dos

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"mirarse al espejo y que tú reflejo
sea solo un puto espejismo..."

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el pelinegro camino hasta la casa de su amiga, todos los días iban juntos a la escuela y más que nada quería disculparse por lo que había pasado el día anterior, se sentía mal de solo pensar que su amiga se había quedado como una pelotuda esperándolo mientras el charlaba amenamente con la piba que le gustaba.

la chica abrió la puerta, tenis unas ojeras enormes, su cabello atado y ya llevaba su mochila.

- Sib, perdón por lo de ayer. Si querés putearme lo podés hacer todo lo que quieras, podés mandarme a la mierda, e inclusive dejar de hablarme soy un pelotudo la Posta que si. - ella solo negó y soltó una leve sonrisa.

le había afectado, pero ya estaba acostumbrada a todo ese tipo de cosas, no por Mauro. Por amistades anteriores, familia e inclusive relaciones.

- Está todo bien Mau- suspiró - no te preocupes ni te hagas la cabeza, no estoy enojada - la chica no mentía, no estaba enojada. Tenía pocas ganas de hacer las cosas, se sentía cansada todo el tiempo y no quería invertir su poca energía en enojarse con su amigo.

- boluda mándame a la mierda, que se yo hace algo que la Posta me siento la peor persona del mundo - Mauro podía llegar a ser una de las personas más pesada que podrías conocer, tiene un humor muy particular y puede ser muy jede, pero no le gustaba hacer sentir mal a las personas, el sabe con quién joder y en qué momento detener su humor. Y sabía que lo que había pasado podía afectar. - el verdadero hijo de puta soy

- mauro, la concha de tu madre, te prometo que todo está bien. No me voy a enojar por eso - lo miro - dale, vamos que se hace tarde- el de quedó más tranquilo después de saber que no estaba molesta ni tampoco se sentía mal.



Al terminar las clases Sibel vio a Mauro hablar muy feliz con Nadia, sonrió y salió de la escuela. Podría regresar sola a su casa. No le molestaba estar con el, peor a veces no quería estar en su casa y le gustaba tomar el camino más largo de regreso.

se puso el gorro de su buzo y metió las manos a sus bolsillos.
tampoco tenía ganas de escuchar música, le pareció extraño pero no le dió importancia.

después de llegar a su casa más a fuerzas que de ganas subió a su habitación.
Lanzo la mochila por algún lugar y se dejó caer en su cama

-que difícil es existir - murmuró - ya no quiero existir.

todas las mañanas repetía eso, los primeros meses pensó que solo era flojera como todos, después se dió cuenta que realmente le cansaba vivir.

Por su parte mauro llegaba recién a su casa, estaba más feliz que de costumbre y no sabía porque.

Entro y saludo a su mamá.

- ¿cómo te fue hoy?- le pregunto sonriente

- todo piola ma, ¿vos que onda?- el pelinegro tomo un helado de la nevera.

- deja de comer helado que te vas a resfriar - lo reto y el solo comenzó a reír

-andare un rato fuera ma- dijo y volvió a salir, pero esta vez con su patineta.

últimamente se le hacía extraña la actitud de Sibel.
No entendía el porque tenía demasiadas ojeras, ni el porque siempre le decía que no tenía ganas la mayor parte del tiempo cancelaba los planes.

uno de ellos era enseñarla a andar en skate, al principio la noto entusiasmada y feliz, pero después de la nada le dijo que ya no tenía ganas de aprender.

En sus batallas ya no la veía feliz como antes, supuso que solo era porque se comenzaba a aburrir.

Pero la vida es un arma de dos filos, todos somos una moneda con dos caras.
Hay una cara que mostramos a nuestros amigos, familiares, conocidos. Y la cara que nos mostramos en nuestro espejo. Esa cara que solo conoce uno mismo.

un claro ejemplo es la situación de Sibel en este momento

la rubia estaba sonriendo con mauro, no quería preocuparlo ni hacerlo sentir mal por una "tontería".
Se reía de sus chistes y hablaba tranquilamente.

pero al llegar a su casa, la moneda cambiaba de cara y solamente tenía ganas de llorar. Se sentía miserable por sentirse así.

porque cuando la depresión te invade hasta hacer algo tan simple como levantarse de la cama, lavar tus dientes, tomar agua, arreglarte. Se vuelve una misión imposible.

pero ella no quería darse cuenta, ella pensaba que solo estaba cansada por no poder dormir, y que cuando lo logrará hacer se sentiría mejor.

ella no noto su depresión, nadie la notaba.

por más que la depresión estuviera siendo lo más obvia posible, la consumía.

que la depresión te consuma es lo peor que puede pasar, pierdes todo, te pierdes a ti mismo.

cosas tan sencillas te causan conflicto, estrés, desesperación. Poco a poco te consume tu propio caos y todo se vuelve caótico.

La depresión es silenciosa, empieza de a poquito.

Empiezas perdiendole el gusto a lavarte los dientes, lo consideras innecesario y poco a poco dejas de hacerlo.
Después te da flojera recoger tu ropa o cualquier cosa que se haya podido tirar, no  sientes la energía para levantar cualquier cosa que este tirada.

después empiezas a sentirte profundamente triste, inseguro y con baja autoestima.

es ahí cuando notas que el caos te esta consumiendo y poco a poco te destrozas.

tal vez mucha gente diga que es una tontería, que el querer es poder.
Pero no es así, la depresión ataca cada parte de ti. Y no basta con un "querer es poder" "o con un distraerte".

si no pones atención a tu depresión puedes llegar a cometer suicidio.

era lo que le pasaba a sibel, ese pequeño caos la atrapaba poquito a poquito

y talvez se daba cuenta y no quería preocuparse, no queria preocupar a los demás.

pensaba que solo quería llamar la atención de alguien porque se sentía en soledad.

no me maten por hacer una fic tan triste

Depressive; Lit Killah || terminada ||Donde viven las historias. Descúbrelo ahora