Capítulo 15

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Gustabo:

No podía quedarme indiferente después de haber oído la conversación entre Conway y Volkov. Tenía demostrarle al mayor que yo también quería tener algo con él, así que me puse a pensar en cosas que le pudieran gustar. Decidí que lo mejor era organizar una cena en mi casa, ya que habría más privacidad. 

Salí del hospital rezando por no encontrarme con el superintendente, pero no todo podía salir bien.

—¿Dónde vas muñeca? —me preguntó el hombre intentando alcanzarme.

Me paré en seco al escuchar su voz. Cuando llegó a mi altura me rodeó con su brazo por los hombros. Sonreí instintivamente al sentirlo cerca, me iba a currar la cena, me propuse que fuera perfecta.

—Pues iba a mi casa, que tengo que hacer unos cuantos recados —le dije mordiéndome el labio, estaba muy emocionado.

Sin darme cuenta habíamos llegado a la salida del hospital y ahí caí en la cuenta de que no tenía coche. Con mucha vergüenza le pregunté a Conway si me podía acercar a mi casa.

—Por supuesto Gustabin —me respondió dirigiéndose a su coche.

Lo seguí y me monté en el asiento del copiloto. 

—¿Quieres que te ayude con lo que tienes que hacer? —dijo con la vista fija en la carretera.

—Emm... me encantaría, de verdad, pero es algo que debo hacer yo solo. Espero que no te moleste —le contesté con pena.

Trató de quitarle importancia con un gesto de mano, pero en el fondo sabía que le dolía. El resto del trayecto lo pasamos sumidos en un silencio muy incómodo. Cuando llegamos a mi hogar no se despidió de mi, ni siquiera me miró. Esto me afectó, empezaba a pensar que no saldría rentable la cena si estaba enfadado conmigo. 

Una vez dentro de mi habitación me desvestí y me cambié de ropa a algo un poco más arreglado, ya que iría de compras. Dejé las prendas que me había prestado Conway en la lavadora, cogí la cartera y las llaves y salí a la calle.

Saqué mi teléfono para llamar a Segismundo, necesitaré ayuda con todo. 

—Hola buenas —contestó alegremente el gallego.

—Hey, ¿estás en tu casa? —formulé la pregunta al mismo tiempo que me montaba en mi coche.

—Si, ¿para qué me necesitas?

—Nos vamos de compras —dije con una sonrisa en el rostro.

Sabía que al menor le encantaba ir de compras, el chillido que se oyó al otro lado de la linea me lo confirmó.

—Aquí te espero Gusnabo —colgó.

Me alegraba poder contar con Segismundo, era un chico magnífico y lo quería mucho. En unos minutos estaba en su puerta, este estaba esperando sentado en los escalones de su porche. Se levantó y vino corriendo hacia el coche, se montó a mi lado y arranqué en dirección al centro comercial.

—Por cierto, ¿que quieres comprar? —preguntó mirando por la ventana.

—Quiero organizar una cena en mi casa para conquistar a un hombre —decidí ser directo y soltarlo todo de golpe.

El gallego abrió los ojos y me miró incrédulo. 

—¿Desde cuando te gustan a ti los hombres? ¿No eras asexual? 

—A ver, eso pensaba yo, pero no he podido evitar enamorarme. Es que es perfecto —dije suspirando.

—Algún día me lo tienes que presentar —comentó.

Me reí ante ese comentario, ya que los dos se conocían. Decidí omitir el dato de que era el Superintendente porque no se llevaban muy bien y pasaba de malos rollos. Llegamos a nuestro destino y compramos todo lo necesario, desde decoración hasta comida para hacer la cena. Dejé a mi amigo en su casa tras mucho insistir, este quería quedarse y ayudarme a preparar todo, pero sentía que lo debía hacer yo solo.

Estuve aproximadamente una hora decorando el jardín de la parte trasera, puse luces en los árboles, velas en la mesa, y pétalos de rosa haciendo un camino desde la entrada de la casa hasta el lugar donde íbamos a estar. Hacer la cena me costó una barbaridad, ensucié casi toda la cocina y luego tuve que limpiarlo todo.

Cuando la casa estuvo decente, la comida lista y yo trajeado llamé a Conway.

Conway:

Dejé a Gustabo en su casa y me fui a la mía, no entendía nada. Primero actuaba cariñoso conmigo y luego rechazaba hacer planes conmigo. Intenté dejar de taladrarme la cabeza con pensamientos estúpidos y me senté en el sofá a descansar, había sido un día muy intenso. Entre la charla con Volkov sobre mi pasado y la negación del menor a pasar tiempo con él me había desanimado. Enfrente del rubio había fingido que todo estaba bien, pero no podía dejar de pensar en Julia.

Debí de haberme quedado dormido, me despertó el sonido del móvil. Me levanté del sofá para ver de quien se trataba. Era Gustabo. Entré en la aplicación de mensajes para leer lo que me tenía que decir.

CONWAAYYY

AYUDA

TENGO MIEDO!!

ESTOY EN MI CASA 

VEN RAPIDOOO

Me asusté al ver lo que me había escrito, tal vez estaba en peligro. Me puse los zapatos y salí corriendo al parking. Una vez en mi coche pisé el acelerador con todas mis fuerzas y me dirigí a la casa del menor. Me temía lo peor, estaba realmente asustado de pensar que algo malo le podría haber pasado a Gustabo.

Aparqué en frente de su casa, la puerta estaba abierta. Con la pistola en mano entré, lo que no me esperaba para nada era encontrar pétalos de rosa esparcidos por el suelo creando una especie de camino. Los seguí hasta la parte trasera de la casa, justo al entrar al jardín alguien me tapó los ojos.


Dreams (Volkacio/Intendenteplay)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora