Capítulo 8

935 91 29
                                        

Tiempo, una magnitud física con que se mide la duración o separación de acontecimientos. Me creerían si les confesar que en dos semanas me he sentido más viva que en los últimos tres años. En catorce días he podido vivir, he tenido razones para seguir llenando mis pulmones de aire y no me he rendido.

La vida es muy cruel, pero hay veces donde se apiada de tu alma y te deja disfrutar por unos instantes. Instantes que pueden perdurar para siempre... pero ¿Cuánto dura un para siempre?

En los cuentos de hadas una eternidad y en la realidad un segundo o una hora. La verdad es que no podemos decir con certeza cuánto nos puede durar.

Lo único que en realidad espero de todo esto es... paz. Quiero paz en mi vida, quiero levantarme cada mañana con más razones para sobrevivir que con más desdichas para desaparecer.

— Entonces llevas dos semanas aprendiendo a conducir una motocicleta, ¿verdad?

Asentí con una sonrisa al anciano.

— ¿Y estás sonriendo?

— Sí —respondí acompañada de una sonrisa.

— ¿A qué se debe tu cambio?

— Digamos que alguien por fin me está soportando.

— Yo te he soportado por más de dos años y nunca te había visto sonreír sin ser forzada —replicó de manera divertida y apuntando en su libreta.

Era verdad, pero no es para tanto.

— Cálmate, solo estoy disfrutando lo que me queda de vida —dije, restándole importancia al asunto.

— Así que no estas creyendo en todo lo que recuerdas.

— Mis recuerdos me atormentan si se los permito, pero estos días no he tenido mente para dejarlos aparecer.

— Me siento orgulloso de tu mejoría, Kaitlyn.

Tal vez si he estado más feliz y sin atormentarme tanto con las cosas que han sucedido.

— Gracias —respondí con sinceridad.

— Sabes que lo primordial es la salud propia y luego la satisfacción ajena.

— Lo tendré en cuenta — me levante del sofá sosteniendo mi bolso—. Nos vemos el próximo sábado.

— ¡Kat! — espere—. Nunca dejes de bailar.

Ese si era un recuerdo que tenía enterrado en lo más profundo de mí.

...

— "Es una locura odiar a todas las rosas solo porque una te pincho, renunciar a todos tus sueños, porque uno de ellos no se realizó"

— Si, Sam. Yo también he leído el principito.

Sam ha estado leyendo los últimos días para sorprender al chico de la barra, digo George o cómo se llame.

— No te parece maravilloso todo esto de leer —insinuó, mirando el libro como si fuera una espécimen recién descubierta.

Pero en algo si tenía razón, los libros son maravillosos.

— ¿Habías tocado un libro antes? —pregunté, enarcando una ceja.

Sam cerró su libro y me lo lanzó por la cara, por suerte pude esquivarlo.

— Creo que es suficiente lectura por hoy.

— ¿Cuándo piensas terminar el libro? —cuando era pequeña leía demasiado. A veces lo extraño, pero con la universidad no me queda tiempo de disfrutar un buen libro como se debe.

Lejos de míDonde viven las historias. Descúbrelo ahora