Al despertarse, su cuerpo está cubierto por sudor frío y siente que perderá el control sobre su respiración, ahogándose en un ataque de pánico.
Sus manos se ciernen sobre su rostro, acallando sus atropellados jadeos. No tarda mucho en abrir el cajón de su mesa de noche y sacar un frasco de pastillas, en cuya etiqueta se lee la palabra "Sertraline". Aquel medicamento que le ayuda a inhibir sus ataques constantes de pánico.
Es frecuente que aquella pesadilla, en donde sostiene el cuerpo de su ex marido, se presente en sus noches. Es casi una rutina, cosa que no puede afectarle más. Pero nadie lo sabe, ni siquiera su psiquiatra, a quien le ha mentido en varias ocasiones en busca de escapar de más medicación.
Al levantarse de su cama de doble plaza, estira sus músculos entumecidos varios minutos después, tratando de despejar su mente para que de a poco comience a dispersar la negatividad de su mente.
Su cuarto es medianamente grande y pulcro, con escaso decorado y parcialmente blanco. Solamente tiene dos cojines de color rosado sobre la cama, que luego de tender, observa con una mueca debido al tamaño. Es excesivo para solo una persona.
Sus pies se arrastran hasta la cómoda y saca su ropa interior, continuo a ello descuelga un saco de su armario y se desplaza hasta el cuarto de baño, que luce igual de inmaculado que la pieza contigua.
Luego de una ducha fría, en la que talla con rudeza las zonas más recónditas de su anatomía esbelta y bufa irritado cuando el jabón cae en sus ojos, se seca y viste, apresurándose hasta que baja las escaleras que lo llevan al salón y camina varios pasos hasta que llega a la cocina.
Al abrir el refrigerador, un único cartón de jugo lo recibe. Suelta una maldición exasperada al notar que no ha hecho las compras desde hace una semana y por ende no tiene muchas opciones para desayunar.
Tras azotar su puerta de entrada, una de sus vecinas más añejas trata de saludarlo con amabilidad, pero al ver que sus orejas humean por el mal humor, prefiere bajar su mirada apenada y escabullirse por su jardín hasta que se resguarda tras un rosal.
Vive en una zona residencial bastante tranquila, en la que se ha acoplado medianamente bien tras mudarse seis años atrás luego del asesinato de su alfa, incapaz de seguir viviendo en la casona que habría compartido durante sus años de matrimonio, debido al tormento que era descansar en la misma habitación sombría donde había fallecido.
Con lo que cobró a la familia que la adquirió más los ahorros que se esmeró en mantener en su caja fuerte, se hizo dueño de una casa notablemente más pequeña pero lo adecuado para un viudo. Además era cercana a la estación de policía en la que trabajaba; un edificio en Gangnam.
Al arrancar su auto y salir del fraccionamiento privado, su celular se conecta por medio del Bluetooth a los altavoces de su auto y deja sonar a un ritmo adecuado "When We're High" de LP. Sus dedos tamborilean sobre el volante cuando se atasca en el tráfico de una avenida, impaciente cuando el reloj avanza más rápido que el auto de al frente.
Luego de media hora de retraso, llega a su destino y estaciona el precioso Audi A5 Coupé que adquirió un año atrás después de un arduo esfuerzo. Su color es blanco brillante, por lo que es más fácil de ensuciar, evidenciado por las marcas de gotas de la llovizna de un día anterior.
Al entrar al edificio, varios pares de ojos se posan sobre su figura pero al cabo de segundos le restan importancia. La única novedad del día es que se haya presentado con retraso, siendo que es bien conocido por llegar puntual cada día del año, ya que todos se han acostumbrado a que uno de los detectives más influyentes dentro de la estación sea un omega.
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Hate Me (Kookmin).
FanfictionSer un omega dentro de una sociedad que restringe los derechos a una educación y proceso laboral decentes a los de su jerarquía no es nada fácil. Jimin lo tuvo claro tras el asesinato de su alfa, miembro de la policía nacional. Se ve obligado a olv...
