Capítulo 8

1.7K 170 11
                                        

Horacio:

—Es que no entiendo por que lo haces —comentaba Gustabo cruzado de brazos en la puerta de mi habitación. —¿Tienes algún problema conmigo?

—Que no es por ti, de verdad. Es simplemente que necesito un cambio de aires —le expliqué por decimotercera vez. 

Me estaba empezando a exasperar, no quería decirle a Gustabo que me mudaba al edificio de Volkov, porque no sabía como podría reaccionar. Me aterraba la idea de que el hombre de pelo gris me dejase de hablar si se enterase la gente. Todo el mundo sabía que era una persona reservada, que no le gustaba que se supieran cosas de su vida.

—Oye, ya que estás me podrías ayudar en vez de quedarte ahí parado —le dije mientras metía la ropa en una maleta enorme.

—Si quieres iré a guardar las cosas de aseo —me propuso yendo al baño con una caja en la mano.

Tras unos minutos se escuchó su voz desde el pasillo.

—Joder Horacio, todo lo del baño es tuyo.

Los dos reímos, tenía una cantidad exagerada de productos de belleza, pero ¿qué le iba a hacer? era un chico coqueto. 

Tardamos varias horas en tener todo empaquetado, nos costó más de lo esperado, ya que hubo conflictos. Discutimos sin parar porque no sabíamos a quien pertenecían varios objetos de la casa. Llamamos a una empresa de mudanza para gobernarnos un pequeño camión, ya que mis cosas no cabían en el coche. 

—Horacio tío, esta zona es muy cara —dijo en el asiento del copiloto mirando por la ventanilla.

—Tengo unos ahorros de cuando trabajamos de camareros hace un año.

Estacionamos el camión en la puerta y bajamos para sacar todo lo que había en el remolque, que no era poco. Nos pasamos un buen rato subiendo las cosas al piso y cada vez que entraba en el ascensor me invadía un sentimiento muy fuerte, no sabría como explicarlo, era una especie de presión en el pecho.

—Venga que ya casi hemos terminado campeón —Gustabo palmeó mi espalda. 

Estaba agotado, no recordaba lo duras que eran las mudanzas. Pero valdría la pena, solo con ver al comisario Volkov por el pasillo o en el ascensor me bastaba.

Justo en ese momento Gustabo me dio con el codo en las costillas. Hizo un movimiento de cabeza indicandome que había algo detrás mío. Cuando me giré vi al de pelo gris acercarse con el ceño fruncido contemplando la escena.

Pasó de largo, pero yo seguí mirándolo. Se metió en la puerta de número 37, mientras que yo tenía la 33.

—¿Has visto eso? —pregunté con los ojos como platos.

—Si te refieres al niño con cara de susto si, lo he visto —se burló el mayor.

Habían pasado unos días desde la última que vi a Volkov y seguía igual de guapo, incluso más. Sonreí mirando el punto donde había desaparecido, este hombre me hacía realmente feliz.

Terminamos de meter todas las cajas en el piso y Gustabo se fue a su casa. Una vez solo pensé en organizar las cajas, pero eso era mucho trabajo, así que pedí algo para cenar y me puse a ver una película. Me acabé acostando a las 2 de la madrugada con la tontería, obviamente pensando en el de cabello gris y con una sonrisa en el rostro. 

Volkov:

A la mañana siguiente de ver a Horacio en mi edificio me desperté sobresaltado y con angustia. Había tenido una pesadilla, otra vez la misma, siempre la misma. Con los ojos aguados me levanté de la cama y miré el despertador, las 4:39. Sabía por experiencia que no podría volver a dormir, así que me dirigí a la cocina y me preparé un café. 

No entendía como después de tantos años el recuerdo era tan vívido, lo recordaba como si hubiera ocurrido ayer. El trayecto en coche, el golpe, el hospital, el coma y al final la muerte. Me apoyé en la encimera para no caerme debido al mareo que tenía. Necesitaba distraerme, por lo que me puse el uniforme y me fui a comisaría.

Llegué sobre las cinco de la mañana, como no era mi horario habitual había bastantes rostros desconocidos, pero uno en concreto me llamó la atención. Era Greco.

—Greco, ¿usted sabe porqué Horacio se ha mudado a mi edificio? —le dije directamente sin saludar.

—¿Y por qué me preguntas a mi? —frunció el ceño haciéndose el ofendido.

—Porque solo tres personas saben donde vivo, y da la casualidad de que usted es una de ellas —le respondí amenazante

—Vale, vale, —dijo levantando las manos. —Horacio me preguntaba por un lugar donde vivir, se quería ir de su casa con Gustabo.

No me lo creía, el de cresta se había mudado a mi edificio y lo gracioso es que ya estuvo ahí. No creo que fuera cosa de Greco, puede que el de la cresta hubiera querido mudarse cerca mío, pero ¿por qué?

La mañana pasó lenta hasta que llegó el Superintendente, ahí la cosa cambió. No podíamos ni pensar, nos daba mucha caña. El tiempo que pasé en comisaría se puede resumir en código tres, persecuciones, avisos de droga, llevar a sujetos a federal y un largo etcétera.

Por suerte me pude despejar y no pensar en mi hermana y el accidente que sufrimos. Yo pude sobrevivir, pero ella no tuvo ese final.

Respiré hondo tratando de tranquilizarme. Era la hora del almuerzo, así que salí de comisaría para ir a un bar cercano a comer algo.

No me demoré mucho, a la media hora ya estaba entrando otra vez por las puertas de mi trabajo. Pero para mi mala suerte ahí estaba Horacio. No sabía como decirle con tacto que me diera una explicación de por qué se había mudado a mi edificio.

Me acerqué a él con cautela, iba acompañado por Gustabo y los dos estaban hablando con Conway.

—Horacio, ¿me puede acompañar un segundo? —pregunté con amabilidad.

Este se quedó unos segundos parado, pero al final reaccionó.

—Si, claro. Le sigo —dijo caminado en mi dirección.

No lo llevé a ningún despacho, simplemente lo alejé un poco de toda la gente que había en recepción.

Dreams (Volkacio/Intendenteplay)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora