— ¡KAITLYN LEE CORBY!
Oh no.
— Cálmate mamá —entre en la cocina—. Te puedes morir de un ataque. Ya no tienes la misma salud de hace años.
— Deja de ser grosera y dime ahora mismo en dónde estabas.
— Donde Sam —mentí.
Sabía que este momento llegaría. Sabía que iba a descubrir todas mis mentiras, ¿qué posibilidad hay de cavar un hoyo hasta Japón?
— ¡MENTIRA! —gritó con tanta fuerza que por un momento pensé que sus pulmones le fallarían.
— Claro que no —dije con despreocupación y confiada en mi habilidad para mentir.
— Te engendre por nueve meses y crees que no sé cuándo mientes —ironizó, su rostro era la llama viva del sol.
Pero claro que no lo sabe. Perdió ese derecho hace mucho tiempo.
— ¡Ya te dije que estuve donde Sam!
Mamá respiro irritada y dejo las cosas de la cocina para acercarse a la barra.
— Dime ahora mismo en dónde estabas o...
Espere ansiosa que continuara con su frase.
— ¡Te dejare encerrada por el resto de tu vida! —concluyó después de algunos segundos intentando pensar un buen castigo.
— Hazlo —la rete.
Siempre podría escaparme por la ventana. En este momento pueden imaginarme sonreír con la típica cara del Grinch cuando estaba a punto de arruinar la navidad. Amo esa película.
Mamá ya se estaba exasperando demasiado, podía ver la furia en sus ojos cuando me miraba.
— ¡ERES UNA NIÑA GROSERA! —me gritaba—. Vas a matar a tu pobre madre de un infarto.
— Hierba mala nunca muere ¿No?
Y en ese momento vi el infierno es sus ojos cuando sentí su mano en mi mejilla. No era la primera vez que lo hacía, pero no había vuelto a suceder hace mucho tiempo.
Se calmó al verme sorprendida tocando la zona que por supuesto debía estar enrojecida.
— ¡A tu cuarto ahora! —ordenó, señalando las escaleras.
— Para de gritarme, loca.
Estuvo a punto de golpearme otra vez, pero freno al momento en que noto a mi paciencia esfumarse. Estaba en verdad irritada, enojada y muchos sentimientos que reflejan el verdadero desprecio hacia alguien más, pero no cualquier persona, ese alguien era mi madre.
— Solo vete, Kaitlyn.
— ¡Pues hace muchos años he querido hacer eso!
— ¿Entonces por qué no lo haces? ¡VETE!
Escuché bien. Me está corriendo de la casa.
Creo que el universo escucho mis súplicas. Agarré mi bolso y corrí hacia la puerta principal.
Ya estaba a punto de abrirla cuando...
— ¿A dónde crees que vas?
¿Pero es que acaso está loca?
— Pero si me corriste de la casa —deje de tocar la puerta—. Así que te estoy obedeciendo.
— ¡A TU CUARTO AHORA! —volvió a gritar.
Yo me cruce de brazos.
— No.
Me encantaba ver su cara de perplejidad.
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Lejos de mí
Historia CortaLas instrucciones, el compromiso y la ansiedad, todo junto en una vida. Cuántas veces hemos escuchado la frase "La vida es un regalo" pero luego se levantan las reglas de cómo se debe disfrutar ese regalo. Que la vida es dura, pero no perdura. Las d...
