Capítulo 12

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Volkov:

Cuando llegué al hospital jamás me habría imaginado que Horacio estaba allí, en la sala de operaciones debatiendo entre la vida y la muerte. Hacía un par de horas que Conway y Gustabo se habían ido a casa y no había novedades. Me quedé todo ese tiempo mirando la pared que tenía en frente e imaginando como serían las cosas si le hubiera abierto mi corazón al de pelo rojo.

—Caballero, ¿está aquí por Horacio Pérez? —preguntó un médico con la cara tatuada.

—Si, ¿Cómo se encuentra? —me incorporé en el asiento. 

—Acabamos de finalizar la operación, no ha sido nada fácil pero hemos logrado estabilizarlo. Tendría que despertar de aquí a unas horas.

—¿Cuando podré entrar a verlo? 

—En unos pocos minutos volveré para acompañarlo a la habitación del paciente —

Tan rápido como pude llamé a Conway por teléfono. Solo tardó dos tonos en cogerlo y al contestar sonaba preocupado.

—¿Cómo está?

—Lo han logrado estabilizar, tendría que despertar en unas horas.

—Joder, menos mal —suspiró al otro lado de la línea. —Iré a avisar a Gustabo, muchas gracias por quedarte Volkov. 

—No es nada —dije, pero ya había colgado.

Esperé pacientemente a que volviera el doctor de cara tatuada. Apareció doblando la esquina y me levanté de la silla para después seguirlo hasta la habitación donde se encontraba Horacio. Entré detrás del doctor y cerré la puerta. Me afectó mucho verlo en ese estado, con la cara llena de rasguños, el pecho vendado y la pierna escayolada.

—Todo esto es culpa mía —me lamenté.

—Siento si soy muy entrometido pero le podría peguntar por que es su culpa.

Me giré para ver al hombre, su rostro se me hacía familiar, pero no le ponía nombre. Dudé en si confiar en él o no, me daba miedo que se corriera la voz y alguien se enterase de mis sentimientos. Pero lo mandé todo a la mierda, porque por culpa de mis miedos Horacio estaba ahora mismo en esa camilla.

—Le dije cosas horribles por temor a que se supiera que me gusta. 

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó el de cara tatuada.

—Soy el comisario Volkov —le contesté.

Abrió los ojos exageradamente mientras sonreía abiertamente.

—Así que usted es el famoso comisario bombón —comenzó a reír bajito. —Yo soy Claudio, mejor conocido como el doctor muerte. 

¿Cómo sabía Claudio el apodo que le había puesto el de cresta? Al parecer vio mi cara de confusión y procedió a explicarme.

—Horacio y yo somos buenos amigos, lo conozco desde hace unos meses, ya que suele frecuentar el hospital. Y siempre me hablaba de un tal comisario bombón que lo traía loco con su cabeza pequeña. 

No pude evitar fijarme otra vez en el de cresta mientras sonreía, cada vez lo tenía más claro. Este chico era el indicado.

—Bueno, os dejo solos —el médico se marchó. 

Me acerqué a él y le acaricié el rostro con el pulgar. Me mordí el labio y me pregunté cuanto tiempo llevaría Horacio sintiendo cosas por mi. En el tiempo que estuve con él esa noche me dediqué a recordar todos los momentos vividos juntos. 

Gustabo:

Me desperté con Conway zarandeándome levente, abrí los ojos y me puse rojo al instante. Su rostro estaba casi pegado al mío, al darse cuenta de esto se separó de mi, yo me incorporé en la cama. Vi que estaba sonriendo por lo que supuse que Horacio había salido con éxito de la operación. 

—¿Todo bien? —pregunté para asegurarme.

Él asintió y se sentó junto a mi en la cama, apoyando su espalda en el cabecero.

—No he podido dormir nada —se quejó poniendo se las manos sobre su cara y suspirando. 

—Yo no he dormido mucho, estaba preocupado. Realmente pensé que no iba a salir de esta y me quedaría solo —dije mirando a un puto fijo.

—No digas eso, no te quedarías solo. Tienes a mucha gente, —hizo un pequeño silencio —me tienes a mi.

Lo miré sorprendido, ¿había escuchado bien? No quería hacerme ilusiones así que me atreví a preguntar.

—¿Usted estaría ahí para mi? —hablé en un hilo de voz.

—¿Acaso no estoy aquí ahora? —me contestó mostrándome una sonrisa sincera.

Era verdad, estaba conmigo. Se preocupaba por mí. Esto me dio esperanzas en nuestra extraña relación. Apoyé mi cabeza en su hombro, cogí su mano y entrelacé nuestros dedos. Encajaban perfectamente, al igual que los latidos de nuestros corazones, que iban a un ritmo bastante acelerado.

Nos quedamos en esa posición un buen rato, hasta que Conway consideró que me había dormido, pero estaba muy equivocado. Soltó el agarre de nuestras manos y con cuidado se apartó de mi y me recostó en la cama.

—No te vayas —le susurré. —Quédate, por favor.

Agarré su brazo impidiendo su marcha. Parecía que se lo estaba pensando, pero al final aceptó mi propuesta y se acostó a mi lado quedando frente a frente. Observé su rostro por unos instantes, tenía ojeras y las mejillas un poco rojas, se veía increíblemente guapo.

—¿En qué piensas? —rompió el silencio.

—En lo guapo que eres —dije casi sin pensar.

Cuando me di cuenta de lo que había dicho me tapé la boca mientras que mis ojos se abrieron considerablemente. Conway se empezó a reír y me acercó a su cuerpo fundiéndonos en un tierno abrazo. Escondí mi cara en su pecho y cerré los ojos. Tardé poco en dormirme por lo que no pude escuchar a Jack decir.

—Haré todo lo posible por superar el miedo que le tengo al amor, quiero confiar en ti, quiero estar contigo Gustabo.

Me dio un beso en el pelo y él también se quedó profundamente dormido.

Muchas gracias a todos los que estáis apoyando la historia, de verdad que me anima mucho ver los votos positivos y los comentarios. <3

Dreams (Volkacio/Intendenteplay)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora