Susan Gilmore Beach. Uno de los lugares más alejados y tranquilos que he conocido. Fue nombrada así por un velero americano que había naufragado en sus costas por los años ochenta. Creo que lo más espectacular de esta playa eran los enormes acantilados que la rodeaban. Te hacen sentir que has viajado a la prehistoria.
Silencio, arena y sol.
Aparcamos a unos cuantos metros de la playa.
— ¿Que sientes? — Inició preguntando Ethan al bajar del coche y verme admirando la maravilla que tenía antes mis ojos.
— Paz...
Tranquilidad. Todo lo que necesitaba para vivir con deseo.
Sonreímos mientras intentábamos cubrir nuestros ojos del sol. George nos estaba guiando al lugar en donde se supone que se encontraba la fase final del plan. Al ver que ya estábamos pisando el camino pedregoso que antecedía la arena decidí quitarme las zapatillas y caminar con mi piel tocando el suelo.
Aunque luego de unos cuantos minutos no aguantaba dar un paso más.
— ¿Cuánto falta? — Pregunté entre quejas como una cría.
Ethan giró para verme en mi estado de agonía.
Me hacía falta ejercicio.
Vamos a engordar.
No, eso jamás.
— Anda, sube. — Ethan inclinó levemente su espalda hacia delante para que yo lograra subirme.
En otro momento sería la chica fuerte y rechazaría la ayuda, pero hoy al sentir mis pies palpitar, no logre negarme ande semejante oferta.
— Yo también quiero que me carguen. — Se quejó Sam.
— Mi bebé necesita un caballito. — George imitó la voz de una madre inquieta por su hijito.
— Si. — Respondió Sam con un puchero.
Y subió a su espalda mientras se besaban con... mucho cariño.
Yo solo intentaba disfrutar de cada cosa que mis ojos lograban admirar. Entre esas a la persona que tenía a mi lado. Su cabello, largo, negro y alborotado por completo, que cuando era sujetado por una coleta parecía la mismísima oscuridad enmarañada que solo quiere adsorbe todo a su paso. Adsorberme a mí.
Sus ojos verdes, verdes como las hojas de los árboles en primavera, como un kiwi ¿Sus besos sabrán a kiwi?
Voy a vomitar.
Yo también, ubícame.
Trabajo en eso.
Me desconcerté por el hambre que estaba iniciando a sentir y más con el aroma a limón que siempre tenía Ethan. Era increíble porque gracias a eso podría reconocerlo en cualquier lugar. Ese aroma cítrico que inundaba mi nariz cada vez que estaba cerca de él. Me hacía sentir electricidad dentro de mí.
— ¿Cuánto falta? — Volví a preguntar.
— Solecito. — Ethan me levanto de nuevo para acomodarme mejor—. Paciencia que te gustará lo que encontrarás.
Por otro lado, George y Sam se habían adelantado.
— Nos quedamos atrás. — me queje—. Si quieres bajo. Yo puedo caminar por mi cuenta.
Un suspiro entre risas salió de su boca.
— Soy fuerte, aunque pienses lo contrario. Mejor confiésame que te encanto el tatuaje.
— Me encantaría más si tuviera claro la razón de tu elección.
— La tendrás dentro de poco.
ESTÁS LEYENDO
Lejos de mí
Short StoryLas instrucciones, el compromiso y la ansiedad, todo junto en una vida. Cuántas veces hemos escuchado la frase "La vida es un regalo" pero luego se levantan las reglas de cómo se debe disfrutar ese regalo. Que la vida es dura, pero no perdura. Las d...
