Entrenadora Pokémon

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(Spoiler: Este capítulo está ubicado en el mismo universo que mi fanfic Trainer Adam, solo que unos años en el futuro)

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(Spoiler: Este capítulo está ubicado en el mismo universo que mi fanfic Trainer Adam, solo que unos años en el futuro).

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Crepa sentía una emoción muy fuerte en el pecho aquella mañana, y sabía exactamente por qué: estaba de camino al laboratorio de la profesora Sonia, donde le darían su primer pokémon.

Había aguardado con muchas ansias el momento de convertirse en una entrenadora pokémon, desde que siendo una niña de seis años viera en vivo y en directo una final de la Liga: una final impresionante en que el actual campeón Adam le había arrebatado el título a su antecesor, el campeón Lionel. En aquella ocasión, justo antes de los combates finales, un inmenso pokémon Dinamax había aterrorizado a todo el estadio y Adam Young lo había derrotado y capturado, haciendo gala de las mismas maravillosas cualidades con las que luego se volviera campeón. Crepa había quedado profundamente impactada con el poder de Adam y su equipo, y desde aquel día era su fan.

"Tuve que esperar cinco años pero finalmente podré hacerlo... ¡Podré ser una entrenadora! Elegiré a Sobble, por supuesto, y luego me pondré inmediatamente rumbo al gimnasio planta. Quisiera capturar algún Butterfree, ¡son tan hermosos y fuertes! Podría hacer que aprenda Espora, eso sin duda será sumamente útil..."

El laboratorio de la profesora Sonia estaba en Pueblo Par, relativamente cerca del hogar del campeón Adam. Crepa meneó la cabeza, desechando la posibilidad de encontrarse al famoso personaje. ¡Sería demasiada casualidad! Avanzó tranquilamente por el pueblo observando los bonitos edificios, las bandadas de pokémon pájaro cruzando el cielo, con un entusiasmo creciente y notorio mientras hacía resonar las monedas en sus bolsillos. En cuanto tuviera su pokémon, se dijo, lo primero que haría sería regresar al centro del pueblo y comprar algunos objetos indispensables para su viaje, como pokéballs, repelentes y pociones. Luego tomaría el tren hacia el Área Silvestre, el magnífico emplazamiento natural que todo entrenador debía visitar.

-Ohh... ése debe ser el laboratorio- se dijo al avistar desde la ruta 1 un gran edificio con tejado violeta. Se puso bastante nerviosa al acercarse y tocar la puerta, pero la repentina aparición de un Yamper ladrando a más no poder la distrajo de su temor.

-¿Qué...? ¡Cielos, este pokémon parece muy enojado!- exclamó tragando saliva y golpeando más fuerte la puerta.- ¡Profesora Sonia, por favor abra!

-¡Yaaaamper!- gritó una voz que parecía venir desde el lago detrás del laboratorio. Crepa entornó los ojos y divisó a la profesora Sonia, corriendo agitada y con el cabello desordenado detrás del pequeño cachorro eléctrico. -Yamper, por favor, ¡no vuelvas a escaparte así! Arceus... ¡podrías haberme esperado, pequeño!

-Profesora, ¿está bien?

-¡Ah, Crepa! Sí, cariño, estoy bien, solo... oh, oh- se interrumpió a sí misma la joven pelirroja. Parecía haberse puesto pálida de repente.- ¿Vienes a recoger tu primer pokémon... verdad?

-¡Por supuesto!- asintió Crepa riendo y batiendo las palmas, sumamente contenta.- Me aseguré de poner la alarma bien temprano y de preparar mi mochila para el viaje ayer a la tarde. Tengo todo listo, bueno, ¡excepto las provisiones que compraré en el pueblo, claro! Quise dejar eso para cuando ya tuviera a mi compañero Sobble, así forma parte de toda mi aventura.

-Ah... ahhhh, sí... ay...

-¿Pasa algo, profesora?- preguntó Crepa dejando de reír, intuyendo algo horrible. La cara de culpabilidad de Sonia no la ayudaba a estar más tranquila.

