Niño de cabello azul

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Harry vio como Draco salía de su oficina con pasó lento y elegante, rodó los ojos y se concentró en matar con la mirada la pluma que tenía en frente.
Benoff era un idiota y en varias reuniones lo había demostrado. Harry lo odiaba y sabia que el sentimiento era mutuo.
Se olvido un instante de todos los problemas y en su mente solo vio los paisajes verdes de Hogwarts. Hacia mucho tiempo que no volvía por ahí.
Neville era maestro en Hogwarts y Harry pensó que andaba de visita por el ministerio. Luego en la tarde tendría que ir a la fiesta de su ahijado en casa de Andromeda y Ted Tonks, lo cual le daba algo de nervios y...estaba tan cansado que no tenía ganas de ir.
No había puesto un pie fuera del ministerio en dos días. Había olvidado por completo su casa y todavía más, se había olvidado de salir a tomar aire.
Tomó su largo abrigo y caminó a la puerta, guardó su varita y siguió su camino a la puerta.
La guerra lo había vuelto algo paranoico y cerraba siempre con llave. Seraphina tambiéb estaba por irse a su casa. Harry se despidió de ella y, vió, por la expresión de la mujer, que le sorprendió verlo irse.

Se apareció en su casa luego de salir del ministerio, Grimnauld Place apareció frente a él. Hubiera preferido aparecerse directamente en casa, pero quería tomar algo de aire antes de entrar.
Después de ver que Sirius le había dejado la casa, decidió tomarla, pues le serviría para vivir ahí un rato o toda su triste vida hasta envejecer. Había tenido el gran plan de remodelar la casa del valle de Godric, pero no podría resistir estar en esa casa.
Entró sintiendo un frío terrible. Con ayuda de Megan, Ginny e incluso Draco, la casa había quedado muchísimo mejor. Se respiraba un aire hogareño aunque muy frío, pero al menos ya no había cosas de artes oscuras cerca. Harry las odiaba con toda su alma.
Se quitó el saco y lo puso en el estante, vio las flores marchitas en la mesa y solo suspiro. Quién también estaba en la casa era Kreacher, el elfo doméstico, pero seguramente andaba en algún otro lugar ya que Harry no lo vió por ahí.
Recordó que Megan y Kreacher peleaban seguido, pues ella quería deshacerse de todas las cosas de magia negra y Kreacher las quería de recuerdo, al final, Megan supo convencer al viejo elfo.
Se sentó en el sillón más cercano y se llevó la mano al puente de la nariz en un gesto cansado. Tenía televisión, pero ya no sabía que canales podría ver.
Un ruido lo hizo girar la cabeza.
–¡Amo Potter!–exclamó Kreacher–. Kreacher no esperaba verlo por aqui hoy.
–Hola Kreacher, lo que pasa es que es el cumpleaños de Teddy y pues...
–¡Oh amo Potter! Kreacher le compró el regalo como dijo usted hace tres días–comentó Kreacher–. Esta en la mesa de su habitación.
Harry asintió.
–Gracias Kreacher, ya te puedes ir.
–¿Desea comer algo señor?
Harry negó con gesto cansado.
–Ahora no, gracias.
Kreacher hizo una enorme reverencia, hasta que su nariz tocó el suelo y se fue a su armario. Harry aún no entendía que tenía de especial ese armario, pero no decía nada. Pues él casi nunca se hallaba ahí.
Se levantó y subió las escaleras, atravesó los pasillos y llegó al cuarto que ocupó una vez cuando estuvo ahí con la orden del Fenix. Se tumbó en la cama y vio el techo de la habitación.
Era pequeña, pero era suficiente para él. Aunque era más grande de lo que había sido su alacena.
Además estaba mucho mejor arreglada que la última vez que estuvo ahí.
Escuchó que Kreacher limpiaba y limpiaba y pensó en Dobby ¿que estaría haciendo el elfo? ¿Coleccionando calcetines? Al pensar eso, a Harry le salió una risa involuntaria.
Se revolvió el cabello y observó su reloj. Las tres...la fiesta era a las cinco, tal vez podría dormir un rato.
Cerró los ojos y se quedó dormido.

Caminaba descalzó sobre un campo verde, luego se llenaba de nieve pero no le daba nada de frío.
–Harry–era la voz de Hermione–. Me encuentro bien, estoy bien y...soy feliz....
La voz tranquilizada de Hermione siempre se hallaba en sus sueños, pero ella jamás le había dicho que "era feliz" en sus sueños siempre le decía que la salvara. Al menos así fue la última ve que había dormido.
–Hermione...
–Es tu hora de ser feliz Harry–le dijo con una sonrisa–. Encuéntrame, si eso es lo que quieres.
Luego le sonrió. ¿Hace cuanto que no veía su sonrisa?
Odiaba a todo el mundo, y en especial a Cho, que le había arrebatado a Hermione ¿desde cuando se había hecho pasar por ella?
No recordaba con exactitud que había dicho Cho en Hogwarts, pero él sabía que fue en navidad. Algo así había dicho. Pero prefería no recordarlo.
Cerró los ojos de nuevo, soñando con la hermosa sonrisa de Hermione...

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