Capítulo 4

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Se estarán preguntando cómo termino la noche, y si no lo hacen me importa una mierda se los contaré igual.

Después de mi charla con George seguí con las cervezas observando el lugar hasta que me dieron ganas de bailar y disfrutar un poco de la noche junto a Sam. Todo iba de las mil maravillas hasta que un tipo se intentó sobrepasar conmigo y termino con un puño en la cara. El respeto debe ser algo esencial, si no te conozco no te que acosó y punto.

El tipo no dijo nada, solo se alejó lentamente de nosotras sin embargo le avisé a George para que estuvieran más pendientes de los que puede llegar a suceder.

Al llegar a casa Eliza si me estaba esperando en el sillón y al olfatear el aroma del licor tuve una ligera discusión con ella.

No soporte que me dijera "Solo te la pasas bebiendo" cuando solo me la paso estudiando, por lo menos necesito un tiempo para relajarme de todos esos putos números que me persiguen.

La discusión terminó cuando me castigo sin comida por una semana y yo le advertí que huiría de la casa mientras corría hacia mi habitación.

Muy infantil.

Lo sé, cállate conciencia.

No creo que muera por no comer una semana, para eso tengo agua, ¿no?

Hoy tengo sesión con el anciano, estoy de humor para hablar así que no le haré el trabajo difícil hoy.

— Buenos días.

Entre a la cocina y solo está Eliza la cual ignora mi saludo.

Me siente en la encimera esperando que se apiade de mis tripas rugiendo y me dé algo de comer.

— ¿En serio dejarás a tu única hija morir de hambre?

— Fuiste mentirosa anoche —fue lo único que respondió.

— Mamá, es normal que quiera salir a divertirme. Era viernes por la noche —notaron la parte en donde la llame mamá. Si, a veces me gustaba ser cariñosa con ella, pero por alguna extraña razón, nunca recibía respuesta de su parte.

— No toleró las mentiras.

— Y yo no te tolero a ti.

Listo, amigos caven mi tumba... esperen yo no tengo amigos.

Sam cava mi tumba.

Eliza siguió ignorándome hasta el instante que salí de casa. Estaba caminando hacia la parada de transporte cuando observó a Mercedes correr así mí.

— ¡Kaitlyn! Espera.

No me he movido.

— ¿Tía?

Traía consigo una bolsa.

— Déjame recuperar el aliento — dijo mientras híper ventilaba muy rápido con las manos apoyadas sobre sus rodillas—. No creíste que te dejaría sin comida.

Eso fue inesperado.

— Gracias, no tenías que molestarte —tomé la bolsa entre mis manos.

— Todo sea por mi sobrina —luego de eso recibí unos pellizcos de cachete muy incomodos.

— Nos vemos en casa —recito con diversión antes de retomar su camino.

— Adiós y gracias.

Eso fue bueno, de verdad el hambre me estaba matando y no pensaba ir hasta un restaurante para desayunar.

...

— Hola anciano.

— ¿Nunca dejarás de decirme así? Tengo nombre Kat —me recordó, peor su nombre me aburría.

Lejos de míDonde viven las historias. Descúbrelo ahora