Cap.3 "La que está en peligro eres tu".

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Daba vueltas en mi habitación corriendo, como si de repente hubiese olvidado cual de mis pertenencias era importante y cual no. Mi mente daba vueltas y trataba de reaccionar rápido. Uno a veces piensa lo que salvaría de un incendio en esas preguntas tontas que se hace la gente, pero no haces una lista de cosas para empacar si tienes que huir sin saber la razón.

—¡Rápido hija! —gritó sacando la maleta que estaba guardada bajo mi cama. Un poco de tierra salió disparada cuando la abrió.

—¿Que está pasando, mamá? —pregunté con miedo cuando decidí empezar por la ropa. Abrí el armario y tomé toda las camisetas y jeans que tuve a la vista, que tampoco eran tantos. Metí la ropa dentro de la maleta y dudé en que mas guardar.

—Cosas del baño —me indicó. Corrí hacia donde me indico. Por alguna razón, la desesperación de su voz logró asustarme. Tome mi cepillo de dientes, mi desodorante y mi cepillo de pelo voló al suelo.

—Mierda —me quejé agachando a tomarlo.

Vi un paquete de toallas femeninas dentro del cajón y dudé. No sabía a donde iba ni cuánto tiempo. La tomé por las dudas y corrí a mi habitación.

—¿Por qué tu no empacas? —pregunté con miedo de alejarme de ella, de que me iría sola.

—Te prometo que te explicaré todo hija pero ahora tenemos que irnos —dijo rápidamente para tomar mi cara y besar mi frente. Salió corriendo hacia su habitación—. Termina tu equipaje, tienes dos minutos.

Me apresuré a tomar mis cosas importantes. Quité el cargador del enchufe y lo guardé. Metí el libro que estaba sobre el escritorio que tenía que terminar y uno más que no había empezado para no aburrirme.

Quizá vas a que te asesinen, no te vas a aburrir.

Ignoré mi voz interna y corrí a mi joyero. Tomé el collar de oro que mamá me había regalo hace unos días para mi cumpleaños quince y me paralicé cuando los aretes de corazón brillaron. Dudé unos segundos si llevármelos o no. No sabia a donde iba y si estarían a salvo conmigo. Pero tampoco sabia si iba a volver. Con manos temblorosas, los tomé.

Me di cuenta que no iría sin ropa interior. Cuando abrí el cajón, lo primero que vi fue el cuaderno. Obvio que no lo dejaría aquí aunque fuese algo que quisiera enterrar y si no iba a volver, estaría aquí encerrado. Mi secreto y mi vida anterior quedaría aquí por siempre. Esta vez si llenándose de telarañas y polvo como creí que lo encontraría esta tarde.

—¡Un minuto, Nita! —gritó ella y fui conducida por el miedo. Rápidamente lo guardé en la maleta con el resto de la ropa.

Hoy, en el presente, la Nita Fields de veinticinco años, agradece no haberlo dejado allí. Agradece que el miedo, la nostalgia o la duda involucrada con lo sucedido con Zarek, no me dejara abandonar el cuaderno allí.

Di vueltas desesperada por la habitación, analizando si me faltaba llevarme algo más. Pero tenía todo lo necesario. La cerré y corrí por el pasillo hacia la cocina. Tomé mi mochila de la escuela y la vacíe.

Mamá volteó hacia mi y colocó unas cosas sobre mis manos. Un pasaporte, mi documentación y un sobre donde sentía que había billetes.

—¿Que es esto? —pregunté ingenua. Sabía lo que era pero en realidad le preguntaba que estaba pasando. Aunque ella no respondió a mi pregunta.

—Vamos, el taxi está en la puerta —tomó mi brazo y arrastré mi maleta fuera de la casa.

Ella cerró con llave y corrió hasta el taxi. Con mis documentos en una mano y la maleta en la otra, corrí detrás de ella. Hacia mucho frío esta noche y agradecí traer un abrigo. El chofer me esperaba apoyado contra el baúl abierto para entrar mi maleta. Mamá me indicó entrar en el auto y le obedecí sin decir nada.

ZarekHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora