¡Manos arriba!

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EJERCICIO DE ESCRITURA Nº10 EL NARRADOR TESTIGO

En el ejercicio de "una comida familiar" se habló sobre el narrador testigo, que daría el punto de vista del personaje que presenciaba la discusión durante la comida. Sin embargo, los puntos de vista que se utilizaron en aquél ejercicio fueron los de ambos participantes en la discusión. En este nuevo ejercicio nº 10, se desarrollará el texto a partir del punto de vista de un observador, un personaje testigo de la acción.

Para hacer esto, vamos a ponernos en la siguiente situación:

Imagina la siguiente escena: un par de atracadores asaltan un banco en cuyo interior hay cuatro clientes y tres empleados. Uno de los empleados (que será el protagonista de la historia), reconoce a uno de los ladrones y logra salvar la situación a costa de su propia vida. Como el protagonista ya no está, puedes probar a contar la historia desde el punto de vista de uno de los testigos del atraco.

Otra opción puede ser probar a redactarlo después como un informe policial escrito por uno de los policías que acude a la llamada por el atraco.

Otra opción puede ser probar a redactarlo después como un informe policial escrito por uno de los policías que acude a la llamada por el atraco

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¡Manos arriba!

No me di cuenta de que algo malo ocurría hasta que no vi el arma negra sobre el mostrador, apuntándome.

—Entréganos el dinero, sin hacer tonterías y no te pasará nada, rubia— me dijo una voz amortiguada por una barba postiza.

Una voz que no consiguió engañarme ni por un segundo.

—¿Qué haces Miguel? ¿Estás loco?—le susurré al hombre que yo pensaba que conocía bien porque llevábamos un mes saliendo juntos.

—No me toques las narices Soraya y mete el dinero en la bolsa ¡Ya!—me dijo más nervioso y moviendo la pistola sobre el mostrador.

Por el rabillo del ojo vi que Domingo, el gerente, se acercaba a mi puesto con cara de haberse dado cuenta de que algo andaba mal. De pronto, otro hombre se puso al lado del que había sido mi novio hasta esta mañana y sacó otra pistola con la que disparó al techo.

—¡Todo el mundo al suelo, esto es un atraco!— gritó el otro ladrón.

—¡Tú, el de la camisa blanca! Ven y ayúdala a meterlo todo dentro— le dijo Miguel al gerente del banco, que al escuchar el grito del otro ladrón se había quedado paralizado.

Fue en ese momento, cuando la mujer embarazada empezó a chillar como si estuviera poseída, en vez de echarse al suelo como ordenaba el otro. El hombre mayor que había estado esperando su turno detrás de ella, comenzó a caminar hacia los ladrones empuñando su bastón como si fuera un bate. Una chica sentada al fondo, comenzó a grabarlo todo en vídeo y la única que se echó al suelo, fue una señora de gafas que había estado sentada en una silla.

En un instante, todo fue un caos. Un segundo tiro al aire, esta vez de Miguel, consiguió lo que el primero no. Todo el mundo se echó al suelo, menos Domingo, que aprovechó la confusión para lanzarse por encima del mostrador y agarrar de la chaqueta al segundo ladrón, dándole con la cabeza en el borde justo de la encimera. El hombre cayó al suelo como un saco de patatas y a mí me entró un mareo tremendo sólo por escuchar el ruido que había hecho su cabeza contra la madera maciza.

24 Ejercicios de EscrituraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora