Pequeña gran revolución

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MIRIAM:

Unos segundos después el dolor intenso que se había acumulado en la parte baja de mi enorme barriga va relajándose.

- Ya está, ¿vamos a comer?

- ¿Seguro que estás bien? Miriam podemos ir al hospital - dice mi amiga preocupada. Estamos los cuatro en la pequeña habitación, ya que Marta ha venido al oír las voces preocupadas y los ruidos de dolor que he dejado durante la contracción, me siento incómoda.

- No son las primeras contracciones que tengo, seguramente no será nada. ¡Venga vamos, que me estáis poniendo nerviosa aquí todos! - Aitana me besa en la frente y Roi me acaricia la espalda.

...

La casa está en completo silencio, mis dos amigas duermen cómodamente en mi cama y el futuro padre descansa en el sillón de la sala. El reloj está a punto de dar las cinco de la tarde y los dolores son cada vez más fuertes y más seguidos, las manos me tiemblan mientras busco por los cajones del despacho, entre las pocas cosas que he ido acumulando, los últimos documentos e imprescindibles que necesito para la llegada de mi hijo. El corazón se me acelera cuando me vuelve a llegar otra contracción, mi móvil me avisa que hace siete minutos de la última, me apoyo en la mesa y sólo pienso en verle la carita pero el miedo al parto y los problemas que puedan surgir cada vez es mayor.

- Ya ha pasado, ahora hasta la siguiente. Todo esto ya está, voy a peinarme.

- Miri, ¿todo bien?

- Sí, sólo hablaba en voz alta. Ven, ayúdame. - Aiti aparece por la puerta del baño cuando yo intento domar mis rizos, así que aprovecho que hay alguien despierto para hacerme la última foto de la evolución de este embarazo.

Aitana me enseña la foto y se distrae mirando las demás y como poco a poco la barriga va disminuyendo, recordando los inicios de esta aventura.

- Menos mal que entre contracción y contracción puedo hacer algo...

- ¿Qué? Miriam, ¿estás de parto? ¿Por qué no nos habías avisado?

- Ay, espera que me ha cogido una rampa aquí en el glúteo... Otra, apúntalo al móvil porfa... - mi voz se rompe sabiendo que el momento ya ha llegado y ya no habrá nada que lo detenga.

- Eh, cariño. ¡Si eres toda una campeona! Ahora avisaremos a Roi y lo intentaremos hacer lo mejor posible. Todo irá bien, ¿me oyes?

...

Un poco antes de las seis y media todo el mundo está alerta para salir en cualquier momento hacia el hospital, sólo falta avisar al coche en el momento exacto.

- Ay, ya viene otra...

- Venga va, respira... así muy bien - Roi me acaricia la espalda mientras mis amigas me preparan un vaso de agua, el nerviosismo se nota en el ambiente.

- ¿No quieres la pelota? - me dice riendo observando como hace días que la dejé preparada y ahora ni caso le hago.

- Te voy a matar si te ríes...

- Es una risa nerviosa... - dice mirándome sincero. Finalmente me pasa la pelota y yo le agradezco todo lo que está haciendo con una sonrisa.

- Uf, duele, esta duele demasiado. - me levanto de la pelota y ando un poco hasta llega al sofá y apoyarme en él. - Me gustaría verte a ti aquí y así... - mis amigas se ríen y él vuelve a darme la enorme pelota plateada.

- Se concentra mucho el dolor aquí abajo y no puedo, m... - digo probando varias posturas para sentarme en la pelota mientras mi cara muestra muecas de dolor.

Procuro olvidarteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora