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La grieta se extiende conforme la realidad lo azota como una brava marea al llegar a las costas. Llega con fuerza, pero tiene un punto de quiebre al chocar con la tierra firme. Una marea con espuma de incógnitas que vagan mediocremente por su cabeza, nublada por un dolor que lo hace temblar. Su corazón se rompe y los trozos se desperdigan por su tórax, perforando sus pulmones; se aceleran, pues el aire retenido escapa y se asfixia con el sentimiento amargo de un amor marchito.

Siente que dos brazos lo sostienen cuando cae sobre sus rodillas; sus piernas flaquean y no son capaces de sostener el peso de su cuerpo. A su alrededor todo se escucha como un eco lejano, se ha sumergido en el mar negro de una verdad que ha sido desenterrada y ahora se convierte en su verdugo.

Una gota caliente recorre su mejilla con lentitud tortuosa, se desliza bellamente y cae sobre el suelo, explotando con un reflejo de añorados recuerdos. No se da cuenta del momento en que sus sollozos son más fuertes que los gritos del joven castaño a su lado. Quien lo zarandea, buscando sacarlo de su trance. Pero Jimin sigue ahí, incapaz de asimilar la reciente información obtenida.

— ¡Jimin! —Lo escucha. Es clara, pero su voz se distorsiona y solo puede escucharlo a él. Su voz gruesa, ronca.

Una y otra vez, las mentiras flotan como un objeto liviano en el agua. Se repiten como eco, como un disco rallado. Es la peor tortura cuando se ve así mismo encadenado por cada una de ellas, cegado por un amor falso que comienza a enfermarlo lentamente.

Y por primera vez, permite que los sentimientos controlen su cuerpo. Se rompe en un llanto desgarrador coreado por gritos que piden auxilio, ha vivido en una mentira. Solo quiere ser feliz. ¿Es eso acaso mucho pedir?

Mira al alfa a un lado suyo, quien está atento a él con un cálido deje de preocupación. Sus orbes rojos brillan cuando la luz anaranjada del atardecer los ilumina. En el horizonte, el sol grande y rojo va escondiéndose, dejando a su paso pinceladas violetas.

— Quiero irme de aquí —Ruega, con lágrimas estancándose en la cuenca alargada de sus ojos que permiten la huida de solitarios cristales— No quiero volver jamás a Incheon. Vámonos, Jungkook, vámonos de aquí...

El mencionado posa su angustiada mirada en la omega al otro lado, quien aplica fuerza en su agarre al deshecho azabache en el medio. Ella le devuelve aquel mirar afligido, coreado por más sollozos quebrantados bajo suyo.

El único alfa toma iniciativa y se hinca al frente de Jimin, quien permanece sumergido en un lago de ausentes balbuceos acuosos. Sus mejillas húmedas y enrojecidas son cubiertas por sus cálidas palmas cuando le obliga a mirarle, llamando su nombre varias veces hasta que logra sacarlo de sus cavilaciones.

— Hey, Jimin —Tiene la suavidad de un pétalo de rosa. Incluso sonríe cuando el omega muestra índices de querer tener esa charla.

Sus pulgares hunden la piel de sus mejillas cuando pasan por el esponjoso relieve, limpiando la humedad, y se detienen en los costados de su rostro.

— Lo siento mucho —Recita con verdadero pesar, como dagas clavándose en su pecho— No quería que esto fuera así, que terminaras así, pero necesito que devuelvas al Jimin que conocí. Mantente fuerte, te necesito entero. Vamos a irnos de Incheon pero no necesitamos llamar la atención de nadie, así que por favor, mírame, porque yo voy a apoyarte en lo que necesites. No voy a mentirte, no voy a dañarte. Déjame ayudarte...

Jimin le mira por largos segundos, sus ojos iluminados en turquesa vacilan al conectarse con los rojizos ajenos. Parece que se miraran por primera vez, pues no hay rastro de nada. Como si mirara un desconocido y este fuera su primer encuentro.

Se olvida entonces quién es el castaño al frente suyo, no existe más Usagi, las cenizas vuelan y se inclina hacia al frente, donde su pecho encuentra el contrario y sus brazos se enredan en el cuello del más alto. Su rostro se oculta en la curvatura de su cuello, donde yace su glándula de olor, siendo emisora de sutiles feromonas que le tranquilizan. Se siente en casa, en una gélida tarde de invierno mientras bebe una taza amarga de café.

Hate Me (Kookmin).Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora