Capítulo 3

1.5K 132 34
                                        

La semana pasó rápido. El día de hoy llegará Mercedes Lee a esta casa, tal vez sea un nuevo comienzo para mí. Es bueno de vez en cuando cambiar la rutina y esta casa necesita eso.

Con ella no hemos tenido una relación íntima de sobrina-tía, pero es más joven que papá y por lo que he escuchado tiene esa esencia de espíritu libre, dedicada a sus propósitos en la vida. Si a mí me gustará la administración sería dedicada con mis estudios, pero ¿Cómo logramos conformarnos con algo que no llama nuestro interés?

— Kaitlyn por favor, deja esa costumbre de mover tu pierna — suplico con ira mi madre—. ¿Acaso estas nerviosa por tu tía?

Lo de mover la pierna lo hago siempre que me siento incómoda. Eso sería todos los días de mi vida que pasó en esta casa. Aunque muchas veces lo hago inconscientemente, he intentado controlarlo, pero la mayoría de veces no noto el instante en que inicia.

— No estoy nerviosa, mamá —estábamos todos sentados en la sala esperando que alguien toque el timbre—. Solo que la intriga me está matando.

— ¿Hace cuánto no veíamos a Mercedes? —pregunto papá con un periódico sobre su regazo y sus anteojos—. ¿Cuatro años?

— Creo que sí, no siempre se sentía cómoda con nosotros —respondió Eliza, ojeando de vez en cuando por la ventana de la sala.

— No es eso querida, sabes que Mercedes es una mujer ocupada, siempre quiere estar al tanto de sus negocios. Debería tomarse unas vacaciones — se me hacía extraño que mi padre la defendiera, nunca defiende a nadie, pero debe tener cierto privilegio por ser su hermana ¿no?—. Le recomendaré que se tome una cuántas semanas antes de empezar.

— Acaso no es lo que va hacer este tiempo con nosotros — creí que vendría a descansar de su complicado trabajo que muchas veces no parece tan complicado en sus publicaciones en las redes sociales.

Creanme, esa mujer vive metida en esa pantalla y digamos que tiene unos miles de seguidores que babean con cada publicación suya.

— Vendrá ayudarme con los negocios mientras te gradúas —señaló, papá.

Aquí vamos otra vez con el tema de ser la heredera correcta.

— No te anticipes tanto al futuro, papá —a quien quiero engañar—. No sabemos qué pueda pasar en este tiempo, te imaginas que unos extraterrestres me rapten y no pueda ser la posible heredera de tus importantes negocios o que me detecten una horrible enfermedad y solo me de unos días de vida... es mejor no anticipar el tiempo.

Buenasexcusas.com

— No creo que los extraterrestres sean tan valientes como para soportarte —aclaro, Eliza con su brazos cruzados—. Tendrían que soportar tu sarcasmo y amargura toda su vida, pobres.

Gracias mamá por tus comentarios que arruinan mi escapatoria.

— Cualquier cosa puede pasar, Eliza.

— Ya te dije que no me llames así—más ganas de seguir haciéndolo—. Thomas, dile algo.

— Kat, respeta a tu madre.

— No le estoy faltando al respeto. Ese es su nombre, no tiene nada de malo llamarla por su nombre —replique.

— Dejemos esta conversación para después.

Papá no está de humor para las absurdas peleas con mamá y tampoco les importaba.

Han pasado los treinta minutos más eternos de mi vida, mamá solo habla de cómo tendrá que hacer un gran esfuerzo para soportar a tía Mer y papá escucha entretenidamente mientras revisa su celular, por revisar hablo de jugar "My talking tom" si pueden creerlo, un hombre de cincuenta años entreteniéndose con un juego de niños. Lo único que escucho es su risa mientras golpea al gato. No lo juzgo, prefiero eso a estar soportando interrogatorios sobre cómo van mis estudios.

Lejos de míDonde viven las historias. Descúbrelo ahora