquiera? —Katsuki le apretó las muñecas con una fuerza que le arrancó un suspiro de dolor.

—No es... no es lo que crees —respondió Eijirou entre dientes—. Además, a ti no debería importarte...

​—No tienes permitido estar con nadie más —gruñó el rubio, pegando su frente a la suya.

—No puedes impedírmelo —replicó Eiji, desafiante pese al nudo en su corazón.

—¿Ah, no? ¿Y te gustó lo que ese imbécil te estaba haciendo? ¿Dónde quedó ese supuesto amor por mí? —Bakugo soltó sus muñecas, pero comenzó a acariciar el pecho de Kirishima con una posesividad que le cortó el aliento.

​—Detente, Bakugo... —pidió Eiji con voz quebrada—. Solo quieres verme sufrir.

​Bakugo no respondió con palabras. Se inclinó y lo besó; fue un beso lento, cargado de una desesperación que las palabras no habían podido expresar. Al separarse, las mejillas de Kirishima estaban empapadas.

​—Te amo, idiota —susurró Bakugo, limpiando las lágrimas del pelirrojo—. Siempre me has gustado.

​—¿Entonces por qué me trataste así? —preguntó Eiji, completamente desconcertado.

—Creí que era una broma. Aquel día, el estúpido de Mineta dijo que había ganado una apuesta justo cuando te confesaste... Pensé que estabas jugando conmigo —admitió Katsuki, desviando la mirada con un sonrojo impropio de él.

​Eijiro suspiró, sintiendo cómo el peso en su pecho se aligeraba por fin. Se sentó, obligando a Bakugo a acomodarse en su regazo.

—Yo nunca jugaría con algo así —murmuró, rodeando la cintura del rubio.

—Estaba confundido y quería saber si tus sentimientos eran reales, creo que se me pasó la mano con los celos —confesó Katsuki, apretando los hombros de Eiji—. Quiero estar contigo. De verdad.

​—Vaya, qué tierno te pusiste —se burló Eijiro, recuperando su sonrisa brillante.

—¡Cállate, imbécil! —Bakugo apretó sus hombros con fuerza, ocultando su vergüenza.

—Está bien... pero seré tu imbécil.
​Eijiro acortó la distancia y lo besó, sellando el fin de la amistad y el comienzo de algo mucho más profundo.




Continuara


...Disculpen la demora pero como quede sin el bendito internet no pude actualizar...

KiriBaku MonthDonde viven las historias. Descúbrelo ahora