Capítulo 10

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— ¡KAITLYN LEE CORBY!

Oh no.

— Cálmate mamá —entre en la cocina—. Te puedes morir de un ataque. Ya no tienes la misma salud de hace años.

— Deja de ser grosera y dime ahora mismo en dónde estabas.

— Donde Sam —mentí.

Sabía que este momento llegaría. Sabía que iba a descubrir todas mis mentiras, ¿qué posibilidad hay de cavar un hoyo hasta Japón?

— ¡MENTIRA! —gritó con tanta fuerza que por un momento pensé que sus pulmones le fallarían.

— Claro que no —dije con despreocupación y confiada en mi habilidad para mentir.

— Te engendre por nueve meses y crees que no sé cuándo mientes —ironizó, su rostro era la llama viva del sol.

Pero claro que no lo sabe. Perdió ese derecho hace mucho tiempo.

— ¡Ya te dije que estuve donde Sam!

Mamá respiro irritada y dejo las cosas de la cocina para acercarse a la barra.

— Dime ahora mismo en dónde estabas o...

Espere ansiosa que continuara con su frase.

— ¡Te dejare encerrada por el resto de tu vida! —concluyó después de algunos segundos intentando pensar un buen castigo.

— Hazlo —la rete.

Siempre podría escaparme por la ventana. En este momento pueden imaginarme sonreír con la típica cara del Grinch cuando estaba a punto de arruinar la navidad. Amo esa película.

Mamá ya se estaba exasperando demasiado, podía ver la furia en sus ojos cuando me miraba.

— ¡ERES UNA NIÑA GROSERA! —me gritaba—. Vas a matar a tu pobre madre de un infarto.

— Hierba mala nunca muere ¿No?

Y en ese momento vi el infierno es sus ojos cuando sentí su mano en mi mejilla. No era la primera vez que lo hacía, pero no había vuelto a suceder hace mucho tiempo.

Se calmó al verme sorprendida tocando la zona que por supuesto debía estar enrojecida.

— ¡A tu cuarto ahora! —ordenó, señalando las escaleras.

— Para de gritarme, loca.

Estuvo a punto de golpearme otra vez, pero freno al momento en que noto a mi paciencia esfumarse. Estaba en verdad irritada, enojada y muchos sentimientos que reflejan el verdadero desprecio hacia alguien más, pero no cualquier persona, ese alguien era mi madre.

— Solo vete, Kaitlyn.

— ¡Pues hace muchos años he querido hacer eso!

— ¿Entonces por qué no lo haces? ¡VETE!

Escuché bien. Me está corriendo de la casa.

Creo que el universo escucho mis súplicas. Agarré mi bolso y corrí hacia la puerta principal.

Ya estaba a punto de abrirla cuando...

— ¿A dónde crees que vas?

¿Pero es que acaso está loca?

— Pero si me corriste de la casa —deje de tocar la puerta—. Así que te estoy obedeciendo.

— ¡A TU CUARTO AHORA! —volvió a gritar.

Yo me cruce de brazos.

— No.

Me encantaba ver su cara de perplejidad.

Lejos de míDonde viven las historias. Descúbrelo ahora