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Ocurrió el día de San Valentín. En realidad solo fue una coincidencia, una ironía. Un accidente del tiempo que lo hacía todo aún más doloroso.
Era el día de San Valentín, miércoles a las 9:15 am en la Executive Tower del Casino y Hotel High Kim.
Adeline estaba recibiendo instrucciones sobre los correos electrónicos que debía enviar. Su jefe, Kim Namjoon nunca redactaba los correos para los directores y subdirectores que tenía por debajo. Le decía a Adeline lo que quería comunicar y ella, su secretaria personal, le daba forma con las palabras apropiadas.
- Tenemos que hacer algo con el maldito descenso del río en balsa... - decía Namjoon .
Adeline sonreía y lo apuntaba en su cuaderno. High Kim tenía río propio, incluso con rápidos para practicar rafting. Las bajadas por el río eran un gran atractivo para los turistas, tanto que siempre había largas colas, justamente por la carretera que llevaba al casino. Y en High Kim como en casi todos los complejos hoteleros de juego y apuestas, nada podía interponerse en el camino hacia el casino.
Todo el mundo lo llamaba primero "hotel" y después "casino", pero todos sabían que era al revés.
- Mándale un correo Jimin
Jimin era el vicepresidente.
- Dile que ponga en su sitio a Jungkook .
Jungkook era el director en el área de actividades de aventura.
- Hay demasiada gente formando una cola para los rápidos cuando deberían estar jugando en las mesas y a las máquinas. Jungkook debería saberlo. Dile que suba el precio de la bajada hasta que nadie quiera pagarlo, que cierre la atracción. Lo que sea. La cola está en medio y quiero que desaparezca.
Ocurrió en aquel mismo momento. Adeline levantó la vista de los documentos que estaba hojeando, todavía sonriendo ante la idea de que una inocente bajada por los rápidos de un río pudiera hacerle sombra a las todas poderosas mesas de juego.
- Y antes de la reunión con la comisión de planificación, necesito que compruebes...
Adeline no pudo asimilar el resto de la frase. Sintió que el mundo se paraba a su alrededor, como en una película de ciencia ficción, en la que ella continuaba andando y hablando y todo el mundo al que conocía estaba petrificado.
Si, el mundo se quedó paralizado. Completamente. Incluyendo a Namjoon .
Estaba sentado en su sillón de suave cuero negro, en su escritorio, y tras él un enorme ventanal. Bajo él se extendía la ciudad de Seoul, una tierra de torretas y torres. Tenía un brillo mágico. Pero no era la ciudad lo que Adeline estaba mirando totalmente absorta. Miraba a Namjoon. Al fijarse en él y en cada uno de sus rasgos físicos, todo le parecía dolorosamente claro.
Alto, con cara preciosa, sus mejillas adornadas por esos positos que se asomaban cada vez que sonreía y con unos hermosos ojos cafés chocolate. Cabello rubio cenizo el cual llevaba perfectamente peinado. Traje a la medida y camisa de seda.