Petricor

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Marinette bajó las escaleras a saltitos alegres, orgullosa de su puntualidad. Luka estaba a punto de llegar, y prefería mantenerlo a salvo del entusiasmo de su padre mientras pudiera, así que había decidido esperarlo por fuera de la panadería para tratar de escapar de la apabullante atención de Tom.

Dudaba si volver a encender su teléfono móvil cuando escuchó vibrar el timbre de la bicicleta de Luka. Sonrió, saludándolo con la mano, y se elevó sobre las puntas de sus pies para darle un suave beso en los labios cuando llegó a su lado.

--Ummm, confieso que ese recibimiento me ha encantado --sonrió él, inclinándose hacia delante para buscar otro más.

Marinette se lo dio de buen grado, al igual que un tercero, y luego un cuarto, más largo esta vez. Y estaba dispuesta a hacer durar el quinto hasta que les faltara la respiración cuando el chico se apartó de repente, dejándola con la miel en los labios.

--Buenas tardes, señor Dupain --saludó, cortés, haciendo que Marinette se volviera con premura.

--Oh, ¡oh! ¡Hola, papá! ¿Qué haces ahí? Aunque claro, es nuestra panadería, así que estás ahí por eso, pero... ¿por qué en la puerta? --farfulló con voz aguda.

--Buenas tardes, muchacho --saludó Tom, ignorando el apurado tartamudeo de su hija--. Quiero a mi pequeña de vuelta a las ocho en punto, ¿entendido?

--Por supuesto, señor. Aquí estaremos.

--Y portaos bien --frunció el ceño con severidad, tratando de lucir intimidante.

--Descuide. Le prometo que no le daremos motivos de preocupación --Luka mantuvo el aplomo, sosteniendo su mirada, y Tom exhaló un suspiro y relajó el semblante.

--Sé que eres un buen muchacho, hijo --dejó caer una de sus manazas sobre su hombro--. Solo, bueno... Marinette es mi niñita, y me preocupo por ella.

--Lo entiendo, señor Dupain...

--Llámame Tom --lo interrumpió el hombretón.

--Lo entiendo, Tom --se corrigió el chico--. Y le aseguro que no tiene nada que temer.

--Papá... --advirtió Marinette entre dientes, totalmente colorada. ¿Su niñita? ¡Ella ya no era ninguna cría, ni necesitaba quien la defendiera! Ya hablaría con él más tarde. ¡Y vaya que la iba a oír!

Tom miró sobre su hombro para encontrarse con la mirada seria de Sabine, que lo escrutaba brazos en jarra.

--Bueno, chicos, pues yo os dejo. Disfrutad --se despidió con un gesto de su mano y se apresuró a volver junto a su mujer.

--Disculpa, Luka --musitó Marinette, avergonzada--. A veces a mi padre le cuesta asumir que ya no soy una niña pequeña, y que soy perfectamente capaz de cuidarme sola.

--Bueno, a lo mejor lo que ocurre es, precisamente, que se da cuenta de que ya no eres tan niña, y teme que yo pretenda que lo pasemos... indecentemente bien --replicó Luka, buscando su mirada y subiendo y bajando las cejas en un gesto entre cómico y seductor que la hizo enrojecer hasta la raíz del cabello--. Después de todo, soy el infame guitarrista de una banda de rock.

--No seas tonto --Marinette golpeó con el puño el hombro del chico, que echó la cabeza hacia atrás mientras reía suavemente.

Luka la ayudó a acomodarse, y luego comenzó a pedalear. Marinette se relajó a su espalda, dejándose llevar. La cafetería estaba cerca, junto a una acogedora arboleda donde podrían dejar la bicicleta mientras disfrutaban de unos dulces y alguna bebida caliente. El aire estaba cargado de humedad, y una brisa fresca agitaba sus cabellos; había electricidad en el ambiente, y un cómodo silencio entre los dos.

Cuando llegaron a su destino y desmontaron de la bicicleta, Luka abrazó a Marinette contra su pecho con ternura.

--Tu padre puede estar tranquilo. Soy consciente de que ya no eres una niña, pero eres menor de edad, y yo no tengo ninguna prisa --aseguró con calidez--. Y sobre lo de cuidarte por ti misma... Fuiste tú la que nos rescataste a todos cuando mi madre fue akumatizada, así que no tengo duda alguna al respecto.

--Bueno, yo no: Ladybug y Chat noir --puntualizó ella, evasiva.

Luka le dirigió una mirada que hizo que se le secara la garganta, y luego asintió despacio.

--A eso me refería. Pero fuiste tú la que logró deshacerse de las ataduras para poderlos avisar. Así que tengo mucha suerte de contar con alguien tan valiente a mi lado --afirmó, con un guiño.

--Descuida, te protegeré si hay algún ataque --dijo Marinette en tono de broma, ensayando una postura exageradamente heroica, con las piernas separadas bien plantadas en el suelo y los puños cerrados para hacer resaltar sus bíceps.

--¿Lo harás? --preguntó él, juguetón, acercando su rostro al de la chica.

--Te protegeré con mi vida --contestó ella, perdida en sus ojos azules, imprimiendo sin querer a aquella promesa mayor seriedad de la que pretendía.

--Lo mismo digo, Marinette --afirmó Luka con idéntica solemnidad, antes de besarla con una intensidad desconocida hasta ese momento.

Ella entrelazó los dedos tras el cuello del guitarrista, que afianzó las manos en su cintura. La firmeza de su contacto y la caricia invitadora de su lengua la llevaron a entreabrir los labios para permitirle profundizar el beso. Una oleada de nuevas sensaciones recorrió su cuerpo, haciendo sus piernas temblar.

Un trueno inesperado rasgó el aire, como si el cielo quisiera remedar a su manera el loco retumbar de sus corazones acelerados. Gruesos goterones impactaron en la tierra, y también sobre los enamorados, que los ignoraron con tozudez hasta que dibujaron caminos fríos sobre la piel de ambos, haciéndolos estremecer. Solo entonces se separaron, riendo, y Luka usó su chaqueta para cubrirlos mientras corrían a resguardarse en la cafetería.

Sus pies chapoteaban en los charcos que empezaron a formarse en cuanto arreció la tormenta, acompañando de acordes húmedos su veloz carrera. El viento hacía susurrar viejos secretos a las ramas de los árboles; el aire se inundó con el olor a tierra mojada, el agua convirtiéndose en protagonista de la escena, empeñada en crear una espesa cortina que desdibujaba todo a su alrededor. Corrieron sin pausa hasta el acogedor edificio, al que llegaron empapados de lluvia y felicidad.

Se detuvieron bajo el porche, contemplando la tormenta mientras trataban de recuperar el aliento. Marinette lo miró a los ojos, y luego se cubrió la boca para ahogar un estornudo.

--Oh, no --murmuró Luka, acariciando su cabello mojado--. Como te hayas resfriado, creo que tu padre me va a matar.

Continuará...

Still loving youDonde viven las historias. Descúbrelo ahora