Una vez que su prima, una mujer mayor que en ocasiones actuaba como su carabina, lo hubo acompañado de regreso a su casa de la ciudad, Sicheng recorrió a grandes zancadas el vacío vestíbulo embaldosado. Al advertir el objeto que habían dejado sobre la mesa semicircular que se apoyaba contra la pared, se detuvo en seco. Era un sombrero masculino de copa alta, de color gris y decorado con una banda de satén borgoña. Un sombrero muy peculiar, sobre todo si se lo comparaba con los sombreros negros que solían lucir la mayoría de los caballeros. Sicheng lo había visto en demasiadas ocasiones sobre aquella misma mesa, como una serpiente enroscada.
Un elegante bastón con el mango en forma de diamante se apoyaba contra la mesa. Sicheng experimentó el intenso deseo de utilizar el bastón para aplastar la copa del sombrero..., a ser posible, mientras estuviera sobre la cabeza del propietario. En su lugar, subió las escaleras con el corazón en un puño y el entrecejo fruncido.
Cuando se aproximaba a la segunda planta, donde se encontraba las habitaciones de la familia, apareció un hombre corpulento en el descansillo. Este lo observó con una insoportable sonrisa burlona dibujada en un rostro de tez rosada y sudorosa por el reciente esfuerzo físico, mientras un mechón de pelo, que llevaba peinado hacia atrás, colgaba hacia un lado como la cresta de un gallo.
—Lord Wu —saludó Sicheng con rigidez al tiempo que luchaba contra la vergüenza y la ira que se atascaban en su garganta.
Wu era una de las pocas personas a las que odiaba de verdad. Como supuesto amigo de su difunto padre, Wu visitaba con frecuencia la casa, pero nunca a las horas normales para tal fin. Llegaba bien entrada la noche y, contra todo lo que dictaba el decoro, pasaba gran cantidad de tiempo a solas con la madre de Sicheng, Victoria, en una habitación privada. Además, a Sicheng no se le había pasado por alto que, en los días posteriores a sus visitas, algunas de las facturas más acuciantes se pagaban de forma misteriosa y que algún que otro airado acreedor quedaba apaciguado. En cuanto a Victoria, se mostraba más sensible e irritable que de costumbre y poco dispuesta a hablar.
A Sicheng le resultaba casi imposible creer que su madre, que siempre había huido de las conductas indecorosas, permitiera que alguien usara su cuerpo a cambio de dinero. Sin embargo, era la única conclusión razonable a la que podía llegar, cosa que colmaba a Sicheng de una irremediable vergüenza y de ira. Su rabia no iba dirigida únicamente contra su madre: estaba furioso por la situación en la que se encontraban e, incluso, consigo mismo por no haber sido capaz de encontrar todavía un marido. Le había costado mucho tiempo darse cuenta de que, por muy hermoso y encantador que fuera y por mucho interés que le demostrara un caballero no iba a recibir una proposición. Al menos, no una respetable.
Desde su presentación en sociedad, se había visto obligada, a aceptar, poco a poco, que sus sueños acerca de un pretendiente apuesto y educado que se enamorara de él q e hiciera desaparecer todos sus problemas no eran más que una fantasía ingenua. La desilusión había calado hasta el fondo durante la prolongada decepción en la que se había convertido su tercera temporada. Y, en esos momentos, cuando se encontraba en la cuarta, la poco atractiva idea de convertirse en «Sicheng, el esposo de un granjero», estaba inquietantemente cerca de hacerse realidad.
Con una expresión pétrea, Sicheng trató de pasar junto a Wu sin decir palabra, pero éste lo detuvo al ponerle una mano en el brazo. Él retrocedió con tal aversión que el movimiento estuvo a punto de hacerle perder el equilibrio.
—No me toque —dijo con la vista clavada en el rubicundo rostro del hombre. Los ojos de Wu lucían muy azules en contraste con el rubor de su tez. Con una sonrisa, el hombre dejó la mano sobre la barandilla, impidiendo así que Sicheng alcanzará el descansillo.
—Qué poco hospitalario —murmuró con esa voz de tenor tan incongruente que mortificaba a muchos hombres altos—. Después de todos los favores que he hecho a esta familia... —No nos ha hecho ningún favor —respondió Sicheng de modo cortante.
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Verano (Yuwin)
Fanfiction"Un chico decidido a contraer matrimonio podía superar cualquier obstáculo, salvo la ausencia de un dote." Entra para conocer más UwU