-Crepita, te tengo que pedir mil disculpas. Este mes he tenido tanto trabajo que debo haber confundido las fechas, porque no tengo ningún pokémon inicial para darte. ¡Lo siento tanto! Ayer entregué el último Sobble que había criado a un entrenador que vino desde Kanto; si tan solo hubiera recordado que faltabas tú...

Crepa nunca lloraba enfrente de extraños, pero aquella decepción hizo que inevitablemente varias lágrimas rodaran por sus mejillas. Sonia, sumamente mortificada por el despiste, recordó algo sucedido también el día anterior y chasqueó los dedos.

-¡Crepa, no llores! Sé que metí la pata con tu pokémon inicial, pero puedo compensarte. ¡Ven, sígueme!

Crepa contuvo el llanto frotándose con fuerza los ojos, y luego siguió a la profesora Sonia hasta el interior del laboratorio. Allí en medio de su living flotaban con plácida calma varios pequeños pokémon muy adorables, con forma de gotas de leche, que Crepa identificó enseguida con cara de admiración:

-¡Son Milcerys! Son la preevolución de Alcremie, el pokémon nata.

-¡Exactamente, cariño! Veo que tus lecciones de la escuela pokémon han ido de maravilla- aprobó Sonia alborotándole el pelo.- En efecto, estas Milcerys pueden evolucionar a diferentes tipos de Alcremie, uno de los pokémon con más formas en el mundo. ¿Sabes que nuestro campeón Adam tiene una Alcremie que también se llama Crepa?

-¡Vaya que lo sé, profesora! Yo estuve presente cuando el señor Adam se consagró campeón por primera vez, y he visto como ha defendido el título año tras año. ¡Y me llena de orgullo que uno de sus mejores pokémon se llame como yo!

Sonia la invitó a sentarse en el amplio sofá y pronto las Milcerys las rodearon juguetonas, flotando y soltando risitas que conmovieron profundamente a Crepa. Una de las pequeñas se posó en su hombro y pareció considerarlo el sitio perfecto para echar una siesta.- Ya que eres su admiradora, te agradará saber que estas Milcerys me las trajo él. En una de sus expediciones por el Área Silvestre, se topó con un nido de huevos abandonado. Su Alcremie Crepa y su Arbok Neil cuidaron de los huevos hasta que se abrieron, ¡fue un momento muy dulce! Pero él debía viajar a la región de Alola y no podía llevarse a estas pequeñas, así que me pidió en su nombre y el de sus pokémon que les encontrara un buen hogar.

-¡Oh...! ¿Eso quiere decir que...?

-Crepa, has sido una buena estudiante y demostrado tener un inmenso cariño por los pokémon. Lamento mucho haberte privado de tener un inicial de Galar pero, ¿considerarías aceptar cuidar de una de estas Milcerys y tomarla como inicial? Sé que sería una buena compañera y una maravillosa Alcremie el día de mañana.

Crepa giró un poco la cabeza para ver a la Milcery dormida en su hombro, y con cuidado la tomó en sus brazos y la acunó. Era tan pequeña y suave que temía lastimarla al tocarla, pero el pokémon no se dio por enterado y emitió un gorgoteo gracioso cuando ella le tocó la pequeña gota que tenía por mano. Entonces asintió feliz y Sonia le entregó la pokéball de Milcery, agregando satisfecha:

-Iré por tu pokédex a mi oficina. ¿Quieres aprovechar este momento para darle un nombre?

-Sí, gracias...- cuando estuvo sola con su nueva compañera, la atrapó de forma oficial metiéndola en su pokéball y luego la volvió a sacar, tomándola entre sus brazos con mucho cariño.

-Te llamarás Cupcake, querida amiga. ¡Cupcake! Tú y yo juntas vamos a iniciar el mejor equipo de Galar. Prepárate. Cuando el campeón y su equipo regresen te verán convertida en una Alcremie adulta y fuerte, y estarán tan orgullosos de ti como yo lo estoy ahora.

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Aclaración: Milcery y Alcremie son siempre hembras.

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