Something

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¿Y quién no tiene un amor?

¿Y quién no goza entre amapolas?

¿Y quién no posee un fuego, una muerte,

un miedo, algo horrible,

aunque fuere con plumas,

aunque fuere con sonrisas?

Alejandra Pizarnik



POV: Alex Vause

Desde que Piper llegó a mi vida imaginé muchos días que ella me quería, como sería saberlo, como sería sentirlo, vivirlo. Aún me sentía en una burbuja rosa que flotaba en el viento, tan surrealista, tan mágico. Ella y yo en una misma sincronía de placer, en mi cama, en mi hogar, mi lugar seguro, a la luz del alba con mi cabeza y manos flexionadas contra una almohada y mis rodillas dobladas dejando a la disposición de mi mujer mi sexo. Ella estaba entre mis piernas frotando mi clítoris con suavidad con sus dedos que eran como mágicos cuando tocaban mi cuerpo, con su otra mano acariciaba mi espalda tan delicadamente.

— Así te mereces despertar todos los días preciosa, en cuatro para que tu mujer te haga feliz — me susurró mi demonio mientras introducía lentamente dos dedos en mí. Yo suspiré mordiéndome el labio inferior y apretando más la almohada.

— Me encantas, desde que despiertas eres una pervertida — susurré mientras ella empezaba a nalguearme con su mano libre.

— Te recuerdo que tú me despertaste para comerme el coño — me dijo inclinándose sobre mi espalda para besarme sin dejar meter y sacar sus dedos de mí. No pude contestar, sus embestidas eran más fuertes y rápidas que me hicieron morder la almohada, no quería hacer ruido. Ella me vuelve loca, sentir sus besos mojados en mi espalda, sus pezones erectos que me rozaban al ritmo de sus movimientos, su cuerpo inclinado sobre el mío y lo delicioso que se sentían sus dedos entrando y saliendo con mayor libertad por la posición en la que estaba.

— Tenía sed de ti, ¿qué tiene que de malo que quiera comerme el coño de mi mujer de desayuno? — expresé entre gemidos.

— Puedes comértelo a la hora que quieras y donde quieras, así como yo te voy a nalguear y darte duro cuando yo quiera — contestó intensificando sus embestidas, yo estaba muy mojada, amaba escucharla y sentirla tan sucia, tan demonio, tan mía. Podía escuchar los golpes de sus dedos mojados entrando y saliendo en mí con rapidez mientras mi cuerpo empezaba a temblar de placer.

Cuando sentía que me iba a correr, ella hizo que inclinara más mi espalda, abrió más mis piernas y sentí como cambió sus dedos por la lengua. Con el mismo furor que me daba con sus dedos ahora lo hacía con su lengua. Yo suspiraba contra la almohada sentía que mis piernas no iban a resistir. Cuando deslizó su lengua hasta mi clítoris y la empezó a mover sin parar castigándolo entre sus labios, no pude reprimir un gemido gutural. Implorándole que no parara me corrí para ella, para mi demonio que por fin la sentía mía.

Caí acostada de espaldas con mi cuerpo débil, a los segundos sentí sus brazos rodeando mi cuerpo. Ella besaba lentamente mi piel, sentía sus labios mojados, sentía su cariño y devoción con la que me tocaba.

— Al, amo tenerte así, pero ¿no crees que debes regresar con Leo? — me preguntó al oído.

— Es domingo, Leo se despierta tarde, no se dará cuenta que lo dejé desde 1 de la mañana — sonreí con los ojos cerrados sintiendo como ella repartía besos en mi espalda.

CONTIGO O ¿SIN TI? Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora