Capítulo 16

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No confío en mi cerebro porque me ha traicionado demasiado. La ansiedad, sus ataques son horribles porque siento que el aire deja de existir y que mis pulmones no recuerdan cuál es su función, lo que conlleva a la aparición del temor y con el la desesperación. Con el pasar del tiempo he llegado a la conclusión que cada ser humano tiene la ansiedad en su cuerpo. Aunque, muchas veces está se encuentra en un rincón sin ser despertada aún. No siempre debe ser consecuencia de alguna tragedia, puede ser por el alto nivel de estrés que acumulamos en nuestro cuerpo. Los comentarios, la criticas, las instrucciones, todo eso se acumula y en algún momento debe estallar.

No soy especialista en eso, pero padecerla me ha ayudado a entenderla, aunque no a comprenderla totalmente.

En el primer año llegaban sin avisar y en cualquier lugar sentía que el aire se esfumaba, por eso no toleraba estar con muchas personas a mi alrededor y lo único que anhelaba era el silencio en una habitación.

Después no sentí nada, casi dos años sin ataques, sin sentirme viva. Mierda y eso de verdad lo odie. No quería sentir dolor, pero a la vez quería sentirme a pesar de que el sufrimiento fuera una manera para creer que mi corazón seguía latiendo.

— ¿Entonces volvieron?

Era miércoles y también era ese miércoles que se supone debe ser especial. Había decidido pasar por el consultorio porque lo necesitaba luego de que volviera aparecer la presión en mi pecho.

— Si. — Mire mis uñas buscando seguridad.

— ¿Que sentiste?

Tomé una bocanada de aire.

— La piel se me erizo, la rabia subió y el aire no entraba. Mis manos no sabían parar...

El anciano me miraba sin despegar sus ojos de los míos, estaba intentando derrumbar el muro que habitaba dentro de mí.

— Pero dentro de ti ¿Que ocurría dentro de ti?

No lo sabía.

— No lo sé. — Le dije con la mirada baja aún. Sentía que si lo miraba me derrumbaría en ese instante y no podría reconstruirme.

Lo escuché suspirar mientras seguía escribiendo en su vieja libreta verde.

— Kat, no te voy a mentir. — hizo una pausa—. Has avanzado demasiado y estoy sorprendido, pero debes centrarte en ti. No me refiero a lo exterior, no te has preguntando cómo sería tu vida si en tu lista de personas importantes estuviera tu nombre de primero.

— Yo...

— Escucharme. — me interrumpió—. ¿Cómo te has tratado todo este tiempo? ¿Cómo estás viviendo TU vida? No debes responderme a mí. Solo te debes una explicación a ti misma, pero piensa en cómo cambiaría todo tu presente, futuro y hasta tu pasado si te dedicaras a tu felicidad. No a buscarla porque la felicidad no se encuentra a la vuelta de la esquina, sino a sentirla. A sentir realmente cada segundo de tu vida, a sentir cada pequeño detalle de las cosas que te rodean, como la comida que pruebas todos los días o el mismo árbol que vez cada mañana... o hasta el mismo sol que te ilumina todos los días desde que amanece. No te gustaría sentir cada pequeño detalle que te da la sensación de que en verdad estás viva.

Cada palabra me daba más ganas de salir corriendo. Correr sin sentido y sin esperar nada. Solo correr y vivir.

— Es tan complicado que asusta.

— Claro que la vida asusta. El miedo es la chispa que enciende los sentimientos. Es normal sentirlo, pero no por eso vivirás bajo sus reglas.

— En este momento no sé qué odio más...

Lejos de míDonde viven las historias. Descúbrelo ahora