Capítulo 26

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Abrió sus ojos lentamente, miro en todas direcciónes y suspiro, nuevamente estaba ahí dentro.
Se levanto sacudiendo sus ropas y miró a su lobo quien al instante se puso frente a él a la defensiva.

—De nuevo nos vemos lobito— sonrió la mujer conocida de cabellera negra acercándose a él muchacho.

—Hola— hablo en un tono desanimado el albino.

No es como si le molestará estar ahí con aquella mujer, no, se podía decir que la extrañaba pero aún así su lobo seguía un poco lastimado y no se atrevía a perdonar aquella mujer y más que hora sabe que ella fue la pareja de William.

—Veo que se enteraron ¿no?— sonrió un poco agachándose a la altura de aquel hermoso lobo blanco intentando acariciarlo pero este le tiró una mordida provocando que alejara su mano nuevamente. —Supongo que te siente herido por mí... Si sirve de algo lo siento no quería lastimarte— las orejas del lobo se bajaron y no muy convencido se alejo sentandome tras de su humano.

—Se le pasará... De una o otra forma le agradas— se agachó quedando a la altura del lobo de la mujer quien sin pensarlo se acercó a el joven. —Se que me dijiste que tú nombre no importaba pero... ¿Cuál es tu nombre? y ¿Porque... Ambos tenemos o teníamos el mismo aroma?— conecto su mirada con la mujer y está solo se limito a sonrió.

—Mi nombre es Jadermy, Jadermy Robenson... Cuando mori tenía 18 años, era muy joven para todo lo que viví... Pero tuve una buena vida, muy buena... Me encantaba— su sonrisa se volvió nostálgica y su lobo se acercó a ella para consolarla. —Es todo lo que te puedo decir por ahora...— se levantó ayudando a el albino a hacer lo mismo.

—P-pero...— sus palabras se quedaron a la midad cuendo el dedo de la mujer se posó sobre sus labios.

—Después te explicare y resolveré todas tus dudas, por el momento tienes que regresar— dejo un beso sobre la frente contraria.

           Todo se volvió oscuro.         
             
                 
                




Frunció el ceño. Estaba echo bolita sobre el sillón comiendo un poco de mermelada, estaba molesto, no solo por el echo de que William no le había comprado el helado que quería sino también porque este se encontraba ya recuperado. Solo una semana fue los que le quedó de felicidad siendo él el dueño de la cabaña y por supuesto la sala. Ahora todo el asqueroso aroma a madera quemada y hierba estaba por toda su cabaña.

—Marck apestas— refunfuño el Alfa mientras terminaba de limpiar la mesa, dejando ahí su laptop.

—¡Pues ponte un tapón en la nariz y deja de olerme!— mordió la cuchara en su boca. No le gustaba que le dijera lo mal que era su aroma y olor cuando se molestaba.

—Ah~, no tengo remedio contigo...— rodo los ojos y se acercó a dónde estaba el menor para poder dejar una nueva bandeja de galletas.

No sabía el porque, mucho menos el como, pero el aroma del menor había cambiado, no solo porque era más tenue o porque el aroma a vainilla era más dulce, tenía algo más que no sabía descifrar, pero aquello lo hacía que lo consintiera aún más de lo que el lo hacía que lo consintiera.

Marcado A La FuerzaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora