21 ‹ melancholy

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La lluvia es cruel cuando azota su ventana y el viento silba en el exterior, moviendo los ramajes de los árboles en una triste melodía que instrumenta la deprimente sonata que es su llanto rellenando cada silencio después de un murmullo incongruente.

Aun palpita aquella herida que ha sido abierta sin ningún ápice de piedad. La verdad duele cuando revolotea en su corazón y hace eco en su memoria, donde se reproduce en un bucle tortuoso que se proyecta a forma de la sombra de un falso amor que ahora le asquea recordar.

En su boca se asienta un sabor amargo cuando la bilis busca escapar de su cuerpo. Siente el rastro fantasma de unos labios que amaron otro ser que no era él y un corazón que nunca fue honesto al recitar los mil poemas de amor cada que la luna se hospedaba en el punto más alto de un cielo estrellado.

Está sentado sobre el suelo, a los pies de su cama. La habitación luce sombría conforme la lluvia acrecienta su empatía con él al mostrarse igual de lesionada por la filosa hoja de una desapacible falacia.

En su dedo anular resplandece el más bonito anillo de oro, con costosos diamantes incrustados en él. Sus azabaches hebras se mueven a los lados, despejando su visión, cuando el omega alza su rostro y observa el detalle. Su vista yace nublada por la sombra de un lamento que deja estragos por su rostro inmaculado, pero es capaz de enfocarse en el nombre que está grabado con pequeñas letras en la parte inferior, que da a su palma.

"Kim Namjoon".

El recuerdo de su boda se manifiesta a forma de castigo. Le marea pensar en lo ufano que ese día se mostró, con su traje confeccionado en una tela costosa de color blanco que lo hizo lucir como el príncipe encantador que siempre creyó ser en un cuento que no resultó ser más que el perfecto montaje de la persona a quien entregó sin condiciones el más puro amor.

Porque él realmente podría haber matado por Namjoon. Era la persona con la que eligió arriesgarlo todo, incluso su propia felicidad con tal de que el alfa pudiera gozar de una vida plena. La cicatriz arde como brasas al florecer en el invierno tan gélido que su alma se ha encargado de pintar en su interior.

La imagen que mantenía sobre él ha sido manchada para siempre. Salpicada por el añejo vino de sus engaños. Sabe a dolor, salado es el gusto que percibe al relamer sus labios, el camino intermedio del vestigio hecho por sus lágrimas.

Su lobo se revuelca cuando su verdugo le azota, le hace rememorar las cenizas de la más amarga traición. Susurra a su oído palabras que desembocan en su quebrantar. Su cuerpo tiembla, se contrae al arrinconarse. Sus brazos rodean sus rodillas, pegadas a su pecho.

— ¿Por qué...? ¿Tan poco he valido para ti?

La incógnita sangra de sus magullados labios. Su voz se tiñe con un tono herido por un arma letal. Los relámpagos se reflejan en la pared paralela a la ventana, la sombra de los árboles le da una apariencia lúgubre a su recámara.

Pero entonces, el siguiente protagonista en el mediocre acto es la ira que corroe sus entrañas. Burbujea en su caliente sangre y evapora al manifestarse en su corazón. Se plantea la idea de darle fin a un capítulo más que redacta el diluvio de lamento que no a parado de nublar sus sentidos.

Retira el anillo de su dedo deslizándolo por la desigual superficie. Se siente desnudo cuando tras años de haberlo usado, orgulloso de portarlo, ahora no le causa más que náuseas. Lo observa brillar al centro de su pálida palma. Los relieves de las letras grabadas en él lucen gastadas, ligeramente sucias por la exposición al medio.

Entonces lo lanza lo más lejos que le es posible. Escucha cuando cae, es un sonido crudo. La habitación es grande y le costaría hallarlo después, si tuviera la intención de hacerlo. La rabia que lo consume avanza lentamente, es una etapa que le hace reflexionar el tiempo perdido.

Hate Me (Kookmin).Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora