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Adeline ya estaba en su escritorio cuando el Kim entró en la oficina.
- Buenos días Adeline. Dame 20 minutos y repasaremos la agenda ¿te parece?
- Namjoon…
El rubio se detuvo con la mano en el picaporte y se volvió hacia la ojimiel. Estaba extrañado. En realidad se había quedado extrañado varias veces últimamente. Quizá porque Adeline había estado actuando de una forma rara y lo había notado, aunque normalmente no lo hiciera. Estaba esperando a que le dijera lo que tuviera que decirle.
- Yo… eh… - la voz le salía tensa y chillona.
- ¿Si?
Adeline tosió para aclararse la garganta y respiró profundo.
- Necesito hablar contigo. A solas. Es un asunto personal. Me pregunto si te importaría venir a mi habitación esta noche.
“Sugiérele una hora” le dijo la parte de su mente que todavía guardaba la capacidad de razonar.
- Ehhh… ¿te parece bien cerca de las siete?
El Kim tardó 5 segundos en contestar. Se quedó ahí mirándola con aquellos ojos chocolate que no dejaban traslucir ninguna información. Finalmente preguntó con amabilidad.
- ¿Sobre qué Adeline?
- Preferiría esperar a hablar contigo cuando estemos solos.
- Estamos solos ahora. Es tan buen momento como cualquier otro, ven a mi despacho y podemos…
- No, de verdad. Siento ser tan estricta con esto pero prefiero no hablarlo en la oficina. Te estaría muy agradecida si vivieras a mi habitación esta noche. Hablaremos ahí.
Namjoon la miró durante un buen rato ¿en qué estaría pensando? Adeline sentía que le iba a dar un infarto por los nervios.
- Bueno… ¿estoy muy ocupado hoy? – preguntó con humor apagado.
- Eh… no. A las siete no – sonrió forzadamente Adeline.
- Entonces muy bien. En tu habitación a las siete.
Se dio la vuelta y entro a su despacho. Después cerró la puerta silenciosamente.
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