24 ejercicios de escritura que tienen varios propósitos, como por ejemplo, practicar a escribir con distintos tipos de narrador, jugar con los puntos de vista de los personajes o incluso, hacer de disparador creativo los días en los que la hoja en b...
Hoy es una propuesta de un ejercicio que está relacionado con el anterior llamado "extrapolación". De hecho, es una segunda parte del narrador omnisciente.
Se trata de otro divertido ejercicio para el que utilizaremos el recuerdo de algún sueño que hayamos tenido. Intentaremos recordar al máximo ese sueño que nos haya marcado o que hayamos tenido recientemente, y lo explicaremos en un texto contado por un narrador omnisciente, incluyendo las emociones, pensamientos y reacciones internas de otros personajes que no seamos nosotros mismos.
· Nota: Si necesitáis saber sobre el narrador omnisciente, simplemente id hacia el ejercicio anterior donde queda explicado.
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VIGILA TUS SUEÑOS
Ella había vuelto una vez más a aquella casa. No recordaba cómo había llegado hasta allí. Nunca lo hacía, pero allí estaba. Con la angustia que le provocaba el saber de antemano qué se iba a encontrar dentro, empezó a subir los escalones de la entrada. Al llegar al porche, empujó la puerta que apenas hizo ruido al abrirse. La sensación de angustia iba en aumento, pero ella sabía que no podía dar marchar atrás, ya lo había intentado otras veces y siempre acababa pasando, lo que tenía que pasar.
Sabía que estaba soñando. Al principio, los primeros días que había tenido este sueño, cuando se había dado cuenta de lo que era, ella había intentado cambiar cosas. Por ejemplo, una vez su vestido no era blanco con florecillas rojas, consiguió que fuera rosa. Otra vez la puerta sonó como la verja oxidada del patio de atrás, chirriante y molesta. Sin embargo, nunca, nunca, pudo dar la vuelta y volver a bajar aquellos cuatro escalones del porche y marcharse por el sendero del jardín que la había llevado hasta allí.
No, ella sabía que ahora tendría que entrar, no podía hacer otra cosa, porque si lo intentaba, volvería a encontrarse delante de aquella misma puerta momentos después. Así que lo mejor era entrar de una vez y enfrentarse a lo que le esperaba al otro lado lo más rápido posible. Cuanto antes lo hiciera, antes acabaría todo.
Ella tomó aire y cruzó el oscuro umbral, mientras la angustia amenazaba con despertarla. Al otro lado, dentro de la casa, las risas de los que la esperaban flotaban en un mar de oscuridad. Un ambiente espeso y vahído, en penumbras.
—Vamos, no te quedes ahí, entra que te estamos esperando—, le dijo la voz cascada de la anciana.
Ella no respondió, sólo siguió a la fantasmal figura por un largo pasillo oscuro que parecía no tener final. La anciana abrió una puerta, una de la que hasta hace un momento parecían salir voces y risas, pero que ahora daba a una habitación oscura y silenciosa. Ella se quedó mirando al interior, mientras la anciana esperaba. No quería entrar, de verdad que no quería hacerlo, pero se sentía obligada.
La sensación de angustia había crecido mucho esta vez, y se había mezclado con un indicio de miedo. Se le estaba haciendo una bola enorme en el pecho, como siempre que llegaba a este punto del sueño. Sabía que tenía que tomar una decisión, otra vez, siempre la misma.
La anciana le sonrió, lo hizo porque quiso tranquilizarla, pero la sonrisa no hizo nada por calmarla. Al revés, la puso más nerviosa todavía.
La mujer miró a la niña dudar en el umbral, le hizo gracia que siempre hiciera lo mismo, aunque hoy parecía un poco distinta. Por un momento, dudó de su cometido, pero sabía bien que no podía hacer nada, porque del mismo modo en que la chica estaba metida en esto, ella también lo estaba. Tenía un papel que cumplir, un trabajo que hacer y lo haría hasta el final. Como siempre que la chica venía con el sueño hasta a aquí. La mujer tomó aire y se volvió a cargar de paciencia, esperando.
Después de compartir tantos sueños juntas, había cogido cariño a esta joven. La muchacha no se daba cuenta, pero dejaba traslucir todas y cada una de sus emociones, sus intenciones. Era transparente como la más inocente de las criaturas ¿Y así debía de ser, verdad? Porque sino, no entraría en este lugar sagrado cada noche.
Sí, apreciaba a la joven, la admiraba y la protegería de todo para que siguiera una y otra vez, realizando la tarea que se esperaba de ella. Hasta el final.
La chica miró al rostro de la anciana, esas facciones que le eran a un tiempo familiares y desconocidas y supo que se estaba quedando sin tiempo.
—Vamos niña, es la hora—, le dijo la mujer mientras ella misma entraba en la habitación con paso decidido y la cabeza alta, orgullosa como siempre por saber que lo que hacía, era lo que tenía que hacer.
Pero ¿y ella?, ¿era esto lo que tenía que hacer?, ¿tenía que entrar?, ¿se decidía, se lanzaba? Supo la respuesta incluso antes de que terminara de formarse la pregunta en su mente.
Ella dio un paso, y atravesó aquel portal.
Luego, el recuerdo de una luz blanca, pura y cegadora, que la hizo despertar y volver a su realidad. Una cama blanda, unas sábanas suaves, el sol colándose cálido por la ventana...
Un nuevo día la esperaba.
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Bueno, pues hasta aquí el sueño y el ejercicio. Espero que os haya gustado, dejadme saber en los comentarios qué os ha parecido.