Había pasado algunos meses desde que Payton yo volvimos a estar juntos, ni Riley ni Bryce nos volvieron a molestar.
Ahora mismo nos encontrábamos acostados en mi cama platicando plácidamente mientras Payton me abrazaba.
Era una tarde aburrida de sábado así que ninguno de los dos teníamos planes.
- ¿Qué te parece si vamos al campo? – propuso mirándome con una sonrisa.
- Me encantaría – respondí, me pare de la cama seguida por Payton.
Salimos de mi habitación tomados de la mano y nos dirigimos hacia la entrada de mi casa.
- ¿Adónde van tortolitos? - pregunto Jaden con intriga mientras nos veía abrir la puerta.
- Iremos a dar una vuelta – aviso Payton – no te preocupes la cuidare – aseguro y le guiño el ojo a mi hermano, yo solo solté una risita.
- No vuelvan tan tarde – nos recordó para después seguir comiendo su cereal con leche.
- Está bien – exclame - ¡te quiero! – grite después de pasar por el umbral de la puerta.
Caminamos hacia la dirección de su auto para después subir en él, Payton lo puso en marcha para después perdernos entre las calles de mi tranquilo vecindario.
El camino era silencioso nadie pronunciaba ninguna palabra disfrutando la suave música del radio.
Observe la carretera, recordando la primera vez que Payton me trajo al campo, voltee a mirar cada fracción de su rostro, al notar mi mirada giro su cabeza para mirarme con una sonrisa, la cual le devolví.
Al paso de los minutos llegamos a nuestro destino, Payton estaciono el auto aun lado de carretera y bajamos de el sin prisa.
Comenzamos a caminar tomados de la mano hacia el árbol más frondoso que había.
Observe las flores que se posaban en nuestro alrededor, el viento golpeaba levemente mi rostro y mi vestido, solo podía sentir la libertad del momento.
Solté la mano de Payton y comencé a correr entre todas las flores de colores.
Voltee a observar a Pay, pero extrañamente ya no se encontraba ahí, lo busque con mi mirada, pero no lo encontré.
Sentí unos brazos rodear mi cintura y sonreí inconscientemente al saber de quien se trataba.