Capítulo 15

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Hola! Os traigo un nuevo capítulo de esta historia que espero que os encante, va con todo el cariño del mundo.

La verdad es que tenía un bloqueo importante, no sabía cómo continuarla y me frustré un montón, pero gracias a Carla que me soportó súper pesada pidiéndole ayuda me dio un poquito de luz con algunas ideas que me parecieron geniales, consiguiendo romper el bloqueo. Aplausos a ella que es la mejor, Gracias carla por tanto.

Va dedicado por supuesto a carla porque me ha ayudado a encauzar la historia, a Cris porque si ella no me hubiese obligado a escribirla no habríamos llegado hasta aquí y a Ka porque es la mejor persona que me ha regalado la vida.

Sin más, leed y disfrutad. Recordad que vuestros comentarios me dan la vida y me animan la cuarentena.

XV

Descalzándose en el rellano, cogió sus tacones con una mano, girando con cuidado la llave en la cerradura sin hacer ruido, pensando que seguramente tanto Xavi como el pequeño Jordi dormían, entrando a su casa más temprano de lo que pensaba que iba a llegar y con el alma mucho más nublada que al marcharse.

De puntillas, sin atreverse a encender la luz, sus pasos cargados de sigilo la llevaron al cuarto de baño, donde su reflejo le devolvió su rostro descompuesto, su mirada enrojecida y surcos en líneas irregulares oscuras marcando sus mejillas, el recorrido de sus lágrimas, provocándole una mueca cargada de tristeza en los labios, justo antes de abrir el grifo y dejar que el agua fría fuese borrando los restos de su propia tormenta.

Con el rostro limpio de maquillaje, libre de disfraces y de marcas cargadas de cada una de sus dudas floreciendo sin poder esconderlas, suspiró suavemente, llevando su mano a sus cabellos, acariciándolos y deshaciéndolos entre los dedos, aferrándose casi sin darse cuenta al lavabo con demasiada fuerza, sin dejar de mirarse, sin dejar de analizar en qué momento había perdido el equilibrio, dejándose arrastrar a ese abismo que no tenía nombre, que no podía comprender, que no sabía cómo combatir...

Notando como las lágrimas, cargadas de rabia y frustración, aparecían una vez más en su mirada cristalina, apartó los ojos de su reflejo con demasiada rapidez, agachándose para recoger sus zapatos, encaminándose una vez más, sigilosa como un fantasma, a su habitación.

Con infinito cuidado para no hacer ruido, dejó sus tacones en una esquina, mirando unos instantes como Xavi dormía profundamente, enredado en la sábana, sonriendo suavemente ante su muda contemplación y abrazándose a sí misma, justo antes de decidirse a cambiarse, cambiando su traje por el pijama, acariciando la suavidad del tejido del mismo con su piel y saliendo de la estancia, buscando a tientas llegar a la habitación de su bebé, sabiendo que dormía ya que ningún sonido le llegaba por el aparato de escucha mas con el deseo lacerante de mirarlo, como toda madre que se ausenta y al volver solo desea dejar una suave caricia en los cabellos de su pequeño.

No supo cuánto tiempo perdió, agarrando con cuidado la cuna de Jordi y mirándolo con esa sonrisa que solo salía cuando su pecho estallaba de ese amor, único e inimaginable, que ese ser tan absolutamente perfecto le despertaba, sin llegar a acariciarlo por miedo a arrancarlo de su sueño, observando cada detalle de su rostro pequeñito, su naricita, sus ojillos cerrados, el chupete entre sus labios y sus cabellos oscuros, formando pequeños caracolillos rebeldes.

Lentamente, volvió a suspirar, cruzando sus brazos bajo su pecho al echar un último vistazo a su bebé, perdido en su propio mundo de los sueños, justo antes de abandonar la habitación y dirigirse a la suya propia, a su cama donde refugiarse de sus miedos, de sus dudas, de ese resquemor en la boca de su estómago, girado y despierto, mientras su mente se llenaba, por mucho que intentase evitarlo, con la imagen de Irene, confundiéndola, despertando sus tormentas.

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