Horacio:
Ya estaba preparado para la cita. Me había costado más de lo que esperaba vestirme, no quise pedirle ayuda a Volkov porque ya lo había hecho sufrir demasiado con el episodio de la ducha. Me reí internamente al recordar aquello, el pobre estaba muy avergonzado, tanto que no me dirigió la palabra al salir del aseo.
No se ni como me las había apañado para salir yo solo, pero estaba contento por lograrlo, aunque hubiera sido mejor si el comisario me hubiese ayudado. El trayecto hasta el coche fue silencioso, ninguno se atrevía a romper el silencio. Al final Volkov se vio obligado a hablar.
-A ver Horacio, le tengo que poner esto -dijo sacando una venda del bolsillo de su pantalón.
Asentí con la cabeza y cerré los ojos al notar el contacto de la tela. Me sentía extraño, oí que el de pelo gris abría la puerta del coche y sin yo esperarlo me cogió en brazos. Me asusté un poco y agarré su hombro con fuerza, me metió en el asiento del copilo y cerró la puerta. Luego metió la silla de ruedas al maletero. Subió y arrancó poniendo rumbo hacia el misterioso destino.
-¿Falta mucho? -pregunté al poco rato de trayecto.
-Unos diez minutos -me contestó despreocupado.
Apoyé la cabeza en la ventanilla suspirando, estaba demasiado nervioso. No sabía que hacer ni como actuar, era mi primera cita con el ruso y un millón de preguntas asaltaban mi mente. ¿Cómo debía actuar? ¿Tenía que ser yo mismo? Mi reflexión fue interrumpida cuando puso su mano en mi muslo.
Mi corazón dio un vuelco cuando sentí el contacto, quería ver su cara, pero la venda me lo impedía. Mi cara estaba roja como un tomate y no pude evitar coger su mano y entrelazar nuestros dedos.
-Ya hemos llegado -dijo separando nuestros dedos. -Espera un momento aquí.
Se bajó del coche, abrió el maletero, sacó unas cosas y se fue dejándome solo. Me sentí tentado a destaparme los ojos y ver el lugar en el que nos encontrábamos, pero decidí respetar a Volkov y no hacerlo. A los pocos minutos volvió y me sacó del coche con cuidado. En vez de dejarme en la silla de ruedas empezó a caminar conmigo en sus brazos.
-Volkov, ¿y la silla? -pregunté dubitativo.
-No te preocupes por eso, no la vas a necesitar.
Poco tiempo después me dejó en el suelo y se posicionó detrás mío para quitarme la venda. Tardé unos segundos en acostumbrarme de nuevo a la luz, cuando lo conseguí vi que estábamos en una pequeña playa alejada de todo. Una hermosa puesta de sol se alzaba en frente de los dos. Había una especie de tela en el suelo y una cesta con comida dentro.
-¿Te gusta? -preguntó Volkov tímidamente acercándose a mi.
-Me encanta -le respondí poniendo mi mano en su mejilla.
Juntamos nuestros labios en un beso corto y me acomodé en su pecho para ver la puesta de sol. Al hacerse de noche Volkov puso velas al rededor de la tela y sacó la cena junto con dos copas de vino de la cesta. Pasamos una agradable velada, pero se hacía tarde y empezaba a hacer frío, comencé a tiritar. Este se dio cuenta y se quitó su chaqueta para después pasarla por mis hombros, amaba que fuera tan atento. Nunca en mi vida me habían tratado así, como si me fuera romper. ¿Quién me diría que encontraría a alguien tan bueno para mi?
-Muchas gracias por aparecer en mi vida-le dije.
-Gracias a ti por darle sentido a la mía.
Sonreí y me abalancé sobre él, nuestros labios se encontraron en el beso más apasionado que nos habíamos dado hasta ahora. Con una de mis manos agarré el pelo de su nuca, mientras que la otra se coló por debajo de su camisa acariciando su espalda. El comisario al principio se quedó quieto, pero al poco se acostumbró al ritmo del beso siendo él quien llevaba el control. Nuestras lenguas se encontraron e iniciaron una lucha de poder, solo nos separábamos para tomar aire. Me sentía en las nubes, no podía creer lo que estaba pasando. Me arriesgué y empecé a desabrochar su camisa, me separé de sus labios y llevé los míos a su cuello. Estuve un rato lamiendo y succionado en la zona, el de pelo gris soltaba pequeños suspiros y jadeos.
-Horacio... -dijo con la voz entrecortada. -Horacio pare, por favor.
Puso sus manos en mis mejillas y me separó de él. Lo miré confuso, ¿habría hecho algo mal?
-No... no estoy preparado, lo siento -bajó la cabeza evitando cualquier contacto visual conmigo.
-No tienes que pedirme perdón, lo entiendo perfectamente. No haremos nada que tu no quieras hacer, te lo dije ayer y te lo vuelvo a repetir.
Después de esa escena tan intensa necesitaba relajarme, respiré hondo. Mi pecho subía y bajaba irregularmente, al igual que el de mi acompañante. Decidimos que lo mejor era volver a casa cuanto antes. Cuando llegamos el comisario pasó por mi piso para coger un pijama de mi armario, me cambié con su ayuda y luego él se fue al baño para hacer lo mismo.
-Volkov -lo llamé ya acostado en su cama.
-Dígame -dijo asomando su cabeza por la puerta.
-Me sabe mal que duermas en el sofá. Podrías dormir aquí, conmigo -le sugerí.
-Horacio ya sabe que yo... -lo corté.
-La cama es muy grande, a demás no significa nada -traté de convencerlo.
-Está bien.
Parpadeé sorprendido, no me esperaba que cediera ante la propuesta. Le hice un hueco para que pudiera acostarse cómodamente y se metió bajo las sabanas. Quedamos cara a cara, me acerqué un poco a él y le di un corto beso en los labios. Caí profundamente dormido con una sonrisa en los labios.
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Dreams (Volkacio/Intendenteplay)
FanfictionDónde los protagonistas tendrán que aprender a aceptar sus sentimientos, sobrellevar sus diferencias y asumir que no todo en la vida se consigue fácilmente. Créditos a los dibujantes de la portada. No se permiten adaptaciones o copias de esta histor...
