Capítulo 4

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Me levante a las 6:30 de la mañana,  ya tenía una semana en el país, hoy sería el día más difícil de mi vida, me dirigía  a la clínica Istil donde tilo era atendido, al llegar camine hasta el ascensor, subí hasta el quinto piso donde estaba el consultorio del Dr. Miller, salude a la secretaria le di mi nombre y le explique que tenía cita con el Dr. amablemente me dirigió a una sala de espera.

Los momentos que estuve ahi fueron los momentos más ansiosos y largo que he tenido en mi vida, recordé todo lo vivido desde principio a fin. Me fui vivir a Boston a los diesiseis años, en mi tercer año de bachiller, Tilo me envió a la casa de la tia Isabel la unica pariente lejana que le quedaba, una viuda de setenta y cinco años, allí termine mi último año de escuela, ese año como otros tiempos de mi vida fue realmente difícil para mi, al  ingresar en un ambiente escolar totalmente diferente con la barrera del idioma y la clase de niña que era, llena de complejos y trastornos. Al  ingresar a la universidad creí que todo iba a cambiar pero no fue así, elegí la carrera de medicina, y con una carrera de esa envergadura donde las mayorías de libros eran en inglés y yo aun defendiéndome con el idioma tuve que coger un receso de un año y ya más tarde cuando ya dominaba el idioma retome mi sueño de ser médico, en este momento quisiera devolver el tiempo  y elegir otra especialidad.

Sra. Smith! levante la mirada, ahí estaban los ojos mas expresivos y brillante nunca antes visto, el dueño de ellos me estaba dando la mano: alto, moreno, con mirada profunda y una barba pronunciada  de aproximadamente treinta y tantos años, me quede ensimismada mirándolo con una especie de electricidad que me dejo inmóvil.

— Dr. Miller— se presento,  sin quitar la mano suspendida en el aire y yo aun sumergida en otro mundo, me levante del sofá ensimismada y al mismo tiempo avergonzada, le salude tímidamente y pedí disculpa por mi momento de ausencia, en total silencio nos dirigimos a su consultorio.

Su consultorio era minimalista con lo esencial para trabajar, tomé asiento, el me miro con escrutinio, su mirada  buscaba algo en mí y eso me hizo sentir incomoda, lo interrumpí de manera abrupta.

— Dr. Miller he venido para saber la situación de mi padre,—Le dije sin poder mirarlo directamente a la cara.

—Si! disculpe, aquí están los exámenes que se le hicieron al señor Rodriguez,— Me dijo pasándome el expediente medico y visiblemente aturdido con mi presencia.

—El paciente tiene un tiempo sintiendo los siguientes síntomas: diarrea, estreñimiento, Molestia abdominal persistente, calambres, gases, debilidad, fatiga y pérdida de peso sin causa aparente, por eso su  médico de cabecera lo refirió a nosotros, hace varios meses.— Yo resoplaba internamente, sentía que mientras mas el me explicaba el cuadro clínico de Tilo, yo me quedaba literalmente sin aire.

—Sra. Smith lamento decirle que el Sr. Rodríguez tiene  cáncer en el colon y en este momento está en la etapa terminar, estábamos dándole quimioterapia en paliativa.— Lo dijo tan despacio y claro  y aun asi, era difícil asimilar para mi como llego Tilo a ese estado, sabía que algo pasaba pero no pensé que fuera tan grabe, sabía que no se veía bien pero nunca imaginé que era esta clase de enfermedad, según la evolución de su cuadro clínico, sus probabilidades de supervivencia eran mínimas, dos lagrimas tan gruesa como la desembocadura de un rió bajaron de mis ojos me sentí muy mal en ese momento, mi corazón latía fuertemente, la vista se me nublo, llego un momento en que todo estaba oscuro y dando vuelta.

Desperté asustada, estaba sujetada de unas manos amable y suaves, esa calidez me hacía sentir algo que nunca había sentido, me abrace a ella llorando desconsolada, cegada de dolor me aferraba a esta persona, llore como nunca lo había hecho, llore con tal sentimiento, sentí un  profundo dolor que solo podía cuestionarme duramente el tiempo perdido, estaba demasiada entristecida para abrir los ojos y seguir en este mundo.

No sé qué lapso de tiempo paso, abrí los ojos y todavía mis mano sostenían esas manos, abrí los ojos antes de dirigirme al dueño de la calidez que me abrazaba, mire cómo me sostenía o más bien al parecer yo no lo soltaba, no dure mucho para darme cuenta de que estaba en el consultorio del Dr.Miller y que a él era a quien me mantenía aferrada, desde el momento en que volví a mis cabales,  ruborizada por la intimidad en la que estaba en vuelta acabándolo de conocer, desconcertada, de un salto me pare del sofá.

— Dr. disculpe... yo....— Me quedaba corta de palabras.

—No se preocupe Sra. —Me dijo con sutileza, entiendo por el momento que usted está pasando.

Después de componerme y hablar con el Dr. le dije que yo era medico  específicamente pediatra, me proporciono una copia del récord médico, pude observar la historia clínica de Tilo, los, análisis, estudio que le habían realizado para detectar esa maldita enfermedad y un nudo se formó en mi garganta, me reproche a mi misma, me exigí que no debía llorar, debería buscar una solución, que aunque podría ser una enfermedad terminar en el caso del tenía que tener fe porque un milagro podía suceder.

Salí de la clínica con la copia del expediente, decidí dejar el auto en el parking de la clínica y caminar un poco hacía la playa, estaba devastada y necesitaba tomar un respiro, estaba a vente minutos de distancia de Istil me parecía muy poco ese tiempo caminando ya que tenía un mundo de pensamientos, en mi interior había muchos sentimientos encontrados, el era una de las personas que yo mas amaba, solo de pensar que ese maldito cáncer quería arrebatármelo, después de tanto tiempo de sufrimiento me hacía sentir devastada y sin orientación, el trayecto a la playa fue pesado, a pesar de la distancia sentí que caminar hasta ya no daba el tiempo suficiente para encontrar una solución, estábamos en noviembre ya el frió de el invierno se sentía, me senté en la arena y abrace mi propio cuerpo. Mi mente voló rápidamente a una escena de antaño, era diciembre Tilo me sostenía las manos con fuerzas y me daba vueltas sobre la arena, yo en ese tiempo era muy feliz, a la mañana siguiente Tilo me preguntaba que quería hacer en ese día ya que era festivo, yo le dije sin dudar que queria vueltas en la arena, él sonrió como de costumbre y para mí era como si el sol en ese momento  brillara solo para mí, desde ese momento las vueltas en la arena de la manos de Tilo era algo mágico.

Seguía abrazada a mis miserias, ya el sol comenzaba a calentar, yo seguía inmensa en mis pensamientos, ahora me decía que cuanto daría porque Liz estuvieran conmigo y  conocieran mi pueblo, que Tilo pudiera darle vueltas en la arena como lo hacía conmigo, seguro Liz  lo disfrutaría al máximo al igual que yo lo hice en mi niñez.

Perdida en mis pensamientos no percibí que el sol había dejado de calentarme, eran tantos pensamientos pero ninguno tuvo un hilo de cordura ni siquiera era capaz de recordar que día era, ni cuantas horas había pasado allí, solo sentía este profundo dolor que me embargaba desde el momento en que sospeche que algo no estaba bien con Tilo.

Estaba  perdida no tenía un plan de cómo llevar esta situación ("hay cosas que pasan tan de repente que no te dan oportunidad de analizar y actuar, y lo más lamentable es que el tiempo que se va ya no volverá").

Levante despacio mi cuerpo, estaba como cuando eres de vidrio y estás rota por todas partes, con miedo a desarmarte, ya que sabes que "cristales rotos nunca vuelven a unir sus fragmentos a la perfección".

Camine despacio hasta el parking de Istil saque mi celular para darme cuenta de que había pasado prácticamente diez horas divagando, subir al auto y me dirigí a la casa.

Volvere a  ti (Completa)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora