Capítulo 4

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María José llegó a casa completamente exhausta y jadeante tratando de recuperar la respiración. Definitivamente, correr cinco cuadras seguidas sin parar y a toda velocidad no es una buena idea cuándo te duele absoluta y totalmente cada parte de tu cuerpo debido a los golpes que recibiste, recibió golpes en la cara, las piernas, la espalda, el estómago... En prácticamente: todas partes.

Cada escaso y pequeño centímetro de su cuerpo le dolía como si no hubiese un mañana, los pulmones le ardían debido a la falta de oxígeno y su mano, ni se diga, sentía que se la habían arrancado. Cada vez que intentaba mover al menos un dedo le quemaba como el infierno, soltando quejidos de dolor junto a montones de lágrimas e insultos para si misma.

Se recargó contra la puerta tratando de encontrar algo en que sostenerse soltando un grito de dolor al sentir el duro contacto de la madera contra su espalda adolorida. Lentamente, sollozando se deslizó hasta abajo recargando su espalda contra la puerta, que en ese momento era lo único que la mantenía estable. Lloraba porque le dolía, lloraba porque no se reconocía, llorona porque tenía miedo, lloraba por Alexa, lloraba por Gia, lloraba porque era rara, porque era diferente, porque no era como los demás.

Lloraba porque se odiaba a si misma.

Y, sólo dejó de llorar cuando creyó se le habían agotado las lágrimas, se levantó del suelo y fue escaleras arriba. Una dicha de agua caliente la ayudaría a relajar sus músculos. Cada gota de agua le ardía, sentía que se quemaba pero debía de hacerlo. Salió de allí una vez no quedaba ni un rastro de sangre por su cuerpo, entonces se miró al espejo.

Esa no era ella.

No podía creer lo que estaba viendo, jamás había llegado hasta esos limites. Le dolía ver su propio reflejo, y entonces recordó porque había dejado de hacerlo hacia bastante tiempo atrás, porque del simple echo de verse le aterrorizaba. No supo de donde pero algunas lágrimas comenzaron a salir nuevamente de sus ojos mientras se repetía una y otra vez "Idiota... Tu no mereces nada... No eres nadie... Sólo una simple lesbiana...", sonaba como Alexa. Pasó con delicadeza sus dedos por su mejilla y comenzó a detallarse.

...

Una vez que María José logró reaccionar, Alexa y Gia estaban detrás se ella, su corazón se contrajo. Ya no había nada de hacer. Era demasiado tarde.

"Pero mira nada mas quien está aquí" dijo Alexa acercándose a ella "¿Qué esperas? Ven aquí" ordenó tomándola por la camiseta y azotándola contra los casilleros

"Tal vez no estuvimos aquí el otro día, pero te juro que te lo compensáremos. Jamás vas a olvidarlo."

Alexa la tomó del cabello tirando de él para después lanzarla contra el piso y propinarle una fuerte patada en la pierna. Apretaba la mandíbula con fuerza tratando de reprimir los gritos que amenazaban con salir de su boca. Debía ser fuerte esta vez. Tenía que serlo

"¡Déjenla!" gritó Paula, tal vez no era problema suyo pero no dejaría a su amiga silufrir sola, si debía recibir algunos golpes no le importaría. Solo quería ayudarla

"Oh no, claro que no. Está vez no escapara"

Gia comenzó a golpear a Paula, pero no sin que ella no se defendiese dejándole algunas marcas. Kim intentó ayudarlas pero fue detenida por un par de chicos que la sostuvieron de los brazos para después recibir una fuerte patada de Gia en el estómago dejándola tirada en el suelo retorciéndose de dolor.

7 DÍASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora