Capítulo 10

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Gustabo:

Cuando Volkov se llevó a Horacio me hizo mucha gracia, mientras que el Superintendente se mantenía con una expresión seria. Me acerqué a ver lo que decían, me incomodé un poco al escuchar a mi amigo declararse de nuevo. De verdad, el comisario era un poco corto de mente, ¿cuántas veces le tendría que repetir lo mismo?

—¿Oyes algo? —me preguntó Conway.

Lo mandé a callar, ya que Volkov estaba hablando. 

—Joder —dije pegándome más a la pared.

Lo había rechazado. Me dio mucha pena por Horacio, ya que esta estaba bastante enamorado del de pelo gris. De un momento a otro habían empezado a elevar la voz convirtiendo la conversación en una discusión acalorada. Oí que mi amigo le echaba las cosas en cara al otro, por fin estaba tomando cuerpo, odiaba cuando todo el mundo lograba chafarlo.

—Ese es mi Horacio —comenté.

En ese instante el de cresta salió de la habitación con los ojos llenos de lágrimas. Me preocupó lo que pudiera hacer en ese estado, era muy impulsivo. Iba a salir tras él pero me choqué con el cuerpo de Volkov, que salía a paso apresurado a la calle.

—¡Mira por donde pasas sopla nucas! —le grité al comisario mientras se alejaba.

—Gustabo, a mi despacho —me ordenó el Superintendente. 

—Pero Horacio... —me interrumpió.

—Creo que necesita estar solo.

Se puso a caminar hacia su despacho y yo lo seguí con margen de distancia, no quería importunarlo. Por lo que había podido apreciar no estaba de buen humor y no me apetecía que lo pagara conmigo. Cuando llegamos a la puerta me dejó pasar primero, cerró la puerta con pestillo y me pidió que tomara asiento.

—Antes de que Volkov nos interrumpiera estaba a punto de deciros que vais a formar parte del cuerpo nacional de policía.

Mi expresión cambió drasticamente, es verdad que no era del todo una sorpresa para mi, ya que Horacio me lo había comentado, pero no esperaba que fuera cierto. Me emocioné un montón, no sabía como reaccionar, así que intenté comportarme de forma tranquila.

—¿Y cuando empezamos? —pregunté cruzando las piernas.

—Os quiero a los dos mañana a las 4:20 am en la puerta de comisaría. Primero tendréis que pasar las oposiciones —dijo.

—¿A las cuatro de la mañana? Usted está loco —afirmé.

—Si no queréis formar parte del cuerpo no hay más que hablar.

—Si queremos, pero no estamos acostumbrados a levantarnos tan temprano, solo eso —comenté.

Se creó un silencio muy incómodo en la estancia, pero ninguno se atrevía a romperlo. No me quería ir de ahí sin antes saber el por que de ese casi beso.

—Conway, tenemos que hablar. No puedo seguir fingiendo que no pasó nada —dije jugando con mis manos.

—¿A te refieres? 

No me creía que no lo quisiera reconocer, ¿era tan difícil? ¿O acaso para él no significó nada? Mi mente en ese momento era una nube de pensamientos revueltos. 

—Sabes perfectamente a lo que me refiero, ¿significó algo para ti? —hablé en un hilo de voz.

—Si te dijera que no mentiría, pero no me puedo permitir sentir algo por nadie —me contestó.

¿Y ahora qué? Me acababa de confesar que sintió algo, pero que no podía tener nada conmigo. Imaginé que habría sufrido en el pasado por amor, así que no lo presioné más. Con eso estaba satisfecho, al menos me correspondía.

En estos día estuve pensando y llegué a la conclusión de que me gustaba, aunque no fue fácil. Horacio me ayudó mucho, él tenía más experiencia en el tema y dicen que las cosas desde fuera se ven mejor. Era la primera persona que me atraía, por lo que quería ir con calma.

—No te preocupes, si me necesitas para lo que sea avísame —dije con una sonrisa triste levantándome de la silla.

—Lo mismo digo Gustabín.

En ese instante recibí una llamada de un número que no tenía guardado. No sabía si cogerlo o no, pero al final apreté el botón verde y me puse el teléfono el la oreja. 

—¿Diga? —pregunté.

—Le llamamos del hospital de los santos, hemos tenido que ingresar de urgencia a Horacio Pérez, ¿es usted alguien cercano?

—Si, si... voy para allá.

Me quedé mirando la pared que tenía en frente con las lágrimas amenazando con salir de mis ojos. Se me resbaló el móvil de la mano y cayó al suelo, Conway se dio cuenta de mi estado y se levantó para ver que me sucedía.

—¿Estás bien? ¿Qué ha pasado? —dijo acercándose a mi. 

Me cogió por ambos brazos y me zarandeó para que reaccionara. 

—Horacio... —solo pude decir una palabra antes de correr en busca de mi hermano.


Volkov:

Salí de la sala que hay al lado de recepción llevándome a Gustabo por delante. No me molesté en ver si estaba bien y tampoco en salir de servicio. Cogí mi patrulla y marqué en el GPS una zona de montaña que solía frecuentar cuando necesitaba pensar. En el trayecto iba pisando a fondo el acelerador y apretando las manos en el volante hasta que mis nudillos se quedaron blancos.

Bajé del coche cuando llegué a la ubicación, había un pequeño camino de tierra hasta una piedra gigante donde me senté a contemplar la ciudad. Me gustaba oír el ruido de la naturaleza, me tranquilizaba. Vi el atardecer en paz, solo mis pensamientos me atormentaban hasta que mi móvil empezó a vibrar en el bolsillo de mi pantalón. Lo ignoré pero volvió a sonar, así que lo puse en silencio. Al hacerlo vi que Conway me había enviado bastantes mensajes, solo bastó leer el nombre de Horacio para enfurecerme.

Apagué el teléfono y lo lancé tan lejos como pude. ¿Quién se creía el de cresta para gritarme? Y lo peor de todo ahora tenía a su "padre" intentando defenderlo. 

Intenté acallar la parte de mi que decía que Horacio no se merecía esto, que era un chico maravilloso y que me estaba empezando a gustar, lo intenté con todas mis fuerzas, pero no lo conseguí. Y me puse a pensar, ¿tendría razón? ¿tengo un trauma que me impide amar? Por mucho odio que sintiera en ese momento comprendí que no iba dirigido al de cresta, sino a mi mismo. 

Dreams (Volkacio/Intendenteplay)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora