11 ‹ patience

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Siente una opresión en su pecho la mañana siguiente, cuando sus pies cuelgan y tocan el suelo frío. Aquella habitación no tiene una decoración extravagante, es más algo monótono, con un reloj que hace sus nervios erizarse al hacer su clásico "Tic-tac".

Ha contado las horas, y gracias a que el sol se ha escondido dos veces, deduce que ya es su tercer día cautivo.

Hay un plato de comida sobre el escritorio que no quiere tocar, a pesar de que le ha dado un par de mordiscos a los emparedados que le han traído. Su cocinero debe ser alguien experimentado, pues el sazón es algo inigualable incluso para un sándwich sin mucha ciencia.

Usagi no se ha vuelto a aparecer en todo el tiempo que lleva encerrado. Quiere pensar que tras esfumarse de la sociedad, se les ha complicado todo y entonces el muchacho ha tenido que ensuciarse las manos.

Suspira por novena vez en esa mañana. No hay mucho por hacer en el reducido espacio.

A veces cuenta las gotas de rocío que caen deliberadamente por su ventana, otras dispone de los escasos libros sobre un pequeño mueble de costoso detallado.

Ha barajeado sus opciones. ¿Qué puede hacer si no desea ver a Soobin, Seori o Hoseok muertos? Después de todo, ellos eran sus pilares para no dejar caer la toalla.

— Maldito —Su insulto es muy bajo— Ojalá hubiera podido hacer más... Quizá ya estarías en la puta cárcel.

Por la ventana se cuela un débil rayo del sol, ensombrecido por varias hojas de distintos árboles. La situación le extraña, puesto que en la ciudad no es común encontrarse con tantos árboles juntos.

Lo que sospechaba desde el comienzo de su investigación se confirma. Se ubican en el bosque, por lo que puede derivar en una traba al momento de rastrear su paradero. El calmo sonido de las hojas al danzar le dan una sensación de mareo.

Al abrir las ventanas, se encuentra con que evidentemente hay barrotes que imposibilitan una posible huida. Además que al estar en un segundo piso, la opción de escapar por ahí no es viable. Con solo ver la distancia que lo separa del césped, la sensación de acidez se asienta molestamente en la boca de su estómago.

Barre la habitación con su mirada hasta visualizar la puerta del baño, lugar al que se aproxima y adentra para inspeccionar el interior. Es grande y espacioso, con sus paredes lisas color negro y un piso de cerámica figurada con una especie rara de estrellas blancas. Tiene macetas con plantas perfectamente cuidadas y cuadros por encima del lavabo.

La pared de la ducha está cubierta por cerámica marmoleada, lo cual es muy precioso de ver. Sin embargo, Jimin se apresura en abrir el mueble del lavabo para analizar el sistema de drenaje. Sonríe cuando las tuberías que lo conforman están hechas de cobre, lo cual resulta ser de su total beneficio.

Toma una de las toallas perfectamente dobladas sobre una estética estantería, rodea una de las conexiones soldadas y golpea las veces que son necesarias con su propio pie, pateándola hasta que cede. Repite la acción con el otro lado hasta que el duro material se vence y entonces se separa del sistema, dejando un daño notable en el lavadero.

Algo agitado por el esfuerzo empleado al momento de efectuar su plan, sale del cuarto de baño hasta encaminarse a la puerta. Por obra del destino, que por una vez se pone de su lado, ésta se abre y entra un omega desconocido que al verlo en la comprometedora situación, hace el amago de gritar, sin embargo, Jimin se abalanza sobre él para cubrir su boca e inmovilizarlo con su peso.

— Guarda silencio, no quiero hacerte daño —El joven, con rastros de lágrimas acechando en sus ojos color chocolate, asiente silenciosamente.

Hate Me (Kookmin).Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora