Cap.7 "Será nuestro secreto".

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La vi por primera vez en mi escuela. Yo tenía trece pero supe que ella tenía más, tal vez quince, se notaba en sus curvas. Caminaba por los pasillos de la escuela con una confianza natural que quise tener. Su casillero estaba cerca del mío, así que no me intimidé cuando se acercó a abrirlo para guardar algunos libros.

—Hola —me sonrió—, ¿como te llamas? —preguntó observándome mientras se ponía brillo labial mirándose en un pequeño espejo que sacó de su bolso.

—Soy Nita —le sonreí—, ¿y tu?

—Soy la nueva —se rio un poco—, pero no te preocupes, siempre se deja de ser la nueva. Al menos hasta que alguien más llegue, ¿verdad? —sonrió con autosuficiencia.

—Así es —asentí con la cabeza y le sonreí de vuelta.

—Y... ¿hace mucho vienes a esta escuela? —preguntó observando a un par de chicos que pasaron allí mirándola como a un pedazo de carne.

—Pues hace bastante, desde siempre prácticamente —me encogí de hombros, sin importancia.

—Eso es genial —dijo con una falsa emoción.

—Señorita Berry —la llamó la directora con un gesto que indicaba que caminara hacia ella.

—Lo siento, aún tengo que terminar de llenar algunos papeles —hizo una mueca y le sonreí.

—No te preocupes —abrí mi casillero y saqué dos libros.

—Por cierto, soy Adeline —me guiñó un ojo y se volteó, logrando que su largo cabello moviera una pequeña brisa.

Adeline Berry era la chica que querías tener de amiga.

O no.

Adeline me saludaba, me acompañaba en algunos almuerzos y a veces nos sentábamos juntas en alguna que otra clase cuando Tina no iba a la escuela por quedarse dormida o sentirse enferma.

Esa extraña amistad duró menos que yo haciendo ejercicio. A los cuatro meses, pasó lo peor...

Un día, milagrosamente, Dylan White estaba frente a mi casillero saludándome. Yo sabía que probablemente creería que yo era una nerd y me pediría la tarea, pero la verdad es que yo tampoco la había hecho. No se lo diría, por supuesto esperaría un rato más allí, admirándolo como una estupida. El era uno de los pocos chicos que logró atraer mi atención luego de que "el innombrable" desapareciera.

—¿Entonces... quieres almorzar conmigo hoy? —preguntó Dylan.

—Por supuesto —le respondí rápidamente entusiasmada.

—Genial —sonrió, dejándome anonadada.

Adeline apareció junto a nosotros, cerrando mi casillero.

—Nita —me llamó—. Tu vete —le dijo a Dylan—, tenemos que hablar cosas de amigas —le sonrió media falsa.

—Seguro que si —dijo divertido, guiñó un ojo que no supe si fue para Adeline o para mi y se fue de allí.

—Oye, ten cuidado con ese —me señaló ella—. Es un tipo sin corazón, Nita— negó con la cabeza—. Odiaría que rompiera tus ilusiones.

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