Capítulo 17

1.6K 162 14
                                        

Gustabo:

Cuando todo estaba preparado me asaltó una duda, ¿y si todavía estaba enfadado conmigo? No me quería arriesgar, por lo que le mandé unos mensajes de los que no podría pasar, vendría si o si. Estuve esperando menos de diez minutos, hasta que escuché un coche aparcar en la entrada, me posicioné al lado de la puerta, pegado a la pared para que no me pudiera ver de primeras. 

Entró al jardín y le tapé los ojos para que no viera nada.

—Buenas noches papu —le susurré al oído.

Este al instante se destensó y guardó la pistola que traía en mano. Se deshizo de mis manos al tiempo que se daba la vuelta, de esa manera no podía ver todo lo que había preparado.

—¿Estás mal de la cabeza? ¿Sabes lo mal que lo he pasado? —preguntó cabreado.

—Lo siento, es que pensé que como estabas enfadado si te invitaba a venir sin más no lo harías —dije agachando la cabeza.

—¿Y para que me querías invitar?

Cogí sus hombros y lo volteé para que viera lo que había preparado en las últimas horas.

—Para esto —dije avergonzado.

Noté como se sorprendió al ver lo que le había  preparado. Me puse a su lado y lo miré esperando que dijera algo.

—¿Has hecho todo esto tu solo? —preguntó asombrado.

—Me ha costado mucho, pero ha valido la pena. Oí la conversación que tuviste con Volkov y quería demostrarte que yo también quiero estar contigo, pase lo que pase.

Lo abracé con fuerza, enterrando mi cabeza en su pecho. Conway tardó un poco en corresponder mi abrazo, pero al final lo hizo dando un beso en mi pelo. Me separé de él y lo cogí de la mano para llevarlo a la mesa, los dos nos sentamos frente a frente. La iluminación de las velas le daba a la estancia un toque íntimo, serví el vino en las copas bajo la atenta mirada del mayor.

—Veo que te has puesto traje, te sienta muy bien —me dijo con una media sonrisa.

—Tu también estás muy guapo —me mordí el labio.

Cenamos manteniendo una agradable conversación, me contó cosas de su juventud, de su etapa en el ejercito y finalmente llegó el momento en el que tenía que hablar yo.

—¿Y tu qué? Cuéntame algo de ti. 

¿Y ahora qué decía? No quería arruinar nuestra primera cita con mis deprimentes historias y tampoco tenía la suficiente confianza como para contar algo tan personal. Así que hablé de lo único bueno que me había pasado hasta hace unos meses, Horacio.

—Mi vida cobró sentido cuando conocí a Horacio, fue a los 5 años y viente después seguimos juntos. Antes de llegar a Los Santos y conocerte eramos un desastre, los trabajos no nos duraban, nos echaban de los pisos por no pagar e incluso atracamos unos cuantos establecimientos —expliqué.

—Así que ya erais delincuentes antes de venir aquí —se rió.

 —Oye, que no lo hacíamos por diversión —fingí enfadarme frunciendo el ceño y sacando el labio inferior. —Por lo menos ahora no tenemos la necesidad de robar para sobrevivir, con el suelo de mierda que nos das al menos podemos pagar el alquiler y la comida —le eché en cara.

—Tranquila muñeca, eso cambiará cuando entréis en el cuerpo.


Conway:

Cuando llegué a esa casa jamás pensé que Gustabo había organizado una cena para los dos, encima de todo me había confesado que lo hizo porque nos oyó a Volkov y a mi en el hospital. ¿Podía ser más adorable? La respuesta era un claro no. Cada vez tenía más ganas de estar con él, ya no sentía miedo, porque era imposible que el rubio me hiciera daño.

La cena había terminado y ambos decidimos que lo mejor era quedarnos en la casa del menor a ver una película, nos sentamos en el sofá y Gustabo encendió la tele. 

—¿Qué quieres ver? —me preguntó.

—Me da igual, lo que tu prefieras —le respondí.

Puso una al azar. Cuando llevábamos una media hora de película pasé mi brazo por sus hombros atraiéndolo hacia mí, este puso su cabeza en mi pecho. Sinceramente no estaba prestando atención a la pantalla, durante todo el tiempo me dediqué a mirar a Gustabo mientras le acariciaba el pelo.

Me di cuenta que se quedó dormido, así que lo llevé a lo que supuse que era su habitación cargándolo de forma cuidadosa para que no despertase. Lo dejé en la cama y la quité los zapatos y la chaqueta del traje para que estuviera más cómodo.  Antes de irme me fijé en una fotografía enmarcada en la que aparecían Horacio y él en la niñez, me enterneció. Aunque en la foto se veía feliz, sabía que lo había pasado muy mal de pequeño porque el de cresta me lo comentó un día.

Salí de la casa sin hacer mucho ruido y me monté en mi coche, lo había pasado genial con Gustabo. Hacía tiempo que no me sentía así, fue agradable mostrar mi lado más amable aunque sea por una noche. Puse rumbo a mi apartamento, pero algo me frenó, alguien me llamaba al teléfono. Chasqueé la lengua y lo cogí.

—¿Si? 

—Tu y yo tenemos que hablar —dijo y colgó.

Como odiaba que hiciera eso, era insoportable. Puse los ojos en blanco y y cambié mi destino. Pasados unos minutos me encontraba saliendo del ascensor de la sede del CNI, fui al despacho de Michelle. 

—¿Qué he hecho mal esta vez? —pregunté cansado.

Siempre era la misma historia, pero no me podía quejar, ya que era mi jefa y a parte mi mejor amiga.

—¿Se puede saber por qué la comisaría parece un corral? —hizo una pequeña pausa. —A ver si te voy a tener que enseñar cómo imponerte.

—No me jodas Michelle —dije con sorna.

—Pues déjales claro a tus agentes que se dejen de cotillear y se pongan a trabajar, sobretodo a Greco e Ivanov, que están especialmente cachondos con Horacio y Volkov. 

—Si, yo también he notado que se están pasando. 

—Perfecto, por cierto, ¿que tal te va con el rubio?

Mi cara cambió completamente, ¿cómo se había enterado?

—N-no se de que me hablas —dije, pero mi voz tembló.

—Si, claro.

Sin más la chica se fue de la sala dejándome solo y un poco aturdido.


Dreams (Volkacio/Intendenteplay)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora