El ojo de la cerradura

43 7 18
                                        

Un escritor no sólo es esa persona que disfruta de la escritura; también es alguien que siente interés por materias muy diversas y a quien, además, le encanta observar. Con esa premisa, hoy traigo un interesante disparador para el comienzo de un relato.

El ejercicio consiste en tomar como arranque la frase "Miró por el ojo de la cerradura", y luego responder a una serie de preguntas:

1. ¿Quién miró por el ojo de la cerradura?

2. ¿Por qué miró por el ojo de la cerradura?

3. ¿Qué es lo que vió?

Una vez hayas respondido a todas las preguntas, puedes seguir dando forma a la historia y crear un texto comenzando con la frase "Miró por el agujero de la cerradura..."

EL OJO DE LA CERRADURA

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

EL OJO DE LA CERRADURA

Ashling miró por el ojo de la cerradura, pero no pudo ver nada.

—¡Mierda! Está tan oscuro que no se ve nada —murmuró para sí.

Llevaba dos días viviendo en aquél casoplón del señor Kerry y aquella habitación no se había abierto ni una sola vez. Claro que el señor Kerry le había dicho específicamente, que no se acercara a aquel lugar y ni mucho menos abriera esa puerta. Pero ella era de la opinión de que si no querías que alguien investigara algo, no deberías prohibirle hacerlo, porque entonces lo pones sobre la pista, ¿verdad? Era algo así como cuando estás en un lugar muy elevado y el lumbreras de turno te grita eso de "¡No mires abajo!", con lo que evidentemente, vas y miras.

—Sí, si no quería que mirara, no haberme dicho que no viniera por aquí, ¿eh Melina? —le susurró al enorme gato gris y blanco que llevaba en brazos —. De todas formas, ¿qué será lo que guarda aquí dentro con tanto secreto?

El gato se revolvió en sus brazos y finalmente Ashling tuvo que soltarlo. En realidad le harían falta sus dos manos para poder poner en marcha su plan. Rebuscó en los bolsillos de sus pantalones, hasta que encontró la pequeña navaja de la que se había adueñado sin permiso esa misma mañana, cuando supo que el señor Kerry iba a irse a la ciudad y estaría sola en la casa. En ese momento decidió que no tendría una mejor oportunidad y en un minuto, armó el plan para saber de una vez por todas, qué narices había oculto en aquél lugar.

Ella estaba segura de que sería un misterio terrible. Algo verdaderamente oscuro y macabro, porque conociendo a aquél hombre, no podría habar nada bueno allí dentro. Por eso se convenció de que era casi un deber de buena ciudadana el averiguarlo.

Cuando su padre hizo aquél extraño trato con el señor Kerry, aceptando que ella pasara una semana en aquella casa aprendiendo todo sobre los tejemanejes del mantenimiento y la restauración del viejo hospicio, Ahsling se había enfadado. Pero ahora, estaba agradecida a la previsión de su padre. Ella realmente había aprendido unas cuantas cosas con aquél hombre arisco. Hoy, además, tenía la oportunidad de vivir su pequeña y propia aventura.

Con cuidado, introdujo la punta de la pequeña navaja en la antigua cerradura. La movió varias veces, al mismo tiempo que accionaba el pomo. Estuvo así más de un minuto, hasta que al final, oyó un pequeño chasquido. Movió el pomo una vez más y la puerta por fin se abrió.

Ashling miró por encima de su hombro con temor por si alguien pudiera verla. Era un temor infundado porque sabía que estaba sola en la casa, pero no pudo evitarlo. Una y otra vez rondaba por su cabeza la sabida frase que decía que "la curiosidad mató al gato". No pensaba que en realidad fuera a pasarle nada grave, pero...

Tomando aire para llenar sus pulmones, dio un par de pasos al frente y cruzó el umbral. Como había visto ya cuando miró por la cerradura, todo estaba oscuro. Tanteando la pared intentó buscar el interruptor. Cuando lo alcanzó y pudo dar la luz, sus ojos se cerraron por el dolor causado por el destello repentino.

Poco a poco fue abriendo los ojos, y en cuanto vio todo lo que la rodeaba, no fueron sólo los ojos lo que abrió desmesuradamente. Su boca también, debido a la enorme sorpresa.

—¡Dios mío! ¿Qué es esto? —exclamó casi sin voz, sorprendida, pero también un poco aterrada, mientras recorría la habitación observándolo todo.

En aquella habitación estaba ella. Por todas partes. Imágenes de ella en todos y cada uno de los rincones de aquél lugar. Bocetos y dibujos sobre una mesa robusta, junto a carboncillos y lapiceros. Cuadros colgados de las paredes con su rostro sonriente o dormido, lienzos, acuarelas... Montones de fotografías prendidas en pequeñas cuerdas la mostraban en cientos de momentos de su vida.

Ashling lo observó todo sin podérselo creer, y por primera vez en su vida, un terror como nunca había conocido le recorrió todo el cuerpo con un escalofrío y se apoderó de su corazón.

Fue el golpe en la cabeza lo que terminó de activarla y devolverla al mundo de los vivos. No fue fácil recordar qué hacía ella en aquella habitación de invitados, por lo menos, hasta que la garganta reseca le recordó que la noche anterior había estado nevando y en su casa se había quedado sin calefacción. Brian Kerry le había ofrecido amablemente una habitación para dormir y ella estaba tan cansada que no había tenido fuerzas ni ánimos para negarse. Recordó quedarse dormida sobre la mesa de la cocina mientras intentaba comer algo de queso y una manzana, pero por mucho que lo intentó, no pudo recordar haber subido las escaleras y llegar a la habitación. Menos todavía recordaba haberse acostado...

Un pensamiento se pasó por su cabeza, a lo que Ash se miró por debajo de las sábanas. Sí, estaba durmiendo con la ropa de ayer puesta. Eso le dio qué pensar ¿Brian Kerry la habría acostado? Si era así debería de darle las gracias, ¿no? Parecía que el hombre se estaba comportando y ella le debía todavía una disculpa desde la última vez. Debería añadirla a su agradecimiento.

Levantándose despacio, estirándose y terminando de sacudir de su mente y cuerpo las telarañas de la noche intranquila, pensó en su sueño. Últimamente, las pesadillas de Ashling implicaban demasiado al señor Kerry y eran tan reales, que le costaba distinguirlas mientras se despertaba. Es más, el sentimiento de angustia y el miedo permanecían con ella mientras intentaba localizar la puerta del baño para adecentarse un poco. ¿Por qué habría soñado algo así? ¿Tenía ella deseos de que Brian Kerry estuviera obsesionado con ella? ¿Le había él dado algún motivo para pensar que ella le atraía de alguna manera?

—Bueno, supongo que eso podrá esperar hasta después de la ducha —, se dijo a sí misma mientras abría una puerta al lado del vestidor y le parecía entrar en el paraíso.

—Bueno, supongo que eso podrá esperar hasta después de la ducha —, se dijo a sí misma mientras abría una puerta al lado del vestidor y le parecía entrar en el paraíso

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Hola a todos, ha sido un largo tiempo. Espero que todavía tengáis ganas de leer las aventuras de Ash que estoy utilizando para hacer estos ejercicios. Ella es un poco rara, pero es también entrañable. ¿Habéis tenido alguna pesadilla tan real y extraña como ella? 

Gracias por leer y espero veros en el siguiente ejercicio. Un saludo a todos.

24 Ejercicios de EscrituraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora