Fresa

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--Señor, sabe que siempre soy la primera en apoyar sus planes, pero realmente no me sentiría cómoda haciendo lo que me pide --murmuró Nathalie con la cabeza baja.

--Todo es por él, señorita Sancoeur --en vez de llenarse de ira, como esperaba, su voz bajó hasta convertirse en un ruego--. Adrien necesita a su madre, ¡merece poder abrazarla otra vez! Lo que hagamos para conseguirlo quedará borrado para siempre cuando el deseo sea concedido, y el pasado cambie.

--El fin justifica los medios --suspiró la asistente, cerrando los ojos con fuerza y pellizcándose el puente de la nariz.

--Y, en este caso, más que en ninguno --asintió Gabriel--. Sabe que cuento con usted... Nathalie.

--Está bien --cedió ella, abandonando el estudio para dirigirse a la habitación de Adrien.

El diseñador la siguió con la mirada. No entendía muy bien sus reservas; después de todo lo que habían hecho ya, ¿qué problema podría tener con esto? Solo se trataba de mantener una charla con Adrien, después de todo.

Le venía realmente bien que su hijo cultivara la relación con aquel grupo musical formado por sus amigos. El muchacho estaba encantado de contar con su aprobación, y de que no le regateara demasiado cada vez que le pedía permiso para quedar con ellos; los beneficios económicos para la compañía eran indiscutibles; aquella sabandija de Bob Roth ardía en cólera debido a su éxito, presto para ser akumatizado; y estaba totalmente convencido de que el guitarrista de cabello teñido de azul, al que había reconocido como el portador del prodigio de la serpiente, podría tener la clave para permitirle llegar hasta Ladybug y Chat noir. Todo ventajas.

Por eso era importante que todo se mantuviera tal y como estaba. Así que necesitaba tener acceso a los pensamientos de su hijo para asegurarse de que todo seguía en orden, acorde a su plan, deslizándose suavemente por la pendiente bien engrasada hasta precipitarse de lleno a su esperado final.

Sin embargo, había algo en la actitud del chico durante los últimos días que lo tenía ligeramente desconcertado; así que esperaba que Nathalie supiera sonsacarle qué le tenía tan preocupado, y manipularlo con los consejos adecuados para que, fuera lo que fuese, no interfiriera significativamente en sus designios.

La asistente pronto volvió a asomarse con expresión neutra para informarlo de sus progresos.

--No ha dicho demasiado, señor. Que está bien, que su ruptura con la señorita Tsurugi fue por decisión propia, y que está encantado con su idea de ayudar a promocionar a Kitty Section creando algunos diseños inspirados en su imagen para la colección juvenil. Aunque... me ha parecido que ha omitido conscientemente algunas cosas, y creo que lo que le preocupa tiene que ver con el ámbito sentimental.

--Fresas --murmuró Gabriel.

--¿Cómo dice?

--Llévele un plato de fresas troceadas y espolvoreadas con azúcar.

--¿Azúcar? --se horrorizó la asistente, acostumbrada a excluirla concienzudamente de la dieta del chico.

--Es lo que le llevaba Emilie a escondidas cuando era niño, y necesitaba consuelo --aclaró Gabriel con frialdad--. Hablará, seguro.

La mano de Nathalie temblaba levemente al sostener el plato donde reposaba la apetitosa merienda. Tomó aire, y llamó a la puerta del chico con suavidad.

Esta vez, el tiempo que estuvo allí fue mucho más largo. Gabriel la interrogó con la mirada al verla volver.

--Su hijo Adrien está enamorado de Marinette Dupain-Cheng. Ella lo estuvo de él hasta hace poco, pero su hijo no era consciente: y ahora que se ha dado cuenta, la chica sale con Luka Couffaine y Adrien siente que ha perdido su oportunidad. Está muy confundido, pero planea hablar con los dos antes de decidir si persevera, o se rinde --Nathalie desgranó su informe con voz monótona.

Still loving youDonde viven las historias. Descúbrelo ahora